Bésame

Capítulo 17

Le quitó la hoja a Steve y miro detalladamente las letras impresas. Hay alrededor de cuatro de direcciones, y no reconozco ninguna.

Miro al chico que se encuentra sentado al lado de mí, su vista está centrada también en la hoja.

—¿Ahora qué haremos? —Inquiero.

Steve clava sus ojos celestes en mí.

—Iremos a cada una de estás direcciones —Sonrie y yo le devuelvo el gesto.

Luego de salir corriendo por toda la escuela, después de aquella conversación con el tonto de Adam. Nos escurrimos hasta llegar a la parada de autobús más cercana y nos sentamos en la banqueta para analizar cada una de las direcciones que internet nos había brindado.

Lastimosamente, Steve no había traído su auto, y yo no tengo el permiso para conducir, mucho menos la llave de mí auto, por lo tanto nuestra única opción es el autobús.

—¿Qué sucede entre Clark y tú? —Pregunta Steve.

—Nada, solo somos amigos.

—Parece que él no piensa lo mismo.

Mí ceño se frunce pero prefiero no decirle absolutamente nada. No quiero hablar de Adam, no quiero. No deseo hablar de mí supuesto amigo que no es capaz de ayudarme, no quiero ni deseo hablar de ese idiota, maldito, imbécil de sonrisa perfecta, ojos hipnotizadores, cabello sedoso y ... Creo que me desvíe un poco.

Disimuladamente sacudo mí cabeza para sacar cualquier pensamiento referente a Adam, ahora sólo debo concentrarme en mí y en lo que puedo encontrar.

1ra dirección.

Después de veinte minutos de viaje en el autobús, veinte malditos minutos en los que tuve distintos traseros cerca de mí cara debido a que iba sentada, llegamos a un barrio muy lujoso.

Por lo que me había informado mí queridísimo amigo Steve, nos encontramos en la colonia más millonaria de nuestra humilde ciudad, en la cual cada casa estaba evaluada en más de cien millones.

Se podía notar bruscamente el cambio de ambiente, era como entrar a otro país, un país millonario.

Las casas eran enormes, guardan semejanza a palacios o quizás a la casa blanca. En algunas, debido a sus grandes ventanales, se podían ver sus carísimos muebles, candelabros y adornos que quizás sean de la más fina porcelana. Habían autos último modelo, parqueados.

Con cada paso que doy en este sitio, me siento más fuera de lugar, estoy segura que solo su césped equivale más que todos mis órganos juntos.

Seguimos caminando en completo silencio, bajo algunas miradas  curiosas de los adolescentes del lugar. El trayecto se me hace cada vez más largo y ya me muero por llegar.

—¿Cuánto falta? —Suelto, algo inquieta.

Él mira en todas direcciones, analizando el lugar.

—Quizás unos veinte minutos—Hago una mueca de disgusto y él la nota—. ¿Tan rápido te aburrí? —Su tono emana burla.

—No es eso, solo que...—Comienzo a mirar todo el lugar.

—Te sientes incómoda en este lugar—Asiento—.Está bien. Muéstrame de nuevo tu mapa.

Saca el papel doblado del bolsillo trasero de mí pantalón y se lo entrego. Lo escudriña y asiente. Agarra mí muñeca y me hala hasta quedar frente a una chica.

Su cabello rubio está recogido en una alta coleta, su rostro se encuentra cubierto por ligeras capas de maquillaje que hacen que sus ojos celestes resalten, y su cuerpo está enfundado por unos pantalones negros ajustados junto a una camisa azul de seda y unos tacones de aguja.

—Disculpa, nos encontramos un poco perdidos. Estamos buscando una cabaña que está cerca del cementerio, ¿nos podrías decir si estamos por la ruta correcta?.

La chica me escudriña con sus ojos, y hace una mueca de asco, pero la entiendo, a mí tampoco me agrada lo que visto. Cuando sus ojos se posan en Steve, sus dedos juegan con sus mechones rubios y una sonrisa coqueta abunda su rostro.

—Lo siento, guapo. Por aquí no hay ninguna cabaña cerca del cementerio, lo único que encontrarás cerca de allí será un centro comercial.

—Oh, diablos. Muchas gracias.

—Cuando quieras —La rubia le guiña un ojo y Steve le regala una sonrisa amable, una sonrisa sin otra intenciones más que agradecer.

2da dirección.

Treinta minutos de viaje, más traseros cerca de mí rostro y debo admitir que algunos apestaban.

Odio el autobús.

Está vez el lugar es muy distinto, el lugar es extremadamente pobre. No hay casas, solo pequeños edificios con pintura que se cae a pedazos, autos viejos, oxidados y algunos carecen de ruedas o de vidrios.

Hay varios grupos de personas sentados sobre la deteriorada grama, fumando sabrá Dios que cosa, y observando a dos intrusos que acaban de invadir su barrio.

En definitiva esto es peor que el vecindario donde llueve dinero.

—Mamacita, deja a ese renacuajo y ven con un hombre de verdad —Dice alguien y seguido se escuchan varias risas.

Bajo la cabeza y solo me dedicó a observar mis pies. Los comentarios se siguen escuchando pero cada vez son de distintas personas y son tipo: "ven aquí que te voy a enseñar lo que es un hombre", "quisiera ser plomero para destapar tu cañería, "pero que cosa tan sabrosa", y otros más que prefiero seguir ignorando.

Steve deja de caminar y hago lo mismo, lo miro un poco confundida y veo como se quita su sudadera que está amarrada en su cadera.

Se acerca a mí y mete mis brazos en las mangas, yo solo observo su acción como si fuera una niña chiquita, la cual no sabe vestirse sola.

Sube el cierre y cuando lo hace completamente, me mira directo a los ojos, nos quedamos así por unos segundos y entonces me sonríe dulcemente. Me coloca la capucha y me hala hacía él para envolverme en un dulce abrazo que me tranquiliza.

Luego de unos segundos me separo de él.

—Es hora de seguir —Le digo y él asiente.

Comenzamos a caminar y entonces siento su brazo rodear mis hombros y apegarme a él. No me opongo, de hecho me agrada, por lo que terminó rodeando su  cintura con mí brazo derecho.
 



Nefelibata

Editado: 27.09.2020

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