Andrei

Capítulo 2

Estaba en mi departamento, mis amigos debían pasar a buscarme para ir a una fiesta.

Al llegar a la fiesta la vi bajar de un auto blanco, sonreí y sentí algo en el estómago. Cuando me vió me sentí caer, jamás en mis veinte años me había pasado algo igual, pero estoy seguro que no quiero que se acabe.

Mis amigos se reían de mí, según ellos porque no te quitaba la mirada de encima, a lo cual me reí y les dije que entremos, así lo hicimos.

Luego de haber estado tomando cuántos unos vasos con mis amigos, por lo que ellos ya estaban un poco mareada porque tomaron mucho más que yo, supuse que me tocaría conducir.

Mi sonrisa era inmensa, te había visto bailando, sonreías de oreja a oreja, meneando tus caderas en un movimiento lento y pausado, tus ojos estaban cerrados. Una sonrisa tan peculiar y angelical decora tu rostro.

Mi sonrisa de agrandaba cada vez más, si eso es posible, puede que esto no sea amor a primera vista porque no creo en eso, pero tal vez si fascinación a primera vista.

Ella es el mejor concepto de perfección que he encontrado en mi vida.

Me gusta mirarla, lleva bailando varios minutos.

De pronto abre sus ojos y me observa por lo cual me sonrojo, aunque no creo que se note por la poca iluminación.

Me dedica una sonrisa a la vez que me guiña su ojo derecho con un poco de descaro.

Luego de aquel suceso decido buscar a mis amigos.

La hora en mi celular marca las 03:30 am por lo cual pienso en que se fueron sin mi.

Decido salir en busca de un taxi.

Afuera puedo ver una pareja en un rincón, parece que estuvieran teniendo una discusión, cuando de pronto veo que él la besa a la fuerza y apresuro mi paso hasta llegar ahí.

ᕙTe vas a meter en problemasᕗ grita mi subconsciente.

Al llegar ahí puedo verla, es ella, sin esperar más tiro con fuerza del sujeto para separarlo.

Ella solloza en silencio, me quito la campera y la cubro.

—A una mujer se la respeta—digo de manera dura.

Me jodió bastante haberla visto llorar, no me gusta la violencia, pero no me voy a quedar de brazos cruzados.

—Cállate tú, nadie te llamó— arrastra sus palabras.

Está demás decir que se encuentra en un estado de ebriedad.

Entonces sin esperarlo me proporciona un golpe, mi cabeza giró bruscamente hacia un lado.

Mi respiración se vuelve pesada, cierro mis ojos con fuerza tratando de controlarme para no darle la paliza de su vida.

Siento un sabor a metal en mi boca, tocó mi labio inferior y lo encuentro con sangre.

Intenta darme otro golpe y con un movimiento rápido paro su brazo, intenta zafarse de mi agarre pero no lo logra.

Lo tomo por el cuello de su remera y lo tiro con todas mis fuerzas hacia atrás.

Su cuerpo cae rendido por el choque contra la pared.

Tomo la mano de ella y nos alejamos del lugar.

Al caminar una cuadra ella rompe en llanto mientras solloza, lo que hace que mi corazón se oprima.

La abrazo y llora en mi pecho mientras le acaricio el cabello.

La traje a mi casa, dejarla ir en ese estado no era muy conveniente.

—¿No querías que te lleve a tu casa?—pregunto nuevamente.

Lo que menos necesitaba en estos momentos es que estuviera incómoda.

—No, gracias, vivo con él—dice cabizbaja en un susurro.

Me contó que él es su novio desde hace cuatro años, mientras me curaba el labio en el baño.

—No deberías dejar que te trate así, él no tiene derecho—mi voz suena molesta.

Hago una mueca de dolor cuando el algodón con alcohol hace contacto con mi labio partido.

—Lo amo—lo dice con un hilo de voz.

Luego de unos minutos más ella acaba y se aleja un poco de mi.

—¿Quieres un café, té, agua o jugo?—la guío fuera del baño.

—Un café estaría bien—me dedica una tímida sonrisa de labio cerrados.

Preparó dos tazas de café y las coloco en una bandeja junto con unas galletas.

Tomo la bandeja y me dirijo hacia la sala donde le indique que se quedara.

Me siento en frente de ella y le ofrezco una taza, a lo cual la toma con timidez en sus movimientos.

—¿Cuántos años tienes?—pregunta.

—Tengo veinte, ¿Y tú?—bebo un poco de café.

—Hoy cumplí diecinueve años, el mejor cumpleaños—el sarcasmo en su tono de voz es muy notorio.

—Pues un muy feliz cumpleaños para ti—le guiño un ojo—¿Quieres hacer algo?

—Tal vez unas películas estarían bien.

Me acerco a la caja de películas y se la paso.

—Puedes elegir la que quieras.

—¿Tienes de romance?—dice divertida.

—Los hombres también somos sentimentales—me hago el ofendido mientras llevo mi mano a mi corazón.

Eleva sus manos en forma de rendición y reímos.

—Son de mi hermana, casi siempre viene por aquí—explico.

Asiente en mi dirección y sigue buscando alguna.

—¿Tienes hermanos?—niega.

—Pero me hubiese encantado—dice risueña.

—¿Elegiste alguna?—tiene en su mano un CD.

Me pasa Yo antes de ti, me levanto y la coloco.

Regreso a mi lugar y tomo el control de la TV, pongo play.

Luego de un rato siento mis ojos pesados, el sueño se apodera de mi cuerpo.

Antes de caer dormido la miro, se encuentra profundamente dormida.

Me levanto con cuidado de no despertarla y la cubro con una manta morada que suele usar Jazz cuando viene.

Luego regreso al sillón y caigo rendido.
 



Mar Lamas

#10330 en Novela romántica

En el texto hay: amor llanto odio golpes

Editado: 09.11.2020

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