Aberrantes

Capítulo 29 - El soldado sigue órdenes

—No puede ser que seas tan egoísta —vocifero Jeff sin apartar su mirada dura de la niña vestida de azul.

—No es ser egoísta —Lissa lo señaló con su dedo haciendo que la punta punzara su pecho. Al tocarlo se sentía como palmar una piedra, igual de duro, igual de frío—, tú eres el egoísta aquí. No puedo hacerlo y sabes por qué.

—Por una ética de mierda.

—¿Mi ética es una mierda? —Preguntó Lissa con recelo—, dime tu de tu ley de no matar para que al día siguiente paguen una deuda para luego salir a las calles y dejar a más personas huérfanas.

Cooper hizo una mueca de dolor mofándose de Jeff.

—Al menos yo ayudo a las personas —tomó la mano de Lissa con fuerza, pero con cuidado de no destrozarla. Sabía muy bien que ella iba a regenerarse de todas formas, pero era una dama y el no golpeaba a las damas—, no dejo que solamente porque sea aburrido me impida salvar a personas que lo merezcan.

—Es que tu no entiendes —Lissa partió su amarré dando un paso atrás—, sí, lo hago porque no es divertido, porque todo sería sencillo si uso mis poderes, todo sería resuelto en un santiamén.

—¡Y eso es lo que queremos!

—¡Cállate! —varias chispas emanaban de la anatomía de Lissa.

Algunas pantallas y bombillos del lugar comenzaban a parpadear, sonidos que no eran controlados emanaban de los altavoces, y los únicos capaces de prestarles la suficiente atención fueron Jay y Cooper. Lissa negó con la cabeza tratando de calmar su rabieta, las chispas se guardaron en su interior al igual que los artefactos electrónicos volvían a la normalidad. Las miradas de horror entre Jay y Cooper no habían desaparecido, de hecho, la observaban.

Lissa cerró los ojos y una lagrima brotó por su mejilla, sin embargo, su rostro continuaba sosegado, no demostraba una señal de frunces o sentimiento. Lissa corrió atravesando el lugar hasta llegar a las escaleras. Los tres hombres la observaron marcharse y el primero en hacer un movimiento fue Jeff quien tomo asiento en su silla de nuevo mientras recostaba su cabeza encima de su mano.

—Hablaré con ella —dijo Cooper y dio un paso.

—No —lo interrumpió Jay—, yo hablaré con ella.

Cooper asintió una vez y Jay se encaminó a las escaleras de igual modo.

 

 

Jay camina por los extensos pasillos de la mansión observando alguna puerta que le diera una pista de donde se encontraba. Podía abrir todas las puertas, no tenía problema en ello, nadie se encontraría allí, pero de igual modo prefería investigar, buscar pistas.

Una sola puerta fue la única capaz de acaparar su atención. Una puerta cuyo pobo desprendía pequeñas chispas eléctricas de color azul como luciérnagas fugaces. Jay hizo un ademán de tocarla, sin embargo, se detuvo, sabía que se iba a electrocutar con solo tocarla así que vistió su mano con la parte inferior de su camisa, usándola como un guante y logró girar el pobo. No estaba cerrado con seguro para su sorpresa.

Jay entró por el umbral y observó a Lissa sentada encima de la ventana. No podía ver sus ojos, pero podía apostar que su mirada estaba perdida por la manera en cómo su cabeza se reclinaba en la pared observando el cielo estrellado, casi, pocas estrellas se revelaban por la luz de la ciudad.

—Lissa —habló Jay y cerró la puerta detrás de él. Ahora ambos estaban rodeados de oscuridad—, necesito que hables conmigo.

—¿Para qué? —Preguntó Lissa sin apartar su mirada del cristal—, mi decisión es definitiva y no voy a usarlos.

—Y lo entiendo, solamente que sabes cómo es Jeff. Ambos tienen mentes carradas y si se reencuentran se crea un caos.

Lissa asintió y Jay se acercó un poco más hasta dar frente a la cama.

—Nadie lo entiende —dijo Lissa y se cruzó de brazos—, nadie entiende mis razones.

—Entonces explícalas —incitó Jay y dio otro paso.

—Sabes que las cosas fáciles no son divertidas y...

—No es eso —interrumpió Jay—, hay algo más detrás de ese «aburrimiento» y quiero saber que es.

Lissa liberó un suspiro. No lo podía evadir por siempre y tarde o temprano alguno de los dos lo iba a notar, le sorprendió ver que no fue la persona que pensaba.

—Theodore me cambió totalmente —Lissa extendió su mano y la observó. Una parte de su rostro estaba siendo iluminada por la pálida luna y la otra envuelta en la penumbra como una obra de arte gótica. Su belleza era indefinible—, me dio estos poderes, este uniforme, estas habilidades y de no ser porque fuera curiosa jamás sabría de mi vida pasada, de cómo era manipulada, ni nada de esto.

—Theodore hizo algo terrible y lo entendimos.

Más chispas recorrían la mano de Lissa como una esfera de electricidad que iba y desaparecía en la velocidad de un parpadeo.

—Y ese es el punto. No quiero usar mis poderes, no debería porque me los dio un maldito manipulador. No quiero vivir con esto y créeme que, si tuviera que elegir entre esta miseria y ser normal de nuevo, envejecer y ser como antes lo haría sin dudar.

Lissa ocultó su mano y se cruzó de brazos para esconder su cabeza. Sus brazos estaban reclinados en sus rodillas. No iba a llorar de nuevo, no frente a él.



Rossiel M.L.

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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 24.09.2018

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