Albino: Bajo la cubierta de sangre Ii

Capítulo VII: Separación

• SEPARACIÓN •

Mientras aún me encontraba abrazada a Ferid, toqué mi rostro sin dejar de mirar a Leonard, sentía algo extraño en él, aunque no fue necesario bajar la vista para darme cuenta de que estaba sangrando, mucho menos lo fue el querer mirar mi reflejo.

—Maldición.

Me quejé por lo alto al sentir la enorme quemadura.

Leonard no solo me había alejado de Edward en la forma en que lo hizo, me había lastimado.

Había sido tan rápido que no tuve el tiempo suficiente para defenderme, y aun cuando lo hubiera tenido, no esperaba tener mucha suerte.

—¿Qué crees que estás haciendo?

Su potente voz me cuestiono en el fondo de mis oídos.

—Tú que crees —respondí en forma tajante.

Leonard suspiró.

Parecía bastante irritado, aun así, intentaba mantener su postura.

—Mi padre jamás va a perdonarte —sentenció mientras acomodaba a Edward en suelo.

Colocó una de sus manos sobre su pecho y comenzó a curarlo.

Yo lo miré sin sentir nada más que pena.

¿Qué diablos me había pasado? ¿En verdad me había convertido en una maldita? ¿Hasta dónde más tenía pensado llegar? ¿Quién era yo? ¿En qué monstruo me había convertido?

Alejando aquellas preguntas de mi mente, levanté la barbilla y conteste, sorprendiéndome en más de una forma al notar el tono tan natural y despiadado de mi voz.

—¿Y te parece que eso me preocupa?

—No. —Me respondió—. Veo que no —dijo sin siquiera mirarme—, pero de nuevo te estás equivocando.

Sí, tal vez era posible que de nuevo me estuviera equivocando, pero yo tenía a como diera lugar que recuperar a mi hermano y saber la verdad, y que mejor sí Ferid me ayudaba. Sabía que contaba con la ayuda de los Easley, pero el saber que ellos me habían engañado, me molestaba.

Con una evidente arrogancia le sonreí.

«Tal vez tengas razón», bisbiseé en el fondo de su mente. «Pero si no hago esto…»

Dejé de hablar cuando noté la forma en la que Leonard me estaba mirando, se notaba sorprendido. Sonreí aún más. Era la primera vez que distinguía en su rostro una pequeña serie de confusión, sin embargo, inmediatamente se repuso.

Así era él.

«Veo que tus poderes han mejorado»

«Bastante», comenté llena de orgullo.

«Entonces, tal vez tengas una oportunidad»

Y en verdad esperaba tenerla. No quería fracasar. Odiaba el fracaso.

—No lo harás. —Me dijo en un tono que me provocó intensos escalofríos cuando descifró mi rostro—. Fracasar no es algo que deba estar en tus planes.

Ferid, quien se había mantenido en silencio todo este tiempo, finalmente decidió intervenir:

—Será problemático enfrentarte a Leonard tú sola así que… por ahora pasaré por alto el hecho de que no hayas terminado con tu trabajo —dijo suavemente a mi oído mientras acariciaba y aceleraba el proceso de curación de mi rostro—. Sin embargo, tendrás que darme algo más a cambio.

Volteé a mirarlo, aquel maldito vampiro no estaba tan lejos de ser un lujurioso, así como yo tampoco estaba tan lejos de convertirme en lo mismo que mi madre.

—Claro —respondí sin siquiera dudarlo—. Te daré lo que tú quieras.

Después de todo ya había perdido demasiado, ya no podía perder nada más. Me solté de su agarré y me giré hacia él dispuesta a marcharme.

—Eso es.

Me dijo mientras cerraba de un movimiento un pequeño reloj de bolsillo que estaba mirando, sonrió para mí, tomó mi mano y de pronto una extraña fuerza nos paralizó.

Fue como si el mundo se detuviera, como si todos los sonidos vibraran a nuestro alrededor, como si el aire nos comprimiera.

—¿Qué está pasando? —inquirí con la respiración apenas estable.

Ferid apenas podía moverse. Su rostro estaba comprimido en dolor, uno que parecía romperle los huesos mientras miraba a mis espaldas con rabia. Supuse que estaba mirando a Leonard, pero cuando giré la vista por sobre mi hombro noté a quien estaba mirando, era a Edward, quien estaba de pie ayudado por su hermano y con la mano estirada hacia nosotros.

—No permitiré que te la lleves —dijo furioso y con el alma hecha pedazos—. Ella es mía.  

Sus ojos no me estaban mirando, pero claramente podía ver en ellos escrito todo el sentimiento que me estaba guardando.

«Edward, basta. Por favor, detente».

Podía sentir su dolor, su agonía y su desesperación. Entonces... se desmayó, y con él todos caímos al suelo, agotados.

—Eso fue… peligroso. —Alcancé a escuchar la voz cansada de Ferid—. Un poco más y nos hubiera destruido —dijo al ponerse de pie con algo de dificultad—. Es una suerte que su cuerpo aún no esté acostumbrado a sus poderes.




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