Bastián Castell

Capítulo 13

El sonido del silbato sobre la cubierta llamó la atención de todos, es una señal a la que acudieron de inmediato. Marcela, la capitana pirata observa el mar con desesperanza y molestia, colocaba sus manos en su cintura y contemplaba una y otra vez el océano con su catalejo, como si un cambio pudiera suceder mientras ella se encuentre distraída. Arruga el ceño sin decir palabras.


—¿Pasa algo? —preguntó Bastián preocupado llegando detrás de todos.

 

Marcela sin responderle revisó el mapa y luego se lo pasó en sus manos.

 

—¿O las coordenadas están mal o Asterus no pudo interpretar bien las señales? —haciendo referencia a lo que vio utilizando a Valentina.


El hechicero revisó el mapa, la verdad que con su mala orientación no podría asegurar que están en el lugar que indica el mapa, pero si esa mujer que es una experta navegante, como muchas veces le ha dicho Asterus, dice que están en el lugar es porque es así.

 

—Estoy seguro de que son las correctas —arrugó el ceño el morfog acercándose al mar.

 

—La ciudad debe estar en el fondo —exclamó el hechicero cerrando el mapa y asomándose a la orilla del barco.

 

—Vamos a averiguarlo —exclamó Asterus sonriendo con ansias saltando al mar.

 

Solo bastó un par de segundos para que un enorme ser alado, semejante a un dragón, emergiera del agua. Asterus dio un fuerte gruñido hacía Bastián. El hechicero de un salto se subió a su lomo. Subieron al cielo y tomando vuelo ambos se hundieron en las aguas del océano al mismo tiempo que Bastián con su magia formó una esfera de cristal alrededor de ambos para permitirles respirar bajo el agua.

 

En el fondo la claridad del sol les ayudó a tener algo de visibilidad, lograron avanzar cruzándose con innumerables especies marinas, extrañas y enormes. Enormes algas de tonos coloridos que poco a poco tornaban a un tono más verdoso. A medida que siguen avanzando la luz se hace más escasa hasta que la oscuridad obligó al hechicero a generar una luz desde su mano y poder ver algo, a diferencia de Asterus que cuenta con su visión nocturna, Bastián no le queda otra opción. Siguieron avanzando hasta ver en el fondo unas sombras que ya no parecen solo una formación de rocas, Asterus las rodea y pueden notar que son ruinas de lo que fue una ciudad, pero el hechizo utilizado por Bastián, la esfera de cristal, debido a la presión del agua comenzó a resquebrajarse por lo que no pudieron explorar más y se vieron obligados a volver a la superficie. 

 

Ante la mirada de curiosidad de quienes están en el barco, apenas los vieron aparecer, ambos movieron la cabeza en forma negativa. Bastián subió a cubierta y Asterus tuvo que conformarse con bajar al mar, transformarse y subir a un bote cubriéndose con mantas, ya que su ropa la había roto al transformarse en su forma no humana.

 

—¿Cómo les fue? —preguntó la pirata con seriedad.

 

—Ahí está —señaló el hechicero apenas se subió a cubierta—. Pero no hay forma de alcanzarla, es demasiado profundo, ni con un hechizo logramos acercarnos.

 

Le pasaron unos paños para que se secara mientras Asterus subía ahora a la cubierta con la misma expresión preocupada del hechicero. 

 

—Ni siquiera en mi transformación pude avanzar más —agregó observando a la pirata. Quien al escucharlo cruzó los brazos con fastidio.

 

—O sea no hay forma como llegar a la ciudad y mucho menos alcanzar el tesoro que buscan —resumió caminando de un lado a otro.

 

—Debe haber alguna forma de llegar a ese lugar —Valentina intentó encontrar la lógica de esto—. ¿Si no porque el Oráculo nos mandaría a buscar algo en una ciudad inalcanzable?

 

—Tal vez buscaron dejarlo en un lugar donde nadie pudiera tomarlo —Bastián endureció la mirada desalentado ante esta idea.

 

—No, eso no debe ser así —valentina lo contempló con fijeza—. Debe haber una forma de llegar a ella. 

 

 

Mentalmente repitió las palabras del oráculo "emerge el reino cada noche de Luna llena roja, castigando a sus habitantes, ahogándolos inclemente e imperturbable. Bajo los ojos de la oscuridad, bajo el fuego y calor del soberano, en su corazón, en el centro de todo está el tesoro. Resguardado por su reina, que celosa busca en otros lo que perdió."

 

—Emerge el reino cada noche de Luna llena roja —repitió en voz alta—. ¿Hay Luna roja un día de estos?

 

—¿Luna roja? —repitió Marcela pensativa—. Nunca he escuchado sobre eso.

 

La verdad es que en todos sus años navegando no había escuchado de una Luna roja. Valentina observó esperanzada a Asterus, si alguien sabe de leyendas podría saberlas él.

 

—No me mires así, linda, solo vi la luna roja cuando pude ver a través de ti la desgracia de Vestania, antes de hundirse, sus habitantes pudieron contemplar la luna roja, pero más allá de eso desconozco como apareció en esa ocasión —el morfog movió la cabeza hacia los lados.

 

—La luna roja es la Luna de los tristes amantes —habló el pirata más viejo de la tripulación, en forma melancólica. Se apoyo en uno de los barriles de frutas y sacando una manzana se quedó en silencio sin agregar más palabras.

 

Todos giraron a verlo. Marcela, la capitana pirata se acercó a su lado pidiéndole explicaciones más claras. 

 

—Hay una canción, capitán, "La luna roja de los amantes desafortunados, la luz del dolor, la tristeza y la traición, la luna que calla y devora los pétalos de bermellón, observa desde el silencio las lágrimas de hiel, el llanto de odio y la soledad de un corazón roto. La luna de los amantes desafortunados solo se puede ver a través de los ojos de los muertos " —cantó el pirata una melodía triste—. Es una canción que solía cantar mi abuelo, el juraba que lo escuchó de las sirenas aquella vez que se perdió en el mar. 



A.L. Méndez

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En el texto hay: magia, hechiceros, romance

Editado: 02.12.2021

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