Incluso si cada minuto es vital para controlar una situación crítica, este escenario duró menos de lo esperado, por fortuna.
Para tranquilizarla, le conté a Elizabeth el porqué Alterium vivía en mi casa y cómo llegó aquí, obviando el hecho de que él era un rey, esto para evitar que tuviera más sorpresas que elevaran su grado de taquicardia. Alterium y el pequeño Arthur solo habían sido inquilinos tranquilos y de una personalidad encantadora; no podría decir ni siquiera una palabra mala de ellos, incluso si vivimos situaciones que revelaban parte de su verdadera naturaleza como demonios.
Eso fue muy evidente para Elizabeth, ya que estaba segura de que con esto todas sus sospechas habían sido resueltas como un juego de dominó.
Sin embargo, yo todavía tenía curiosidad sobre algo, Alterium tiene un sexto sentido aún más desarrollado que el mío. Era algo confuso el no haber notado la presencia de Elizabeth, incluso si fue algo que sucedió de forma espontánea. En medio de este ambiente tan silencioso, giré a ver a Alterium y mencioné una pregunta directa sobre ello:
—Alterium, tengo una duda. ¿No... lograste darte cuenta de su presencia?
Él de inmediato enderezó su postura.
—Estaba alistando el biberón de Arthur antes que despertase y estuve con mi apariencia original en ese instante, sabía que hoy solo eras tú quien entraría por esa puerta, así que no traté de averiguar que tenías compañía. Y me apresuré a saludarte, como era recurrente. Incluso yo no puedo creer que haya cometido tal error, bajé demasiado la guardia y me arrepiento de eso.
Di un corto suspiro.
—Así que fue eso lo que sucedió, además también estabas distraído. Incluso si buscamos un «podríamos», ya todo está revelado. —De inmediato giré a ver el estado de mi amiga—. ¿Cómo te sientes ahora Elizabeth? ¿La infusión de manzanilla te ayudó a calmarte?
—Sentí que había viajado al Infierno en un pestañeo y que había visto a la muerte misma. —Pasó saliva al mirar a Alterium—. Sin ofenderte, aún siento miedo de verte, pero puedo tolerarlo ahora.
—Solo ha pasado media hora, soy un demonio, pero puedo comprender tu reacción —respondió con una expresión tranquila.
—Un peculiar demonio, sin lugar a dudas. Entonces... Tú hijo también...
—Sí, lo es.
—Oh, Dios mío...
Mirándola con una expresión de culpa, no dudé en ser más sincera con ella.
—Primero, también quiero disculparme contigo Elizabeth, oculté esto de ti y te mentí. Pero sobre que él necesitaba refugio junto a su hijo, todo eso es verdad aunque parezca imposible. Y también que él es un demonio que no me haría daño.
Noté que sus gestos se suavizaron de a poco y suspiró unas cuantas veces antes de darme una respuesta adecuada, hasta que finalmente se atrevió a hacerlo:
—Si no conociera sobre tu particular don, pensaría por un momento que me lo dices para protegerlo, pero sé que no lo haces solo por eso, no harías tanto por alguien que no es importante para ti. Y ahora entiendo mejor lo que me dijiste aquella vez en el paseo que dimos juntos.
—Te dije cosas a medias...
—Está bien, ya está en el pasado. —Su expresión tímida y temerosa se endureció de repente al ver a Alterium, como si hubiera decidido hacerle frente—. Confío en las palabras de Lilian. Incluso si me dijo medias verdades para ocultar tu identidad, ella no estaría al lado de alguien que quiera dañarla. Claro que tengo mis prejuicios como humana, algo que no pensé tener sobre un ser que creía que era irreal, espero que me entienda.
—Te entiendo perfectamente, comprendo a los humanos más de lo crees. Y gracias por ser comprensiva conmigo.
—Si puedo preguntarte algo más.
—Por supuesto.
—Mencionaste que eras un demonio de alto rango, por fin creo entender un poco sobre tu formalidad al hablar. ¿Ante quién yo estoy hablando?
—No sé si sea buena idea decírtelo en este instante.
Definitivamente no lo es, Alterium.
—Para mí sería adecuado saberlo.
Mi cuerpo se preparó de inmediato, listo para actuar ante cualquier reacción suya.
Espero que no mencione la parte de su edad.
Como si la apacible presencia de Alterium hubiera sido abruptamente cambiada, incluso si todavía conservaba su apariencia humana, noté un rastro de autoridad en sus ojos. Así que su voz sonó más sombría y profunda:
—Soy el rey del Inframundo, alguien que lidera casi todos los reinos del Inframundo. Además de ser parte del control del equilibrio entre el mundo humano y el mundo demoníaco.
—Creo que se me bajó un poco la presión.
—¡¿Elizabeth?!
Solo me bastó alzar mi mirada hacia él, para que apaciguara su intimidante presencia.
—Estoy bien, estoy bien, solo fue un pequeño shock. Debió de haber sucedido algo realmente malo, para que alguien tan importante terminara nuestro mundo... —murmuró Elizabeth para sí misma—. ¿Debería mostrar más respeto al hablarte? Es decir, ¿no me maldecirás, verdad?
Una leve risa escapó de Alterium, tomándonos por sorpresa.
—No lo haré, no estés nerviosa —habló con un semblante más cálido—. Ambas se parecen mucho, veo que fuiste una gran influencia para Lilian, aunque Lilian fue un poco más directa cuando me conoció por primera vez.
—¿Fui demasiada directa? —pregunté avergonzada.
Alterium no dudó en contestar:
—Ese es tu distintivo Lilian, fuiste directa, pero siempre cuidaste de tus palabras y de ti misma. Y no es tan diferente para usted, Elizabeth.
Aquella oración me hizo pensar muchas cosas en mi mente.
Su primera impresión sobre mí fue bastante positiva, más de lo que creí, considerando que mi primera reacción no fue nada amable.
—No sé cómo reaccionar ante tal halago, pero siento a través de tus palabras el afecto que le tienes a mi querida Lilian. —Recalcó esto último con un poco de recelo, pero suavizó su expresión poco después—. Yo leo mucho el gesto corporal de las personas, incluso si eres un demonio, también puedo notar tu sinceridad. Así que como una humilde humana que acaba de conocer a una existencia tan importante, te ruego que sigas cuidando a Lilian por estos meses que aún te quedarás viviendo con ella. Claro que no puedo confiar completamente en usted en tan poco tiempo, así que déjeme ser un poco insolente y decirle, que tampoco permitiré que dañes a Lilian por ningún motivo.