Auro

CAPÍTULO X

Me senté en la grada con muchas dudas y aún sin poder entender lo que estaba pasando. Pero bueno, estando con Auro en realidad nunca podía entender nada de lo que pasaba. Él era tan impredecible y yo tan simple.


 

Auro se sentó a mí lado y comenzó a remojar las gasas con el agua oxigenada. Me miró y pidió que le diera mi brazo herido, a lo que me negué rotundamente. La malévola gasa estaba lista para hacerme sufrir.


 

—Vamos, confía en mí, no dolerá —insistió mirándome a los ojos.


 

Y entonces le entregué mi brazo derecho, aunque por dentro quisiera entregarle mi ser entero. Definitivamente era imposible decirle que no a esos hermosos ojos de color indefinido. Estaba asustada, por lo que cerré los ojos fuertemente esperando sentir el insoportable ardor del agua oxigenada entrando lentamente a mis heridas, sin embargo, no sentí nada de eso. Solamente podía sentír un delicado toque helado en mi brazo y no era molesto en lo absoluto. Abrí uno de mis ojos para ver si Auro ya había comenzado a curar mis heridas y me tope con una imagen que hizo que mi corazón se derritiera. Auro estaba siendo realmente cuidadoso con mi herida, dando pequeños y suaves toquecitos que apenas y podía sentir. Después de un rato, terminó.


 

—Supongo que ahora sigue tu pierna —habló antes de arrodillarse en la grada de abajo para estar a la altura de mis rodillas.


 

Revisó la apertura de mi pantalón y la herida en mi muslo exterior. Tomó otra de las gasas y tomó mi muslo con su mano antes de comenzar a desinfectar. Su cálido toque me puso alarmantemente nerviosa y claramente él lo notó, pero aun así, no soltó mi pierna de su agarre. En un instante alzó la mirada hacia mí y nuestros ojos se encontraron, pero ninguno de los dos supo qué decir y se convirtió en un momento algo embarasozo, debido a que claramente me sonrojé.


 

—¿Por qué haces esto por mí si tú mismo has dicho que no somos amigos? —Le pregunté tratando de matar el incómodo silencio que había entre los dos.


 

—Te lo dije, no quiero que vuelvas a buscarme. No voy a estar ahí para salvarte la próxima vez, ni de ti misma, ni de Matthew, ni de nadie. ¿Querías acercarte a mí? Aquí me tienes, curando tus heridas.


 

—¿Por qué quieres que me aleje de ti? Sólo intento ser agradecida por lo que has hecho por mí.


 

—Desde la primera vez que te acercaste a mí te pedí que no me agradecieras, sólo que no te me volvieras a acercar.


 

Finalmente terminó con mi pierna y al momento de soltarla un cálido y ligero roce con las yemas de sus dedos causó que me estremeciera por completo. Estaba más que segura segura de que lo había hecho a propósito.


 

—Pues es todo, no tengo más heridas —dije para intentar ocultar mi nerviosismo ante su toque.


 

—¿De qué hablas? ¿Y ese enorme raspón en tu cara lo dejarás así?


 

Sin darme cuenta, Auro ya estaba a tan sólo unos centímetros de mí, desinfectando un raspón en mi rostro que ni siquiera había notado. Estaba tan cerca de mí que no pude evitar perderme en sus labios, recordando el sabor de ellos y pensando en lo que daría por volver a probarlos aunque fuera un segundo.


 

—¿Por qué no me quieres cerca, Auro?


 

Soltó aire.


 

—Sólo no me busques. Siempre he sido una persona solitaria y me frustra el compartir tiempo con alguien. No es muy difícil de entender.


 

—Lo es para mí. ¿Acaso todo esto es por los rumores?


 

—¿Te refieres a los rumores de que soy un mafioso? ¿O a los rumores de que me he metido con la mitad de las actrices de hollywood y por eso creo que nadie en esta escuela me merece? ¿O a los rumores sobre si he estado en prisión? ¿O cuando me metí en la relación de Miley Cyrus y Liam Hemsworth y causé que se separaran? Vamos, la gente inventa cosas locas sobre mí cada día. De hecho, no dejan de sorprenderme.


 

Ahí entendí que Auro era tan famoso en la escuela que el último rumor que podía importarle era el de si estábamos saliendo o no. Probablemente ni siquiera había llegado a sus oídos.


 

—Olvídalo —mascullé.


 

—Pero si te refieres al rumor sobre tú y yo, despreocúpate, no me interesan los rumores.


 

En un momento sentí como Auro hizo un poco de presión en la herida de mi rostro, causando que inconscientemente me quejara.


 

—Lo siento —habló e hicimos contacto visual por unos cuantos segundos hasta que yo aparté la mirada.


 

Noté como llevó su mano a la bolsa de sus jeans y comenzó a esculcar hasta sacar una pequeña curita transparente de ella. Quitó el adhesivo y sin dudarlo, la colocó con cuidado en mi herida. Solté una leve risa ante la situación, por dentro estaba muriendo de ternura y no sabía si viviría para contarlo.


 

—¿De pronto eres enfermero? —Jugué entre mi disimulada risa.


 

—Bueno, se aprende después de tanto. He curado mis propias heridas desde siempre. Nunca he necesitado de un enfermero o un médico y no lo necesitaré.


 

Lo que Auro acababa de decir me hacía entender que resultaba herido frecuentemente. Se sabía que era un «chico malo», pero ¿por qué se lastimaba tanto?


 

—¿Sueles estar mucho tiempo en peligro? —Me atreví a preguntar.


 

A juzgar por su cara, mi pregunta lo incomodó demasiado, así que prefirió simplemente ignorarla. Aquel pareció ser un tema que no quería tocar.


 

—He terminado.


 

—Gracias por ayudarme, Auro —le respondí en voz baja al ver como se ponía de pie dispuesto a irse.


 

—Si realmente quieres agradecerme, sólo deja...


 

—De buscarte —dije terminando la frase por él—. Entendí.


 

Él asintió levemente con la cabeza y comenzó a bajar más gradas para alejarse, dejándome ahí, sola. Bajé mi cabeza pensando en cómo sería posible no acercarme a Auro. Había soñado mucho tiempo con poder intercambiar palabras con él y después de todo lo ocurrido, sólo quería seguir acercándome. No sabía cómo diablos iba a contener mis enormes ganas de tenerlo cerca de mí.



Gabe Merin

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En el texto hay: misterio, mafia, badboy

Editado: 18.12.2020

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