Broken (bad reputation ll)

Capítulo 3

 

Evan

En estos momentos agradezco tanto la familia que tengo, todos se quedan conmigo sin importar lo cansados que puedan estar, el único que replica un poco es Mason, pero sé que con el tiempo terminará de aceptar esto que siento por Ada. La quiero tanto, no puedo pensar en otra cosa, ella habita mi mente las 24 horas del día y anhelo que pronto pueda levantarse de esa cama.
Mientras todos duermen sobre los sillones yo recuerdo cuando entré en esa habitación justo en el momento en que trataban de darle reanimación, me sentí tan impotente y muy asustado. Las enfermeras intentaron sacarme, pero no pudieron, me acerqué a ella y le rogué que no se fuera, que no podía dejarme ahora que la había encontrado, y con ella la felicidad plena. 
Quiero borrar eso de mi mente para siempre, quiero olvidar esto que está pasando y todo el dolor que tengo.
Bethany regresa con una taza de café en sus manos, suspira y se sienta a lado de Aron, él se queja, pero se acomoda bien poniendo la cabeza sobre las piernas cruzadas de su novia.
—Este silencio me está haciendo mal, mucho más que el café. Llevo tres tazas y contando.
Le sonrío sin ganas y me levanto del sillón, camino hacia el gran ventanal y me recargo, está a punto de amanecer. Ha sido la noche mas larga de toda mi vida. 
—Tu cuerpo está lleno de cafeína como el mío de tabaco.
Agarra con cuidado la cabeza de mi hermano y lo recuesta sobre el sofá para ponerse de pie y caminar hacia mí, me agarra el hombro y suelta un suspiro.
—Ada es la chica mas fuerte que he conocido, la admiro tanto. Siempre le dije que de grande quería ser como ella. 
Sonríe y sus ojos se llenan de agua, me cuesta tanto ver a Bethany así, desde que la conozco no guarda silencio ni ha dejado de decir tonterías, hasta ahora.
—¿Crees que sobreviva? —me atrevo a preguntar.
Sacando el miedo que tengo de que eso no pase.
—Tiene que ser así, no puedo quedarme sin mi mejor amiga. 
Y yo sin la mujer que amo. Porque sí, la amo y no veo la hora de que despierte y pueda decírselo. Cuando comienzo a perder las esperanzas la enfermera me las regresa, todos siguen dormidos aquí, estamos solo Bethany y yo.
—¿Cómo está mi amiga? —pregunta Beth, ansiosa.
—La señorita está delicada, pero por fin pudimos estabilizarla. Tiene un poco de fiebre ahora, pueden pasar a verla solo un momento.
Después de tantas horas de angustia mi corazón recibe reanimación y vuelve a la vida, ahora solo necesito verla y que se recupere para que mi corazón también lo haga. Mis pasos hacen eco mientras llegamos a la habitación, a pesar de que voy lo más rápido que puedo siento que voy tan lento y que la puerta se aleja cada vez más de mí. Necesito llegar, tengo que hacerlo.
No sé si mi cuerpo es el que no está respondiendo, pero Bethany llega más rápido que yo. Al lograr entrar y ver a mi chica tumbada en esa cama se me hace pequeño el corazón.
Maldita sea, ya no quiero verla así. Está conectada a tantos cables y con un respirador, si ella no responde y se recupera pronto el que se pondrá mal seré yo. Tomo su mano, está tan fría que me nace darle calor con mi propio cuerpo, Bethany está del otro lado de la habitación tratando de controlarse, pero no puede dejar de llorar porque es mas fuerte lo que siente. 
—Estoy aquí, mi amor. 
Mueve los parpados y me estremezco, Beth se acerca y le agarra la otra mano para animarla a reaccionar. Entre abre los ojos, no estoy seguro si me ve, pero sonríe y automáticamente lo hago yo también.
—Evan —murmura y siento que regreso a la vida.
—Sí, soy yo. 
—Eres el rey de mi corazón. 
Dice con voz tan suave, pero alcanzo a escucharla perfectamente. Mi niña ¿Quién lo iba a decir? Hace unas semanas atrás la aborrecía y ahora no imagino mi maldita vida sin ella. 
—Recupérate pronto para que podamos cumplir nuestros sueños juntas, no pienso hacerlo sin ti ¿me oyes? 
Ada vuelve a sonreír después de escuchar a Bethany y cierra los ojos. El doctor entra y nos pone al tanto del estado de salud de Ada.
