April & Sumer

Para mi jefe

La nube toxica del firmamento se veía rojiza, sin cambios después de tantos años con medidas, el color rojizo del sol apenas me deslumbra, su luz no puede penetrar del todo las nubes toxicas. Esta maldita tos que nos deja tirados en el suelo como si por fin nos llegara la hora, creo que no hay mejor regalo de cumpleaños que el hecho de no seguir en esta inmundicia.

—Disculpe señor Di Antoni, al parecer la mancha se ha expandido desde la última vez—. No sé porque los doctores no te dicen las cosas claras, después de todo el promedio de vida es de 35 años, hoy cumplo 37 que se puede decir que ya me estaba pasando mi hora.

Ese doctor me dijo únicamente después de que levante mi voz, el diagnostico. Solo me quedan unas semanas.

Después de llegar a casa mi esposa me dio la segunda gran noticia, está embarazada, de igual forma los doctores le dieron muchas vueltas al asunto cuando me dijeron a sola que mi esposa no podía tener bebés, tuvimos que empeñar la casa para los costosos métodos de fertilización, creíamos que con el sueldo de los dos lo podríamos solventar, por ahora subo a la azotea del edificio con una carta de desalojo en mis manos ya no lo creo. Ahora me doy cuenta lo estúpido que es tener hijos, fue de igual forma en el pasado, cargar al planeta un numero insostenible de personas hasta el colapso ambiental, fue buena idea que yo absorbiera todas las cuentas de las deudas de mi esposa, en cierta forma creo fue el único acto desinteresado que hice para ella, nunca me importo con quien quedaría, sólo que ella ha estado ahí, de alguna forma nunca sentí nada por ella, yo me engañaba diciendo lo contrario, me di cuenta cuando volví del trabajo y la vi follando con otro hombre, en ese momento me moví como un fantasma cuando me di cuenta que la puerta estaba entre abierta, pude notar las bolsas de preservativos a un lado de la cama, claro estaba en un método de fertilización, en ese momento no sentí nada, ni siquiera un arrepentimiento, dolor o furia. Posiblemente ya estaba muerto. Recuerdo que meses atrás mi excompañero Antoni había encontrado a su esposa con otro hombre, justo después de que los dos fuimos con April y Sumer, las hermanas gemelas secretarias de nuestro jefe e hijas, nunca supe identificarlas hasta que Sumer fingió ser April, ese día sus quejidos mientras fallábamos eran diferentes a los de su hermana. Mi compañero me confeso que lo quería muerto, cuando se enteró que estaba embarazada me dijo su plan, la mataría a ella junto a su bebé cuando le den el primer ultra sonido, no antes de torturarla para que le dé el nombre de su amante. Ese día que le dije a su esposa que la acompañaba para el ultrasonido lo confeso todo, incluso el nombre del sujeto, un tal Paul Ritman. Cuando entre junto a ella mi excompañero tenía su arma preparada y lista para disparar, le dije que no valía la pena, que había otras y que podía dejar sin ninguna represaría por otra, su estúpida mujer imploro que no la dejara. Fue cuando lo vi disparar, la bala atravesó el hombro de su mujer, cuando iba a disparar por segunda ocasión oprimí el gatillo; directo a la cabeza. El papeleo fue atroz, el bebé si era de mi excompañero, lo único bueno que hizo fue morir y llevarse sus deudas con él. Me reunía en el mismo lugar con April y Sumer como cada jueves a partir del incidente, antes y al final de follar me decían.

—Nunca nos dejes, queremos tener un bebé.

Me dijeron que los llamarían como nosotros, él era la única persona que valía la pena llamar compañero y amigo. El día de su funeral llovía después de una sequía de 70 años, fue la primera vez que olí el aire fresco, no esta mierda que inhalo después de eso comenzó esta toz. Mi esposa fue la primera en preocuparse, después las secretarias y luego mi jefe.

—Necesitas algo porque vivir, sabes. Yo no debería de estar vivo— él era el hombre más viejo que conocía, tenía 65 años—, cuando nacieron mis hijas tuve el motivo por el cual vivir, asegurarme que nos les faltara nada y que estén seguras.

Lo sé, desde hace años lo sabíamos, mi compañero y yo. Cuando descubrimos que andaban en malos pasos decidimos rescatarlas, sus deudas acumuladas por novios golpeadores los aseguro una vida de prostitución. Justo llegamos en un momento crucial, cuando las cosas se podrían echar para atrás, unos disparos por aquí, otros por haya y pum. Los problemas de loas hijas de mi jefe se resolvieron. Estaban a punto de saborearme ese asenso cuando le dijéramos al jefe lo que paso. Pero ellas tenían los vestidos más encantadores de la vida, por alguna extraña razón esa vieja bóveda en el distrito comercial me parecía tan agradable, no iba hacer nada hasta que mi compañero se entusiasmó demasiado y llevo a una de las gemelas a una de las tantas habitaciones. Sabia que ya nunca le podríamos decir algo sobre sus hijas, al mal paso le di prisa y me lleve a la otra gemela, la usamos para algunas mercancías que apenas y nos dan ganancias, remodelamos algunas habitaciones para jugar a la casita, las chicas que darán fascinación, cuando folle con Sumer sus gemidos eran más cortos y agudos que los de su hermana, le pregunte porque lo hicieron.



Dagresk

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En el texto hay: muertes, violencia, adulterio

Editado: 03.09.2019

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