Aberrantes

Capítulo 28 - Eso no me reconforta

Blue Velvet caminó por el extenso pasillo hasta dar con la puerta de madera que Jay le había descrito. Si no era esta, entonces no importaba. Triunfar está bien, pero fracasando también conoces gente.

Tocó la puerta y antes de que Cooper lograra responder, Blue Velvet entró a la habitación. Las luces se encontraban apagadas y la única luz que reflejaba la habitación, la única que permitía que los ojos lograran identificar los objetos, era la luz de la luna que atravesaba la ventana. Las cortinas blancas estaban a los costados, dejando que la iluminación penetrara en la alcoba.

La cama era negra con algunas almohadas grises y otras de color carbón. Las paredes eran blancas, al igual que las flores que se encontraban a cada lado de la cama. La pieza era impecable. Lissa lo podía notar. No podía decir que la decoración fue de Cooper por su manera tan ruda de ser, menos por Lebanon al ser tan ocupado en sus trabajos nocturnos y diurnos. Esto tenía que ser obra de Jay.

—Hola —saludó Lissa al ver que Cooper se había girado para poder ver a su intrusa.

Lissa cerró la puerta a sus espaldas y se acercó a la cama sentándose en el borde. Era demasiado cómoda. Incluso podía sentir como caía de lo amoldado que era el colchón. Lissa saltó repetidas veces sintiendo la suavidad entre sus…

—¿Podrías dejar de saltar? —interrumpió Cooper y se desarropó para dejar a la vista su torso desnudo cubierto por el vendaje aún ensangrentado.

—Lo siento —Lissa colocó los ojos en blanco—. No quería fastidiarte.

—¿Entonces a qué viniste?

—A fastidiarte.

Cooper forzó la vista para ver a Lissa como realmente era. Había tenido más encuentros con Blue Velvet que se le hacía un poco extraño ver a Lissa con la camisa de Arctic Monkeys. Era la misma camisa que usó en la cafetería.

Lissa giró para poder ver a su amigo de cerca. Abrazó sus propias piernas mientras reclinaba su cabeza en sus rodillas, observando a Cooper.

Le encantaba reflejar esa clase de ternura, de inocencia, para demostrar que por dentro había un lugar especial para ella en el infierno. Se llama trono.

—¿Cómo estás? —preguntó Lissa.

A causa de la oscuridad, Cooper solo lograba ver la parte iluminada del rostro de Lissa. Sus ojos negros parecían absorber la luz. Su piel blanca y tersa, con un cutis de muñeca. Su nariz pequeña y arqueada. Ella era una sirena.

—Me siento bien, gracias, supongo —Cooper apoyó el peso de su cuerpo en sus brazos para lograr sentarse en la cama—. Esto me pasó por salvar a una malagradecida.

—¿Malagradecida? —Lissa colocó una mano en su pecho fingiendo estar lastimada—, ¿Yo? Pero si tú fuiste el idiota que se puso en medio. La bala iba a hacer el daño que provoca un piquete de avispa en mí.

—De haberlo dicho antes no te hubiera salvado la vida —señaló Cooper.

—¡Lo dije millones de veces cuando nos vimos! —exclamó Lissa encolerizada.

—Un “gracias” es suficiente —Cooper entornó los ojos—, por lo menos un “lo siento por ser un cruel”…

—Lo siento, pero me niego a disculparme por ser una perra —Lissa cruzó sus piernas en forma de indio sin dejar de señalarse a sí misma—. Nadie jamás se disculpó conmigo por tratarme como una mierda y haber sacado, como tú le llamas, mi perra interior.

—De hecho, Jay me contó que tú me sacaste la bala del estómago —Cooper sonrió—, así que no eres una perra. Realmente tienes sentimientos.

Lissa desvió la mirada observando la ventana. El cielo se encontraba nublado. Lo podía notar por como las nubes bloquean la luna.

—No lo hice por ti —Lissa frunció el ceño—, lo hice porque necesitaba saber el origen de la bala. Y lo logramos. Gracias por ser un conejillo de indias.

—Digas lo que digas, niña —Cooper colocó los ojos en blanco cruzándose de brazos—, quitaste la bala. Y le pediste que me cuidara.

—Eso no te quita lo idiota, idiota —Lissa giró su cabeza para ver los ojos azules de Cooper—. Tampoco soy tan cruel. Puedes ser un cabeza de huevo, pero eres un hombre que sacrifica sus vidas por otra persona.

—Espera, espera, espera —Cooper alzó ambos brazos—, ¿Eso fue una disculpa?

—No, ni en lo más mínimo.

Cooper rio entre dientes y volvió a reclinar su espalda en la cabecera de la cama. Ambos volvieron sus miradas a la ventana. A lo lejos aún se lograba admirar como una fogata se creaba en la ciudad. Aún había destrozos del edificio y debían de suponer que los bomberos intentaban apagar los incendios. Lissa continuaba apoyando su cabeza contra sus rodillas.

Admitía que esto no era lo que tenía en mente cuando despertó de su asimismo unos años atrás. Cuando se enteró de que Lebanon y Jay continuaban vivos. Al comienzo de todo, los observaba desde las azoteas o incluso de cerca. Pero una noche decidió seguirlos solo porque no tenía más nada que hacer y los vio.

Vio el coche emerger de la cueva, los vio salir de allí para desfigurarle el rostro a algunas personas con sus puños y patadas. Fue cuando vio a Cooper por primera vez. Admitió que era lindo en físico, pero no le atraía su forma de ser. Tan cínico y creyendo que estaba encima de todos por ser joven y atractivo.



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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