Broken (bad reputation ll)

Capítulo 2


Evan

Estoy completamente convencido de que mi chica es tan fuerte, no sé cuántas veces durante los minutos del vuelo el doctor dijo que no aguantaría, pero sigue luchando por su vida. No sé por qué lo haga, por su familia, sus metas… por mí. No me he cansado de decirle que luche, porque sé que me escucha a pesar de tener los ojos cerrados. James nos recoge en el aeródromo y nos lleva a casa a toda velocidad, me anuncia que ahí ya está todo listo para recibir a Ada y darle la atención que necesita. Solo debe aguantar un poco más. 
Durante el camino no quito la vista de la ambulancia que va delante de nosotros y tontamente se me ocurre que si presiono con la mirada llegaremos más rápido. 
Mi niña, quisiera estar con ella, pero no me dejaron. Entre enfermeros y médicos la ambulancia ya tenía mucha gente.
—Cálmate, Evan —me dice James.
—Quisiera saber qué está pasando ahí dentro.
—No lo sabremos hasta que lleguemos a casa, alterado no lograras nada.
Aunque me moleste aceptarlo sé que tiene la razón, recuerdo que cuando Ada me dio la cadena de oro el día de mi cumpleaños dijo que teniéndola alrededor de mi cuello sentiría su presencia cuando estuviera lejos de mí. Si supiera que en estos momentos me estoy aferrando a un accesorio para sentirla en mí. Cierro los ojos un momento para recordar lo decepcionada que estuvo de mí al saber la verdad, su mirada cambió, ya no era la misma. Quisiera borrar ese momento de nuestra historia para siempre, pero no puedo. 
Me arrepiento de lo malo que hice desde que la conocí, incluso de no ser el chico que ella deseaba, de no ser detallista ni cariñoso cuando lo necesitaba. Prometo mentalmente a dios, si es que existe, que me regale una segunda oportunidad para hacerla feliz y ser el hombre que se merece. Los últimos días han sido un infierno sin Ada a mi lado, no quiero seguir viviendo así. 
En cuanto el auto se detiene en frente de nuestra casa me bajo, los enfermeros ya llevan algunos pasos de ventaja hacia adentro así que acelero el paso para ir con ella, tomo su mano fría y aprieto con fuerza para brindarle un poco de mi calor.
—Aquí estoy, no me falles Ada. Lucha.
Tengo que soltar su mano cuando Rubí los lleva hacia una habitación, no me dejan pasar y jalo mi cabello por la desesperación que tengo. Necesito que esté bien, no puedo quedarme con los recuerdos de lo que vivimos, necesito seguir viviendo a su lado. Es todo lo que pido. Mi padre sale de su despacho con un puro en la mano y me agarra el hombro, tengo vergüenza de que vea a su hijo de esta manera, el hijo en quien tanto confía.
—¿Cómo ocurrió? —pregunta.
—Fue a la cabaña, lo supe por el rastreador que puse en su celular. Rápidamente fui por ella, pero llegaron unos tipos, logré deshacerme de ellos, pero no eran solo ellos, hay alguien más detrás de este atentado —levanto la cara para verlo, aunque mis ojos se llenan de lágrimas y me es imposible visualizarlo bien hasta que salen y caen por las mejillas—. Esa bala era para mí, me querían matar a mí.
—Claro, porque matarla a ella no sería buena idea.
Es Mason, trae dos vasos de whiskey y me da uno, le doy un trago sin pensarlo porque lo necesito demasiado.
—Ada lo sabe todo.
—Nosotros también, Aron nos puso al tanto de lo que pasó.
Miro a Aron y baja la cabeza, sabe perfectamente que me siento enfadado por no haber cerrado la maldita boca.
—Como sea, lo único que quiero es que se recupere.
—Por supuesto —comenta papá—, por ahora es lo único que importa.
Rubí baja las escaleras corriendo y dejo que se acerque.
—Ya la están atendiendo, solo hay que esperar.
Esperar, la palabra que más odio, Aron y Bethany por fin entran a casa, ella saluda a mi padre y a Mason y por un momento envidio la relación que mi hermano tiene con esta chica, quisiera que lo mío con Ada fuera menos complicado y la aceptaran así de fácil como aceptaron a Bethany. 
—¿Se va a salvar? —pregunta ella.
—Está en manos de los doctores.
Abraza a mi hermano y yo decido retirarme, no soporto este maldito ambiente de desesperación y enfado.
—Necesito un cigarro.
Le doy el vaso con Whiskey a Aron y Miro a Rubí, ella sonríe levemente y sabe que la necesito más que a nadie. Me sigue unos segundos después, cuando llego a mi lugar prendo el cigarro y lo pongo en mi boca. Siento la presencia de mi cuñada detrás, no es necesario que hable para saber que está aquí conmigo, como siempre.
