Albino: Bajo la cubierta de sangre Ii

Capítulo VI: Destino

• DESTINO •

—Que buena chica —susurró Ferid a mi lado, orgulloso de lo que lo que le acaba de hacer a Edward, él estaba en el suelo, desangrándose mientras me miraba.

Sus ojos oscuros me estaban mirando, yo lo miré en silencio, seria e indiferente. Con una actitud bastante arrogante. Ni siquiera sé porque lo hice, mi cuerpo, literalmente se había movido solo, y ya sea que aquel otro vampiro hubiera hecho algo o no, el hecho es que yo lo había atacado.

Sonreí, siendo apenas un leve gesto, luego me giré hacia mi derecha.

—Hmp —expresé.

Ferid se mostraba fascinado, quizá el espectáculo que le había dado le había gustado, aunque no estaba segura. De cualquier modo, una parte de mí había intentado no hacerle un daño profundo, Edward estaba lastimado, mal herido y aun así, no me estaba importando. Deseaba que en estos momentos solo muriera.

Sin volver a mirarlo caminé hacia Ferid con una sola idea en la cabeza, y aunque escuche a Edward llamarme, no me giré. No quería volver a mirar su rostro lleno de decepción. De nuevo lo había traicionado, le había fallado, y maldición, en una parte de mí, me dolía.

Llegué hasta aquel otro ser y lo miré de frente, sin sentir miedo. Si él había venido a buscarme debía ser por una razón, además, él había mencionado a mis padres, sobre todo había hecho un especial énfasis en el nombre de mi padre. Hacía tiempo que no hablaba de él y con la nueva información que poseía, era posible que él estuviera vivo, ya que aquella noche, la policía jamás hallo su cuerpo.

✤✤✤✤✤✤

—Y bien, señorita Millers, puede decirnos: ¿qué fue lo que pasó?

Estaba en estado de shock, me costaba trabajo articular las palabras y, aunque me esforcé para pronunciar algo, me fue imposible. Las imágenes que tenía de mi madre estallando en mi cabeza y el ver el hoyo en el parabrisas habían causado un tremendo impacto en mi sistema.

—Por favor, es de vital importancia que nos cuente todo —continuaba diciendo el oficial, pero era como si no lo estuviera escuchando. Estaba ida, pérdida dentro de mis pensamientos mientras me preguntaba dónde estaban todos.

No podía concentrarme, mucho menos lo hice cuando las luces de unas lámparas iluminaron mi rostro. Me asusté. No podía creerlo. Mis manos estaban temblando. Estaba llorando.

—Mamá, papá… —balbuceé—. ¿Dónde está mi padre? Él estaba ahí.

El oficial me miró confundido.

—¿Qué? ¿De qué está hablando?

—¡De qué mi padre estaba ahí! Y... luego ya no.

✤✤✤✤✤✤

Sí, mi padre había estado ahí, pero nunca hallaron su cuerpo. Él literalmente había desaparecido, era como si nunca hubiese existido. No había registros de él, nada que pudiera identificarlo, la policía no me dijo mucho aquel día, me tomaron por loca así que, con ello decidí cerrar el tema.

Por varios meses estuve aislada. No hablaba con nadie, no me gustaba salir a la calle, siempre estuve encerrada en mi cuarto, y a las únicas personas a las cuales les permitía verme eran solo a mis abuelos, Cecil, Matthew e Itan.

—Itan —susurré pensando otra vez en él.

Pobre de mi hermanito.

Jamás me atreví a decirle nada por miedo a que me odiara así que, le oculte la verdad detrás de una estúpida sonrisa. Sonreír no era algo que hiciera muy a menudo, sin embargo, cuando llegaron los Easley, cambié.

—¿Y bien? —inquirí en tono agrio—. ¿Qué es eso qué más sabes de más y que ellos… —hice una pequeña pausa—... no me han dicho?

Ferid me observó por unos momentos, cruel y arrogante. Parecía que disfrutaba de mi actitud poco benevolente. Entrecerré mis ojos. Su silencio me molestaba.

—Vaya… —susurré.

Él me sonrió.

A pesar de su silencio, su mente me decía muchas cosas que no me interesaban.

—Si no vas a decir nada interesante, entonces yo…

—Un trato.

Escuché de pronto.

—¿Qué?

—Si tú terminas con su vida. —Me dijo mirando a mis espaldas—. Entonces yo te diré todo eso que quieres saber.

No fue necesario voltearme para saber a lo que se refería.

—Con qué objeto —espeté en un tono cortante—. De cualquier forma, él morirá.

A estas alturas no me sorprendió el tono en que lo dije, era un vampiro, y tal como lo había dicho en algún momento Victtoria, nosotros no teníamos un alma o corazón. Suspiré. Ahora entendía perfecto esas palabras. Los sentimientos no eran algo que fuera relevante, sin embargo, yo los tenía. Maldición. Yo no debía sentir algo bueno, lo único que debía sentir en estos momentos era odio y rencor, así era como salían las palabras de mi boca.  

—Entonces… ¿Tenemos un trato? —cuestionó Ferid al notar que lo estaba pensando.

Levanté la vista y lo miré a los ojos. No había nada más que pensar, si quería conocer el resto de la verdad y recuperar a Itan necesitaba tener a buen aliado y que mejor que él. Él era un natural muy poderoso, eso era algo que ya había comprobado, además, según Arlus, era el enemigo de Sebastián y eso a mí de alguna forma me convenía.




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