Alicia en el País de las Parafilias

6.2. Y VIVIERON FELICES POR SIEMPRE

Debemos irnos.

Me despertó en la madrugada.

Hay dos tipos rodeando el edificio

Levantó levemente la cortina de la ventana.

Yo me froté los ojos y afirmé. Por suerte ya teníamos listo dos mochilas con ropa y víveres.

Tenía algo de miedo. Más me hacía sentir segura que todo saldrá bien.

Salimos del apartamento por la puerta de atrás.

Cuando el segundero marcó las 3am, nosostros ya estábamos en la afueras de la ciudad dejando atrás todo.

—¿A dónde iremos Osis?

—Lejos. Muy lejos no te preocupes. Nunca te van a encontrar.

Yo solo miraba por la ventana. Pero no había nadie en la carretera. Detrás la gran ciudad era adornada con juegos artificiales personas celebrando el nuevo año. Esta era la nueva para mí. Sentí algo de esperanza por primera vez. Me apoyo en el pecho de Osiris y lo abracé.

Te amo Alicia.

—También yo Os.

Me dormí deseando lo mejor.

Al día siguiente despertamos en un pueblo con pocas casas. La puerta del bus se abrió.

Aquí no hay nadie.

Era un pueblo pequeño. Las casas eran escasas y con grandes parcelas de tierra.

Vi un cartel viejo que decía: Bienvenidos a Harvest. Habitantes 122 personas.

«Con nosotros 124». Me dije.

Me ayudaba a cargar las cosas.

Unos amigos me dijeron que es un buen lugar para empezaba. Aquí nadie nos hallará. Es la tierra olvidada de Dios. Pero no te preocupes tampoco estaremos mucho tiempo.

Estuvimos dos años.

El pueblo era uno con grandes parcelas de sembradíos. Osiris se metió trabajar en la cosecha, al principio se oponía que yo trabajase. Aun no era momento que yo ande fuera.

Yo le esperaba con la comida cuando venía, me costó aprender a cocinar.

Luego de unos meses le volví a insistir que quería trabajar junto con él. Me aburría estar encerrada.

Anda Os, yo me aburro aquí. Quiero pasar más tiempo a tu lado.

Le abracé por la espalda.

Él tenía las manos callosas.

Además si juntos ganamos dinero más rápido nos podremos ir de aquí.

Aceptó.

Cuándo reunimos el suficiente dinero. Nos fuimos del pueblo. Nos fuimos al sur de el país cuando cumplimos 18. Allí sacamos un documento nuevo para mí.

Nuestra vida en la ciudad fue al principio al difícil. Nadie quería darnos trabajo, es entendible que nadie confíe en dos personas que apenas cumplieron la legalidad y no tengan experiencia.

Alquilamos un habitación vacía en el barrio más pobre y dormíamos en el suelo. Los inviernos eran tremendos, pero allá estábamos para darnos calor.

Un día cuando estábamos pasando por una notaría. Le tomé del brazo y le metí allí. Con 20 dólares nos casamos.

Desde allí todo mejoró. Él halló una empresa de construcción que le aceptaron y yo de limpieza para una señora rica.

Povo a poco nuestra habitación vacía se fue llenado de cosas. Y más que eso de sueños.

Cumplimos mi sueño de tener muchos libros pues abrimos una librería. Cuando pasó 3 años ya teníamos grandes ahorros.

E hicimos un viaje por todo el país. Conociendo nuevos lugares.

Pero pese a que ya teníamos muchas cosas nuestras vidas. Sentimos un vacío.

Hace muchos años le dije que jamás seríamos padres. Pero otra vez él me demostró que estábamos equivocados.

Adoptamos una niña la llamamos con su difunta madre.

Llenó ese hueco que sentimos en nuestros corazones.

Ella significaba mucho para mí jamás dejaría que algo malo le suceda al igual que mi y hermana. Jamás dejaría que la maldad de este mundo la toque.

Nuestra pequeña tesoro.

Antes jamás había imaginado ser tan feliz en el mundo real.

Verla crecer, acabar el colegio, enamorarse, conseguir su primer trabajo.

Ser abuelos.

Fue hermoso.

Supongo que esta será la última vez que imagino algo.

Porque todo eso jamás pasó.

Y si pasó fue en otra vida.

La realidad es que la carta decía...

[...]

Carta:

Querido Alex. Querida Alicia. No sé cómo te aceptes tú, pero seas quien seas te amo .

¿Recuerdas que te dije que no te preocupes y te tendrías un final feliz?

Pues lo tendrás. Seguramente cuando leas esta carta ya no estaré más.

Cuando te traje al apartamento. Recibí una llamada era ella. La administradora del edificio dónde te tenían presa. Me dijo que jamás te dejarían ir y si quiero que sea así podemos hablar.

[...]

Anda cariño ponte cómodo.

Osiris se sienta.

Te explicaré con detalles. Bueno un gusto soy quien maneja todo aquí. ¿Sabes que hay uno en cada país?

Lo mira con furia.

Si tienen más como ella. ¿Por qué no liberan?

Agarra un bolígrafo y lo acerca al cuello de la administradora.

Mátame si quieres querido. Igual otra persona tomará mi lugar y la fiesta seguirá.

—Ella sufrió mucho.

—Y lo sé. Tengo todo su expediente casi toda su vida es sufrimiento y probablemente así muera. Pero quisiera ayudarla un poco...

Osiris baja lentamente el bolígrafo.

Mira en primer lugar yo no soy quien hace todo esto. Quien maneja todo está probablemente detrás de una lujosa oficina de una empresa o de una silla presidencial. Ni siquiera lo sé. Solo sé que la norma es que nadie puede salir aquí al menos con vida y no es así corre en riesgo mi vida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.