Algo para recordar

CAPÍTULO CUATRO

La verdad

Me senté un poco apartada de todos ellos, aunque no me daban miedo, estaban todos demasiado borrachos y demasiado golpeados como para atacarme, este pensamiento me hizo sonreír, pero aun así me separé de ellos.

Los otros tres hombres terminaron saliendo de la celda unas horas después, por lo que nos quedamos solos Jayden McDowell y yo, suspiré.

Era miembro de una de las familias más ricas del lugar y continuaba encerrado... Estaba segura de que eso significaba algo, pero no sabía qué.

Solo estábamos él y yo, y uno de los agentes mirando unos papeles, miré mi bolso y me levanté de golpe.

Llevaba desde el día de la... muerte de Elizabeth sin tomar las pastillas del corazón...

Bueno, en realidad no podría decir si las había tomado después... quizá Rebecca me las dio, pero estaba tan encerrada en mi misma que no podía recordarlo... Por lo menos llevaba casi una semana sin tomarla, eso si de verdad Rebecca me las había dado, de otra forma hacía más tiempo.

Jayden me miró al notar mi exaltación pero no se movió del lugar. Me acerqué a la reja y llamé al agente.

—Necesito mi bolso— él iba a negar con la cabeza pero le interrumpí.

— O de me el bote de pastillas, está en uno de los bolsillos laterales.

—Supongo que puedo hacerlo— él buscó donde le había dicho y sacó las pastillas.

Se levantó y se acercó a dármelas, pero una mano apareció de detrás de mí y le arrebató el bote.

Me giré enfadada, porque sin darme cuenta Jayden McDowell se había colocado detrás de mí.

—¿Para qué son?— preguntó leyendo la etiqueta, pero su cara en endureció antes de que pudiera decir nada— Espero por tu bien que no sean drogas, aunque conociendo a tu amigo, puede ser cualquier cosa...

—Devuélvamelas— le dije intentando cogerlas pero las apartó de nuevo.

—Responde— me ordenó sin hacerme caso.

—Son para el corazón, tengo un defecto congénito desde pequeña— le expliqué como si él fuera tonto.

Él se rio fuertemente, pero lejos de ser una risa amable o divertida, parecían más bien gruñidos.

—Eso es mentira, Arianne no estas enferma del corazón— dijo él sentándose de nuevo y jugando con el bote.

—¿Ah, no? ¿Y usted que sabe?

—Porque primero tendrías que tener uno— se guardó el bote en el bolsillo— Además tu juego de no me acuerdo me está aburriendo, así que vamos a hablar en serio, no sabes las ganas que tenía de verme frente a frente contigo.

—No es ningún juego, estoy diciendo la verdad— me quejé con frustración mientras veía que ni el agente me creía.

El me miró escéptico, sin creerme.

—¿Conoces al pintor Tyler Sanders?— me preguntó como si no importara. Aunque no apartó su mirada de mí, observando mi cara en todo momento. No pude evitar poner un gesto de desconcierto.

—¿Quién es ese? ¿Qué dice? ¿De qué habla ahora?— le grité harta de todo— No entiendo nada y nadie me lo explica.

Él no dijo nada durante unos segundos, simplemente se dedicó a mirarme.

—Supongamos que creo en lo que dices— dijo subiendo los pies y tumbándose con la espalda apoyada en la pared.

—Gracias— dije irónica.

—En ese caso no tendrás problema someterte a unas pruebas con un médico de mi elección.

Le miré fijamente unos segundos.

—Cuando y donde usted quiera— dije sonriendo con suficiencia.

—Y dependiendo de eso, hablaremos— continuó como si no hubiera hablado.

Luego nos quedamos callados, me quedé cerca de la reja de pie, esperando a que nos dejaran salir, le miré sin querer y le descubrí observándome pero cuando se dio cuenta de que le había sorprendido se puso de pie y por fin nos dejaron salir.

Logan sonrió mientras nos hacía firmar para salir.

—Nombre... Arianne Char...—comenzó a escribir el policía.

—Caitlin Elizabeth Patterson— le interrumpí con una ceja enarcada.

—No le hagas caso, Logan— dijo Jayden mientras lanzaba el bolígrafo contra la mesa, ya que él había terminado de rellenar los papeles.

Él se encogió de hombros pero no me hizo caso. Puso que tenía veintiún años en vez de veintitrés.

—La edad está mal— susurré.

—No, Arianne, hace tres años que te fuiste del pueblo, tenías dieciocho.

—Imposible— << ¿De verdad Elizabeth también me había engañado incluso en eso?”

—Yo... — sentí que las piernas no me sostenían y al final todo se volvió oscuro.

Me desperté en un lugar un poco incómodo y con un olor fuerte en la nariz, instintivamente me aparté de él.



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En el texto hay: memoria, traicion, amor

Editado: 14.09.2018

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