—No sé qué voy a hacer si ella…ni siquiera me atrevo a decirlo en voz alta. 
—Evan, cariño, lamento tanto decirte esto, pero tienes que ser fuerte. Ada llegó aquí muy delicada.
Niego con la cabeza al entender lo que quiere decirme, está insinuando que debo aceptar que de cualquier forma va a morir.
—Yo tendría que estar en su lugar, se sacrificó para salvarme ¿te das cuenta? ¿imaginas cuánto me ama que puso su cuerpo para salvar el mío? 
La última vez que ambos estuvimos en este lugar decidí dejarlo todo por ella, me he entregado a cada mujer que he querido, he rechazado a quien se me ha dado la gana, todo para llegar a este momento en el que estoy tan enamorado que duele, duele tanto. No debería ser así.
—Valdrá la pena ¿sabes por qué? Porque desde que ella recibió esa bala en su cuerpo tu no has hecho más que querer salvarla —me agarra la cara y es cuando me quiebro, ante ella no puedo fingir alguien que no soy, ni puedo ocultar mis sentimientos—. Escúchame bien, si ella se va vas a aceptarlo, te levantarás y darás gracias a dios por haberla puesto en tu camino y hacerte feliz.
—Dios no existe, si fuera así estas cosas no pasarían.
—Claro que existe, él les da las peores batallas a sus guerreros más fuertes. 
El cigarro se ha consumido entre mis dedos, como se han consumido los minutos y segundos que han pasado desde que esa bala se impactó en el cuerpo de Ada, quisiera tener el poder de regresar el tiempo y no haberme alejado de ella, intentar como fuera que ella no saliera de su dormitorio, aunque siguiéramos separados, no me importa. Pero que ella estuviera bien. 
Me limpio la cara y le doy una fumada al cigarro.
—Vayamos abajo.
Rubí asiente y tiro lo que queda de mi cigarrillo, al bajar todo sigue igual. Hasta Mason se ve preocupado, sé que está así porque quiere saber el paradero de todo ese dinero. De otra forma hasta estaría contento, así es él, todos los Taylor somos así. No importa lo que el prójimo sufra con tal de cobrar venganza, eso nos lo enseñó mi padre desde que éramos pequeños. Quisiera borrar todo rastro de humedad que hay en mi cara, no quiero que vean que he estado llorando, insisto en que debo mostrarme fuerte ante los demás. Me siento en el sofá recargando los codos sobre las rodillas y frotando mi cara.
No puedo dejar de recordar su linda sonrisa y esos ojos verdes que me vuelven loco, quiero volver a verlos. Joder, me siento tan triste e impotente, ya no sé qué hacer para mantenerme quieto. Me pongo de pie, camino de un lado a otro y me vuelvo a sentar para volver a iniciar los mismos movimientos.
—¿Gustan algo de comer? Iré a preparar algo —pregunta Rubí y todos decimos que no.
—Yo te acompaño.
Bethany la sigue y cierro los ojos, no puedo pensar en comer en estos momentos. Vuelvo a ir a la terraza a fumar y a seguir atormentándome con mis oscuros pensamientos y remamientos y cuando bajo el doctor está en el salón con todos, bajo tan aprisa que el aire casi se me va.
—¿Cómo está? Dime que sigue viva.
—Estamos haciendo lo humanamente posible, logramos localizar la bala, pero perdió demasiada sangre y no podemos continuar sin una transfusión ahora. Nos estamos arriesgando a mucho y no hay tiempo que perder.
—Yo le dono la mía, es más, quítenme toda la sangre y dénsela a ella. Pero sálvenla.
Mason empieza a alegar que no lo haga, pero no quiero escucharlo ahora.
—Yo también deseo donarle mi sangre, si es que les sirve.
Se ofrece Rubí y después me toma de la mano.
—Estás loca, no voy a dejar que hagas esa tontería.
Rápidamente se opone Mason, pongo los ojos en blanco y me preparo para la pelea que van a tener en este momento y frente a todos.
—Se trata de salvarle la vida a Ada ¿no lo harías por mí?
—Por supuesto, por ti, por ella no. Así que desiste de esa tontería.
—Pues no voy a desistir.
—Basta —interviene mi padre—. No puedo creer que te estés comportando como un idiota, Mason. No tenemos tiempo de estar discutiendo, si es necesario yo también quiero donar de mi sangre.
Mason se pone de todos los colores y no le queda más remedio que guardar silencio, quedándose con los reclamos guardados porque nunca se atrevería a levantarle la voz a papá.
—Afortunadamente tiene un tipo de sangre común, vengan conmigo.
Los tres seguimos al doctor y nos llevan a la habitación en donde está ella.



Jacqueline Pereyra

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En el texto hay: mafia, romance, celos

Editado: 16.11.2020

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