Blancanieves (cuento de Hadas #1)

Capítulo 5.

Capítulo 5: Cisne de cristal.

Estando sola en el jardín junto la piscina me hace sentir más vulnerable a las risitas y murmullos del escuadrón de Stacy, por lo que decido volver a la mansión.

En la espaciosa cocina hay una multitud bebiendo o comiendo lo que encuentran en las alacenas. ¡Vaya! Espero que a la familia de Martin no le moleste quedarse sin víveres. Aunque bueno, considerando que son lo suficientemente millonarios para costearse una casa de este tamano, algo tan simple como comprar alimentos no debe de ser ningún problema.

Cruzo la cocina y entro a la sala de estar. La música sigue siendo tan atronadora como recordaba, incluso tal vez más. Busco a Elise con la mirada, pero sé que es un caso perdido: ella ya se ha olvidado de mí para irse a bailar.

Parece que Stuarth me mintió: sí voy a estar sola.

Stuarth... mis ojos vuelan hacia las escaleras, pero ya no hay rastro de la parejita real, pero eso no es lo que me preocupa. ¿Por qué Stuarth me dijo que fue Elise quién le dio mi dirección y le contó que era mi tutor? O mi amiga se está haciendo la que no sabe o Stuarth mintió o yo confundí las cosas. Tal vez comer tanto helado afecta el cerebro.

La ausencia de mi tutor me hace recordar mis viejos planes de escape, por lo que sonrío y decido salir de la mansión y resolver cómo irme. Doy media vuelta para volver a la cocina, pero he sido rodeada de un gentío saltarín. Supongo que intentan bailar, pero parece más que están siendo electrocutados. Lo que causa estar ebrio.

De acuerdo, no podré salir por la forma fácil: debo salir por la difícil y atravesar el grupo de bailarines a mis espaldas. Me abro paso entre la pista de baile. La gente me empuja de un lado a otro, como si yo fuera una pelota de ping pong. Pero no me evitan salir de ahí, luego de un rato, y después de ser tratada como una bola de tenis, llego a un lugar menos concurrido. En esta parte de la casa han dispuesto los muebles mucho más cerca de la pared llena de ventanales y hermosas cortinas de seda.

Aquí también hay muchas personas, pero ya no se apretujan entre todos como si estuvieran en una lata de sardina.

Veo a un chico, un viejo amigo de clases de nombre Duffy, bailar con una pareja. Solo que su pareja es una planta de largas hojas dentro de una maceta. No puedo evitar soltar una risita. Él también está ebrio. Un poco más allá, arriba de un sofá color crema reconozco a una de las chicas celebradas: una jugadora de baloncesto, perteneciente al círculo interno de Stacy, llamada Lenah.

Desde dónde estoy puedo oírla intentar decir un trabalenguas.

—Des grites quigo tridal comen... no —se ríe—. Tres tridos comen drigues —suelta una carcajada aún más fuerte al no poder decirlo y algunas personas a su alrededor ríen con ella, más por la lealtad que le tienen que por causarles verdadera gracia.

Oh, qué sobrevaloradas están estas chicas. Las aman casi tanto como yo amo el helado de chocolate.

Me recuerdo a mí misma que no debo distraerme de mi objetivo principal: irme de aquí cuanto antes.

—Blancanieves —una vocecita aguda llama mi atención. Me giro para encontrarme con Lucy, otra jugadora más acompañada de otra jugadora, Julie. A pesar de que los ojos verdosos de Lucy me observan con suspicacia, es bastante simpática. Al menos la mayoría del tiempo—. Nos enteramos que Stacy será tu tutora.

Por supuesto que lo saben. Y de seguro el resto del colegio sabe que soy la única persona en el universo con seis tutores.

Pero, aparte de que me señalen lo obvio, me doy cuenta de algo más. Lucy y Julie no parecen nada borrachas. Más bien lucen demasiado sobrias.

Hum, aquí hay alguna trampa. Activo mi modo Sherlock Holmes y observo a las chicas con los ojos entrecerrados.

Recuerdo las palabras de advertencia de Elise y no puedo evitar preguntarme si el equipo de baloncesto ya estará planeando cavar mi tumba y estas dos serán las que me envíen a la muerte.

¡Oh, no! ¡Alerta roja! ¡No puedo morir sin antes haber terminado de ver mi maratón de películas!

Les muestro una resplandeciente sonrisa, intentando simular el nerviosismo que me dan.

—Sí y la verdad me alegra mucho que la gran Stacy Lambret sea mi tutora en Deportes. Ella es fantástica —tal vez añadí entusiasmo en exceso, y creo que ellas lo notaron. Julie y Lucy intercambian una mirada.

Muy bien, ellas no se han tragado mi actuación. Supongo que no seré la próxima Meryl Streep ni ganaré cientos de Oscares.

—Por supuesto, ella es genial —sonríe Julie fríamente, evaluándome con la mirada.



Any & Angie

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En el texto hay: humor, amistad, suspenso

Editado: 25.04.2018

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