Atrapada Sin Querer

Capítulo 19

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Bajo del auto a toda prisa, seco mis lágrimas con el dorso de mi mano y corro hasta la entrada de la estación de bomberos.  

—Vanessa. —giro y me encuentro con Analy. 

—Francisco —me apresuro a decir—, ¿D-Donde esta?  

—Debe estar por aquí —dice frunciendo el ceño—, ¿Te encuentras bien? ¿Te puedo ayudar? 

—Necesito ver a Francisco —pido. Trato de sonar lo más educada, pero esta situación me sobrepasa.  

Analy me toma de la mano y me conduce hasta la sala de descanso, que afortunadamente está completamente vacía. Me siento en una de las camas mientras Analy sale cerrando la puerta. 

Respiro varias veces. 

  

<< ¡Tranquila! Todo estará bien >> 

  

Inquieta me pongo de pie y empiezo a dar vueltas por la habitación, no sé cuántas vueltas he dado cuando finalmente la puerta vuelve a abrirse.  

—Vanessa —Francisco me mira desde la puerta—, ¿Estás bien? 

Corro hasta él. 

—¡Francisco! Debes… debes ayudarme —balbuceo—, él…él no está… no está.  

—¿Quién? —pregunta. Sujeta mis brazos. 

—¡No esta! —continuo—. Y-Yo fui a verlo y-y no estaba, ¡Se lo llevaron! 

—¿A quién? —Parece asustado con todos mis balbuceos—. Vanessa, respira y dime a quien se lo llevaron.  

—¡A Dormilón! —chillo. 

—¿Qué?  

—Debes ayudarme, Francisco —le pido—. Puedes averiguar a donde se lo llevaron. 

Sin decir nada me lleva hasta la cama y me sienta, después se pone de cuclillas frente a mí y toma mis manos.  

Twinkles —susurra—, respira.  

Hago lo que me dice y respiro pausadamente.  

—¿Puedes ayudarme? —pregunto esperanzada—, puedes comunicarte con tu amiga y averiguar a donde se lo llevaron.  

—Vanessa —susurra—, debes calmarte. No estoy seguro si mi amiga me podrá ayudar esta vez. 

—Pero ¡¿Por qué no puedes?!  

—Tuve que insistir mucho para que me diga el paradero del bebé, y me aseguró que no podría volver a ayudarme nuevamente con algo así. 

—Francisco ¿Qué voy a hacer ahora? —La desesperación empieza a apoderarse de mí.  

—¿Te dijeron porque se lo llevaron? 

—No —niego—, la señora María solo me dijo que lo cambiaron de albergue. 

—Debe de haber una buena razón, ellos saben lo que es mejor para él.  

—Pero… pero ya no podré verlo de nuevo —susurro con tristeza.  

—Oh, Vanessa. —Pasa su dedo por mi mejilla limpiando la solitaria lágrima que resbala por mi mejilla—. Escucha, Twinkles

Levanto el rostro para mirarlo, sus ojos me ven con tristeza. 

» Te llevaré a tu casa, pero quiero que estés tranquila. Veré si puedo averiguar algo. ¿De acuerdo?  

—Bien.  

Me pongo de pie, Francisco toma mi mano. 

—Todo saldrá bien. 

Salimos de la sala de descanso encontrándonos frente a frente a Ernesto, que al vernos enarca una ceja y una sonrisa burlona se extiende por su rostro.  

—Ahora no, Ernesto —protesta Francisco poniendo los ojos en blanco.  

—¡Que! —exclama levantando las manos—, solo estoy buscando a mi bella Any. Hola Vanessa, que alegría el verte de nuevo por aquí.  

—Hola, Ernesto —saludo con voz gangosa. Ernesto me mira con atención y sin decir nada asiente—, nos vemos.  

Francisco coloca una mano sobre mi cintura y me conduce fuera del lugar.  

—Entrégame tus llaves —pide estirando su mano—, yo manejaré.  

—Pero yo… 

—Sin peros, Twinkles

Dejo caer las llaves sobre su mano y me siento en el asiento del copiloto. Apoyo mi cabeza en la ventana, mirando el paisaje pasar a velocidad. 

—Solo quiero saber que está bien —susurro sin dejar de mirar por la ventana. 

—Está bien —responde Francisco dando un pequeño apretón en mi hombro. 

—De algún modo ese pequeño niñito dormilón se ha vuelto alguien muy importante en mi vida.  

—Lo sé, y te entiendo perfectamente. —Giro para mirarlo cuando el auto se detiene en una luz roja—. Él es alguien increíble —dice con una pequeña sonrisa.  

Cuando llegamos a mi casa Francisco apaga el motor y me entrega las llaves.  

—Gracias —digo con sinceridad. 

—No tienes que agradecer nada, también quiero saber dónde está Dormilón. 

Abro la puerta del auto y salgo, Francisco lo rodea hasta quedar frente a mí. Es tan alto que debo levantar mi cabeza para poder mirarlo a los ojos.  

—Tengo miedo de no poder verlo de nuevo —acepto bajando la cabeza y aguantando las lágrimas. 

—¡Ey! ¡Ey! Mírame —exclama tomando mi barbilla haciendo que lo mire—, no quiero que pienses eso.  

Mi respiración se atora en mi garganta, y mis ojos están atrapados en los suyos. Sus manos cálidas descansan sobre mis mejillas y sus pulgares limpian la humedad de mis ojos. 

» Te juro que haré lo que este a mi alcance para saber dónde se encuentra. No quiero ver nunca más esta tristeza en tus hermosos ojos, no cuando al fin puedo verlos brillar nuevamente.  

Con el pulso acelerado asiento con la cabeza y doy un paso atrás.  

—De acuerdo —musito. Aprieto las llaves contra mi pecho y vuelvo a asentir—, yo voy… voy a entrar.  

—Te llamaré sí sé algo —asegura—, nos vemos Twinkles

Le doy una última mirada y cierro la puerta detrás de mí.  

—Hola cariño, volviste temprano. —Mamá me mira desde la puerta de la cocina—, ¿Todo bien? 

Niego con la cabeza y mamá se acerca de prisa a mí.  

» ¿Qué sucede?  

—Se lo llevaron —anuncio—, se llevaron al bebé. 

Le cuento a mi mamá todo, desde el momento que llegue al albergue hasta cuando Francisco me dejó en la puerta de la casa.  



Nicole. G.R

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En el texto hay: bomberos, amor y dolor, amor y romance

Editado: 14.11.2020

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