Así es la vida

Así es la vida

                        

— No madre, hoy no tengo ganas. Y como no tengo ganas, no iré a la escuela.

Así Emilia empezó el lunes. Con pocas expectativas de aprender algunas materias.

 No era la primera vez y tampoco la última que esto le pasaba a Emilia, por eso la madre no se sorprendió.

— Y si no vas a escuela ¿Qué harás después? ¿Tendrás un buen empleo? Tal vez sí. ¿Y si no, cuánto ganaras? ¿Para apenas sobrevivir?

— Me casaré y que me mantengan — contestó la chica, — Será más simple, ¿no?

La madre se agarró la cabeza.

— Tú ya sabes cómo puede pasar, — contestó, — Mírame a mí. Tu padre se murió y me dejó sola y pobre, con tres hijos que mantener. Has visto la vida de sacrificio que hemos llevado, ¿crees que es fácil? ¿no te das cuenta cómo es la vida? ¿cómo les tengo que hablar para que entiendan que necesitan una carrera? Luego de una carrera - un empleo y recién después una familia. Pero hoy en día los chicos hacen todo al revés. Primero tienen el niño y luego quieren ir a la escuela, trabajar y solo algunos logran buen ingreso. Pero las madres se sacrifican todo el tiempo para criar a sus hijos.

El monologo de la madre tuvo su efecto.

— OK, te voy a hacer caso, — dijo Emilia armando la mochila para el colegio, — pero solo porque no quiero vivir esta vida como la tuya. Tendré un destino mejor.

— ¿Entonces irás a la escuela?

— Si-i ma-ma, — agrega Emilia ya en la puerta.

 

Las clases eran aburridísimas. La chica contaba minutos para que terminan los castigos de los “teoremas”, “esdrújulas” y otra “porquería” que para opinión de Emilia no servirá nunca en la vida.

Apenas salió por la puerta de escuela que vio a Arnoldo. Su novio. O como diría la madre “el noviecito de turno”.

 

— Mi madre me seca la mente que tengo que estudiar, debo ser alguien, — dijo Emilia en los brazos del chico.

—  Capaz que tu madre tiene razón, — dijo Arnoldo después de darle un beso, — pero a mí no me gusta la escuela y por eso no voy por más que mi vieja también me seca la mente. Pero yo resisto y no voy.

Emilia suspiró.

— A mi madre no es fácil hacerle la contra. Voy a seguir en la escuela por las dudas, pero no quiero dejar de verte.

Arnoldo sonríe contento.

— Me tengo que ir, — dijo Emilia después de unos besos.

— Quédate un rato más, — dijo Arnoldo medio enojado.

La chica se liberó de sus brazos.

— Me tengo que ir. Ahora mi madre llegará del trabajo y no quiero darle un disgusto. Ya tiene demasiado con cuidarnos sola a mis hermanos y a mí.

— Dale, — dijo Arnoldo enojado, — te veré mañana.

Al llegar a la casa, primero que escuchó de la madre era, — ¿Cómo fue tu día hoy?

— Bien, madre — contestó Emilia.

Pero allí no terminó la conversación. Mejor dicho, recién empezaba.

— Hija, necesito hablar contigo.

La chica sirvió un vaso de jugo y se sentó en frente de la madre en el sillón.

— Al salir de la fábrica, — siguió la madre, — una compañera me dijo que te vio con un muchacho.

Emilia miró a su vaso, después a la madre.

— Mama, no te dejes llevar por los chismes.

— Yo te conozco Emi, no son los chismes, ¿verdad?

Emilia no sabía que contestar, pero tampoco quería mentir.

— Yo no te prohíbo salir con alguien, solo te quiero pedir que tengas cuidado. Los muchachos son irresponsables en su la mayoría hoy en el día. No vayas a cometer el error de embarazarte. Y allí quién criará al niño sin que tengas trabajo.

— Quédate tranquila mama, eso no pasará.

La madre se levantó molesta.

— Entonces es verdad. Ahora lo que quiero que él venga aquí. Y que ustedes no andan en escondidas por allí.

Al escuchar esto, a Emilia se le fueron las ganas de tomar jugo.

— Mama, ¿Es realmente necesario esto?

— Emilia, tienes que entender que el respeto lo que hace una relación sólida y estable.

— Mama, nada garantiza una relación.

La madre sonrió.

— Que clara la tienes. Pero necesito saber quién es, tu  “noviecito de turno”. Así que sería mejor que venga acá.

— Si, lo tengo claro. ¿Qué más quieres?

— Confiaré en ti, Emi, lo traes aquí y tendrás un noviazgo serio y responsable. Se hace lo que yo digo, y así evitaremos males mayores, es difícil criar a los hijos sola y si no pones de tu parte se complicará y los problemas surgirán aún más.

Emilia empezó a perder paciencia.

— Mama, me estas cansando con tus reglas y con tus exigencias.



Marcela Simon

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En el texto hay: conflicto madre e hija, noviazgo

Editado: 07.09.2019

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