Albino: Bajo la cubierta de sangre Ii

Capítulo VIII: Realidad

• REALIDAD •

Sin decir una palabra más comencé a vestirme mientras miraba a Ferid a través del espejo recostado sobre la cama, con la espalda desnuda y el resto de su cuerpo cubierto solo por las sábanas de su cama.

A estas alturas ya nada me sorprendía, la verdad que él me había contado luego de ofrecerme una copa de vino era por mucho muy diferente a la que los Easley me habían contado.

Suspiré apenas.

La cabeza me dolía.

Haberle dado a Ferid más que un poco de mi sangre había sido más que suficiente, y aunque me rehusaba a quedarme a su lado, tenía que hacerlo, eso si es que quería llegar hasta donde él me había prometido; aunque antes de ello, primero tendría que asesinar a los Easley, y no solo porque así él lo hubiera decidido, sino porque así yo lo quería.  

✤✤✤✤✤✤

—¿Es enserio? ¿Vino? —inquirí con el rostro marcado por la incredulidad al ver a Ferid ofrecerme una copa.

—¿Y por qué no? —Me cuestionó a la vez—. Supongo que sabes beber.

—Cuando era humana —espeté con sarcasmo—. Ahora que soy esto, no puedo comer ni beber otra cosa que no sea sangre.

Dicho esto, él echó a reír.

—¿Y por qué solo te limitas a ello? —cuestionó al sentarse en uno de los sillones—. Nuestro alimento no solo consta de beber sangre —dijo—. De vez en cuando y con práctica podemos darnos el placer de recordar el sabor de lo que teníamos cuando éramos humanos. Además, supongo que ya has de conocer todo sobre nuestro alimento, incluso sobre los mismos suplementos.

Tras escucharlo recordé a Arlus.

—Suplementos —murmuré en voz baja al recordar su despreciable sabor—. Sí, los conozco —dije.

—Entonces si ya los conoces, no deberías tener problema con esto.

Bajando la vista miré su mano.

¿Qué podría salir mal?

—De acuerdo —contesté tomando la copa, la acerqué a mi nariz y bebí, lento.

El sabor del vino no era tan malo, sabía justo como lo recordaba.

Ferid me miró.

—Eso es —masculló con una sonrisa ladina—, con esto es más que suficiente. No tienes por qué terminarlo, solo necesitas aparentar que lo bebes. Tampoco tienes que tragarlo si es que no quieres.

—No, está bien. Tiene un buen sabor.

—Lo sé, pero no debes excederte. Tu cuerpo ahora es como un contenedor, podrás soportar todo lo que ingieras por un par de horas, luego tendrás que devolverlo. Te sentirás mal por unos días, pero pasará.

—Y ahora es que me lo dices —refuté dejando la copa sobre una esquina del tocador. Me giré hacia el espejo y limpié mis labios.  

Lo escuché reír.

—A decir verdad, no pensé que lo beberías. Solo te estaba probando.

—¿Probando, dices? —pregunté al girarme—. ¿Acaso solo te estabas asegurando de hasta dónde puedo llegar a obedecerte?

—Yo no lo diría de esa manera… —siseó frente a mis labios.

Ni siquiera me había dado cuenta del momento en que Ferid había invadido mi espacio.

—¿Qué es lo que estás haciendo?

—Tú que crees—. Me dijo al hacerme recargar sobre el mueble—. Prometiste que a cambio de no haber terminado tu trabajo me compensarías con algo más.

Su manera de hablarme me tenía mareada. Era como si estuviera cayendo en una especie de trance por sus palabras.

—Y tú prometiste que si venía contigo me dirías la verdad.

Le dije de la misma forma en la que él me estaba hablando.

—Y lo haré —prometió al rozar suavemente la superficie de mis labios, luego bajó lentamente hacia mi cuello, su nariz me hacía cosquillas, aun así, las resistí.

Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, que no tenía sentido; pero por alguna extraña razón mi cuerpo estaba cediendo.

—Por favor, no —pedí—. No lo hagas.

Lo escuché sonreír, arrogante y maldito.

«¿Y por qué no lo haría? Sí eres tan bella. Tú eres todo lo que necesito»

Escuchar su cumplido no solo hizo que me aferrara a la orilla del mueble, también hizo que le ofreciera mi cuello, estaba lista para entregarme, para sentir una vez más aquel dulce y ardiente placer.

Me tomó entre sus brazos y despojándome de mi ropa me llevó hasta su cama.

Sentí un profundo escalofrío cuando sus colmillos tocaron mi piel, entonces, me asusté. Lo quería, lo deseaba, pero mi cuerpo por sí solo se estaba negando. Intenté rechazarlo cuando una pequeña pizca de conciencia me invadió, sin embargo, ya no pude hacer nada, Ferid me había impregnado y yo, había hecho lo mismo con él.

✤✤✤✤✤✤

Sentí un fuerte asco y unas inmensas ganas de querer destruir todo a mi alrededor. Las imágenes que él me había mostrado cuando bebí de su sangre me habían revelado una cruel verdad. Nunca antes había deseado tanto querer asesinar a alguien, mucho menos a Amelia, quien me había hecho tanto daño, ella no estaba ni cerca del nuevo odio que había creado hacía los Easley.




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