Atrapada Sin Querer

Capítulo 20

—¿Que dijiste? —pregunta desconcertado. 

—Voy a adoptar a Dormilón —repito.  

—Vanessa —empieza a decir—, ¿estás segura? 

—Claro que sí, Francisco —resoplo—, por favor no me digas lo mismo que mi mamá. 

Francisco alza las cejas y me observa.  

» Dudar si en verdad lo hago por las razones correctas.  

—¿Y lo haces por las razones correctas?  —pregunta achicando los ojos. 

—Claro que sí. —Suspiro con paciencia—. No pretendo llenar el vacío que dejo Juan en mí. Ese niño es tan increíble que no puedo concebir la idea de no verlo nunca más. Yo realmente quiero cuidar de él. ¿Me crees? 

Francisco permanece mirándome, luego toma mi mano y la acaricia con su dedo.  

—Si sientes que es lo que debes hacer, yo te voy a apoyar en todo. 

—Gracias —respondo con una sonrisa—, también hablé con mi psicólogo y está conforme con mi decisión. Ahora tengo que reunirme con la abogada, mañana tengo cita con ella en la mañana.  

—Te vez… feliz —susurra.  

—Lo estoy —aseguro.  

—Me alegro mucho verte así.  

—A todo esto… a que debo tu presencia frente a mi casa.  

—¡Oh! Si. —Su semblante se torna serio—. Bueno, hablé con mi amiga. Pero por más que lo intenté no pude averiguar su paradero.  

—Ya veo —murmuro con tristeza.   

—No estés triste. —Acaricia mi mejilla—. Verás que podremos solucionarlo. 

—Si —jadeo mirándolo. Su mano cálida aún se encuentra en mi mejilla produciéndome un ligero cosquilleo. Me pierdo en sus profundos ojos azules que no dejan de observarme. Mi corazón empieza a latir con rapidez, me alejo un poco de él, mi corazón esta tan acelerado que temo que lo escuche latir—. Gracias por siempre estar para mí.  

Siento la garganta seca. Voy, voy a entrar. 

—De acuerdo —acepta sin dejar de mirarme—, mañana hablamos. 

Asiento con la cabeza y camino hasta la casa, cuando la puerta se cierra detrás de mí, apoyo mi espalda y dejo escapar un profundo suspiro. Coloco una mano sobre mi pecho sintiendo mi acelerado corazón, podría jurar que aun siento sus dedos en mi mejilla. 

****** 

  

María Fernanda:

—¿Está segura de lo que está diciendo? —Me pongo de pie al escuchar sus palabras—, Hablaré con ella. 

Cuelgo la llamada y dejo el teléfono a un lado. No puedo decir que me extraña lo que me ha dicho la señora Rebeca, cada vez que Vanessa me hablaba de ese bebé podía ver como se iluminaba, pero ¿Será bueno que ella quiera adoptarlo? ¿Será correcta esta decisión?  

—¿Qué ocurre, nena? —Las cálidas manos de Gonzalo pasan por mis hombros—, ¿Por qué tienes esa carita?  

Niego con la cabeza y giro. Apoyo mi cabeza en su pecho y paso mis manos por su cuerpo abrazándolo.  

—Dime que todo estará bien —susurro contra su cuello. Siento sus brazos presionándome contra él. 

—No sé lo que te tiene así —susurra contra mi cabello—, pero te aseguro que todo estará bien, solo debes tener un poco de fe.  

» Cada cosa que es como tiene que ser, siempre hay un motivo para todo, solo debemos esperar para ver el porqué.  

Uhmm. —Cierro los ojos y aspiro su aroma—. Hueles rico, esposo.  

—No tanto como tu —responde pasando su nariz por mi cuello. 

—Gracias por tus palabras —digo—, cada día estas más sabio. Es bueno que mi sabiduría se te haya pegado un poco. 

—Y ahí está mi nena —carcajea besando la punta de mi nariz—, voy a ver que están haciendo esos dos terremotos.  

Cuando sale del cuarto vuelvo a coger el teléfono y le escribo a Lizzy para contarle los planes de Vanessa y le pido que venga a mi casa. Después le escribo a Vanessa diciéndole que se reúna con nosotras.  

Quiero saber lo que pasa por la cabeza de mi amiga.  

***** 

  

Vanessa:

Guardo el teléfono en bolsillo de mi pantalón y cojo las llaves de mi auto.  

—Papá —llamo desde el final de las escaleras—, ¿Dónde está mamá? 

—Aún está en la oficina —responde bajando el periódico que había estado leyendo—, tenía que terminar unos diseños.  

—Iré a la casa de Mafer —Me acerco y le doy un beso en su frente—. Ella y Lizzy están esperándome.  

—Maneja con cuidado, pequeña. 

—Lo haré. 

Estaciono frente a la casa de mi amiga, antes de poder tocar el timbre la puerta se abre mostrando a mis dos amigas con sonrisas forzadas en sus rostros.  

Si tengo que adivinar diría que mi mamá no pudo mantenerse para ella nuestra conversación.  

Entro cerrando la puerta detrás de mí.  

—Hola chicas —saludo mirándolas con diversión.  

—Hola cariño —responde Lizzy. 

—Vamos a mi cuarto —demanda Mafer empezando a subir las escaleras.  

—Hola chicas. —De la puerta de los mellizos se asoma Gonzalo—. Es bueno verlas juntas. Seguramente tienen muchos chismes calientes y suculentos por contarse. —bromea—. Así que me llevare a mis dos ternuritas al jardín.  

Entramos a la habitación de Mafer, las tres nos acomodamos en su cama. 

—Bien, disparen —digo con franqueza—, puedo ver por sus expresiones que ya saben todo.  

Ambas lucen sorprendidas. 

» ¡Vamos chicas! Las conozco como la palma de mi mano, sé que se mueren por hablar de eso.  

—Si, es verdad —ríe Lizzy para aligerar el ambiente—. Atrapadas.  

—Cariño —dice Mafer con suavidad—, ya nos enteramos que quieres adoptar al bebé que encontraste.  

—Así es —asiento—, y estoy segura que mi dulce madre fue la que te lo dijo. 

—Ella solo está preocupada por ti —interviene Lizzy. 

—Sé que es así —aseguro—, y también sé que ustedes se preocupan por mí. Pero no tienen por qué hacerlo.  

—Nos da miedo que estés buscando algo a que aferrarte para no pensar en tu dolor.  



Nicole. G.R

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En el texto hay: bomberos, amor y dolor, amor y romance

Editado: 14.11.2020

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