Apariencias engañosas: El peligro acecha

9

Entra en el comedor del instituto, buscando con la mirada a Evelyn, quien ya está sentada con Max en la mesa de siempre. Antes de ir con ella, se acerca a la cola de personas que esperan su comida y espera ella también durante unos minutos hasta que, por fin, llena su bandeja y se acerca a sus amigos.

–Gracias por esperarme, amiga –pone énfasis en esa última palabra, sentándose frente a ella.

–Perdón, es que he ido al baño y después me he cruzado con Max, así que hemos venido juntos –se explica rápidamente–. Y pensaba que vendrías con Jack o Ruby, así que…

–Jack ha ido un momento a la biblioteca a entregar no sé qué, y Ruby no sé dónde está –se encoge de hombros–. ¿Hacemos algo esta tarde?

–¡Sí! Esta semana se me ha hecho larguísima, necesito una tarde de relax donde no hacer, básicamente, nada –Evelyn suspira, dramáticamente–. ¿Por qué los profesores son tan… así? Quiero decir, ¿no piensan que sus queridos alumnos tienen vida? ¿Que necesitamos vivir, respirar?

–Pero, ¿qué le pasa? –Brooke mira a Max, divertida.

–No sé, lleva así desde primera hora –él se encoge de hombros.

–Oye, no habléis de mí como si yo no estuviera. Y tú –le da un golpe a Max en el hombro–, defiéndeme.

–¿Defenderte de qué? Si no te he dicho nada.

–Es que hablas tan seria que no sé si dices las cosas en broma o no –Evelyn entrecierra los ojos.

–Pues menuda amiga estás hecha –bromea ella, aunque con tono serio. Tras ver la expresión de ella, rompe a reír–. Es broma. Ya deberías conocerme, ¿eh?

Le lanza una mirada divertida antes de centrarse en la comida que tiene frente a ella.

Unos minutos más tarde, Jack aparece y se sienta a su lado, dándole a Brooke un rápido beso en la mejilla que la hace sonreír.

–¿De qué hablabais? –pregunta, mirando a los tres.

–Yo, de nada. Me tenían de sujetavelas, como siempre –Brooke se encoge de hombros–. Menos mal que ya has venido, así me haces compañía.

–¡No mientas! No te tenías de sujetavelas, exagerada –dice Evelyn.

Ay, Max. Qué guapo eres. Ay, Max, cuánto me gustas –Brooke intenta imitar la voz de Evelyn, poniéndola demasiado aguda.

–¡Yo no hablo así! ¡Y no he dicho eso! –se queja, mientras que Max ríe a su lado–. ¡Y tú no te rías!

–Perdón, cariño. Perdón –dice él rápidamente.

Porque sí, por fin han empezado una relación. Y aunque Brooke se meta muchas veces con Evelyn, se alegra de que estén juntos. Una vez le contó que le gustaba desde hace años, así que ya era hora de que uno de los dos haya dado el paso y que, por fin, hayan decidido estar juntos después de días y días saliendo juntos por las tardes.

Brooke, por otro lado, ha seguido quedando con Jack. Después del beso que se dieron hace casi una semana, siguieron viéndose casi cada tarde, además de verse en el instituto. Ni siquiera han hablado de la relación que tienen ahora, pero ambos saben que es algo serio cuando, cada vez que se ven, los besos y el cariño entre ambos nunca falta.

–Entonces, ¿qué hacemos esta tarde? –vuelve a preguntar Brooke.

–Lo que sea. Quedamos y lo que surja –Evelyn se encoge de hombros. Jack, para sorpresa de todos, rompe a reír–. ¿De qué te ríes?

–Vale, depende de cómo lo digas, suena mal –dice entre risas.

Max se una a él y las chicas se miran entre ellas antes de negar, casi al mismo tiempo, con la cabeza y, finalmente, sonreír.

Continúan hablando entre ellos de lo que pueden hacer esa tarde o dónde podrían ir. Incluso hablan de cenar juntos en algún sitio cuando, de repente, una figura se detiene en el lado de la mesa donde se encuentra Brooke. Ella alza la vista para ver como Ruby se encuentra a su lado.

–¡Hola! ¿Te sientas? –le pregunta rápidamente.

–Eh… no. Venía a preguntarte una cosa –dice ella, sin hacer caso a los demás, sólo la mira a ella–. ¿Vienes esta noche a cenar a mi casa?

–Bueno, esta noche no sabemos si vamos a salir los cuatro –lanza una mirada a los demás–, pero podemos…

–La semana pasada te dije que mis padres querían que vinieses a cenar a casa, y yo también quiero que vengas. ¿Por qué no vienes hoy? –insiste.

Brooke mira a los otros tres, quienes escuchan atentos lo que dice Ruby y esperan la respuesta de ella.

–¿Brooke?

–Vale –acepta finalmente, tras haber dudado un momento–. Nos vemos esta noche.

–¡Genial! Luego te escrito para decirte la hora –sonríe ampliamente mirándola–. Adiós.

Y, sin siquiera decirle un simple adiós a los demás, se aleja de ellos y sale del comedor.

Brooke mira por dónde se ha ido un instante antes de girarse hacia los demás.

–Pues nada, dejaremos la cena para otro día –comenta ella–. Lo siento, chicos.

–No te preocupes –dice Evelyn–. Pero si quieres que te salvemos de esa cena, me escribes y te llamo como si fuese una llamada de vida o muerte.

–Lo tendré en cuenta –ríe ella.

Mira después a Jack, quien deja un beso en su cabeza, antes de ser ella la que se incline hacia él y le dé un rápido beso en la mejilla.

–Y luego los empalagosos somos nosotros –comenta Max, mirando a Evelyn.

Jack, sin esperarlo, le lanza algo de su plato que le da en el ojo y él se queda quieto, mientras los demás comenzamos a reír antes de que él se haga el indignado y se cruce de brazos, sin mirarnos siquiera y sin hablar con ninguno de nosotros hasta que suena el timbre y tenemos que volver a clase.

* * *

Brooke toca el timbre de la casa de Ruby y espera frente a ésta a que alguien le abra. Ha llegado justo a la hora justa a la que su amiga le dijo que fuera, después de haber pasado parte de la tarde con Jack, Evelyn y Max antes de ir a su casa para avisar a sus padres de que cenaba fuera y a cambiarse de ropa.

–¡Hola! ¡Llegas a tiempo! –exclama Ruby en cuanto abre la puerta–. Pasa –se hace a un lado y deja que Brooke pase por su lado–. Esta casa es zona libre de zapatos, así que puedes quitártelos.



Laura G.

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Editado: 05.12.2020

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