Anima

Tres

―¿Estás segura que vas a estar bien? ―pregunta por enésima vez.

―Sí, no te preocupes.

―¿Segura? ―no me queda de otra que reír.

―Ve a descansar. Te veo mañana en la escuela.

―Está bien. Descansa ―estamos algo inseguras sobre el protocolo de despedida por lo que sólo doy un paso hacia atrás y la dejo pasar―. Si necesitas algo no dudes en decirme.

―Isabella, sólo fue llanto. No salí de cirugía. Lágrimas, nada más.

―Perdona ―dice con aire chusco―, creo que me impresionó.

―Perdóname tú por mojar tu blusa ―ve el círculo que dejaron mis lágrimas en su hombro.

―Nada que una lavada no arregle ―toma mi mano con la suya y la aprieta―. Buenas noches, Emma.

―Buenas noches para ti también.

Apenas sale reclino la cabeza sobre la puerta y me quedo ahí un momento con los ojos cerrados. ¿En qué demonios pensaba al ponerme a llorar en su hombro? Era una completa y total locura. Por otro lado me agradó el hecho de que no se viera incómoda o quizá era buena guardando sus emociones. Lo que fuera me tenía con sentimientos encontrados.

Regreso a la habitación donde mi pequeña me espera completamente dormida; me pongo las pijamas, me lavo los dientes y me encuentro con ella. La atraigo a mí por unos segundos antes de volverla a soltar. La observo y dejo que mi corazón se infle de amor con solo verla. Es tan preciosa. Ahora me pregunto, ¿qué pensará de mí?, ¿En qué concepto me tiene ahora que busca a un papá?, ¿Sentirá cuando lloro noches enteras?, ¿Le infligiré dolor con mi silencio?

Lo último que he querido es hacerle daño, ella siempre ha sido mi prioridad. Aunque el llanto de hace unas horas se sintió tan liberador y tan reconfortante que debería considerar hacerlo de nuevo. Sólo que quizá esta vez con un terapeuta. Cierro los ojos. Algo por fin ha cambiado, algo tan radical; he aceptado que necesito ayuda. Estaba a unas lágrimas de darle otro giro a mi vida.

Cuando despierto no siento la habitual loza sobre mis hombros, me siento liviana de alguna manera. Veo a mi despertador, son apenas las seis de la mañana, pero estoy con toda la energía del mundo. Lo puedo sentir. Nina aún duerme plácidamente, no reprimo las ganas de darle un beso sobre la frente antes de levantarme a prepararle el desayuno.

Una vez hube terminado todo, es hora de despertar a mi pequeña princesa. Esta parte es linda, como atemorizante; no es una persona matutina, para nada. Aunque no tiene problemas para despertarse, se levanta de muy mal humor. Hoy dejaré que coma un poco más de su cereal con chocolate que tanto le gusta, esto puede que juegue a mi favor.

―Arriba, muffin ―la lleno de besos.

―No ―rio.

―Sí. Hora de ir a la escuela y presumir la mochila más cool del mundo ―levanta su cabeza y me ve con el ceño fruncido.

―Ya la vieron, ya no se impresionarán.

―Quizá hoy lleguen niños nuevos y la verán ―se encoje de hombros.

―Sigue sin convencerme.

―Ve a lavarte la cara y los dientes. ¿Quieres que te ayude a vestir? ―niega.

―Yo puedo.

―Te veo en la cocina ―dejo un beso más―. Te amo ―puedo sentir su aura gruñona por toda la habitación. No responde, nunca lo hace a esas horas de la mañana.

Está más hablantina a la hora del desayuno, el cual, se centra en la chica morena y sus habilidades con los rompecabezas. Nina me describe cómo la mujer encontró muchísimas piezas y fue capaz de terminar más de la mitad de lo que teníamos. Claro, todo esto de la mano de su valiosa ayuda. Isabella se encargó de decirle que no hubiera podido sin ella.

Me decía que el cuento que escuchó antes de ir a dormir no era uno de los que tenía en nuestro pequeño librero sino uno que ella tenía en su cabeza. Le contó de hombres que había llegado a vivir a nuestro país; que habían llegado en imponentes barcos y que usaban cascos con cuernos en él. Eran hombres guerreros, fuertes y que se dedicaron a quitarles las cosas a nuestros compatriotas. Sonreía por la forma tan linda de introducir historia a mi pequeña. Por lo visto había escuchado cada palabra que había dicho.

 

Vamos mano en mano hacia el colegio. Mi hija sonríe a todo lo que pasa a su alrededor, también este ambiente es refrescante y nuevo para ella. Va contando pasos, memorizando calles, recordando nombres de los establecimientos y hablando de sus nuevos amigos.

―¿Vendrá Isabella a casa?

―No.



Ale May

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En el texto hay: lgbt, chicaxchica

Editado: 20.07.2020

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