—Su estado de salud sigue siendo crítico, aun no podemos decir que está fuera de peligro, sin embargo, ha habido una mejoría. Estamos tratando de eliminar la fiebre, esperemos a ver cómo reacciona las próximas horas.
—¿Puedo quedarme aquí con ella?
—Sí, siempre y cuando la dejes descansar y a nosotros hacer nuestro trabajo.
Sé por qué lo dice, me puse necio mientras la intervenían, pero necesitaba saber que estaba bien.
—Haré lo que me pidan.
—Entonces está bien.
Bethany sale a avisarle a los demás que Ada está un poco mejor, lo hace muy emocionada al igual que yo. A partir de ahora no voy a moverme de aquí bajo ninguna circunstancia. Arrastro el sofá hacia a lado de la cama para estar mas cerca de ella, mirarla, tocarla y sonreír porque está viva, está aquí conmigo y voy a hacerla feliz hasta que ella me lo permita. Y sobre todo la protegeré, esto no volverá a pasar.
La puerta hace un rechinido y Rubí asoma la cabeza, entra y lleva con ella una manta. Se sienta a mi lado y la pasa por mis hombros.
—Debes descansar, cuando ella despierte y te vea de esta forma dejarás de gustarle.
Me arranca una sonrisa y le doy un beso en la frente.
—No me importa si dejo de gustarle, cada día intentaré reconquistarla porque la amo. Rubí, la amo y haré cualquier cosa por ella.
—Estoy tan feliz por ti, te ayudaré en lo que pueda. Te lo prometo.
Me recargo en su hombro y me abraza tan fuerte que calienta mi cuerpo y me quedo dormido. No sé cuanto tiempo pasa, pero siento que solo cinco minutos, abro los ojos y miro el reloj de la pared. Son casi las doce del mediodía, Ada sigue dormida y yo acostado sobre el sofá, ni siquiera recuerdo como fue que me acomodé para quedarme dormido, me duele el cuello y las piernas un poco por la mala posición, tengo sed y también tengo dolor de cabeza. Pero nada de eso me interesa, solo ella. Toco su frente para darme cuenta que la fiebre a aumentado, salgo de la habitación en busca del doctor, pero me detengo cuando en el pasillo me encuentro a Elizabeth con una sonrisa cálida. 
—¿Qué haces aquí? —pregunto.
—Supe que regresaste, no me has llamado.
—Tengo cosas importantes qué hacer, lo lamento. 
Me sorprende que esté aquí, pero no me molesta. Fue por mí que se llevaba excelente con mi familia, ahora no puedo cambiar eso. Paso a su lado, pero me agarra del brazo, pone los ojos en mis tatuajes y vuelve a sonreír.
—Aun tienes mi tatuaje, eso significa que no me olvidaste.
—Por favor Elizabeth, no tengo tiempo para esto.
—Dime como es ella y qué hizo para tenerte así, fueron cinco años de relación entre nosotros, Evan. ¿Me olvidaste de la noche a la mañana?
No, no, no tengo tiempo para el maldito drama. Me froto la cara y grito.
—Te dije que no tengo tiempo, si quieres otro día hablamos de lo que quieras.
—Por favor, bebé, hablemos.
Me odio, en serio, y mas en el momento en que la veo a los ojos y me causa tanta lastima que accedo, sé que no se merece que la trate mal, ella menos que nadie después de todo lo que me dio.
—Está bien, espérame en mi lugar en media hora. 
Sonríe y asiente, con esto solo quiero que entienda que no volveremos a estar juntos, deseo que esté bien y que encuentre a alguien más, que deje de tener falsas ilusiones de que algún día regresaremos. Gira sobre sus pies y camina por el pasillo, cuando la veo bajar por las escaleras busco al doctor, esa fiebre que tiene Ada no me gusta. Va a revisarla y me pide que aguarde afuera, con lo que me encanta esperar, sí, estoy siendo muy sarcástico. 
***
Si existe alguien, a parte de Rubí, que me conozca tan bien esa es Elizabeth. Sabe perfectamente que este es el lugar en donde corro cuando necesito estar solo, porque es aquí donde encuentro paz. Está ella sentada sobre la arena, el viento alborota su cabello y lleva un vestido blanco. Se ve muy bonita, hace un rato que la vi en casa no pude apreciar lo bella que se ve el día de hoy. Me siento a un lado de ella y suspiro.
—Estaba empezando a creer que no vendrías.
—Por favor, no hagas drama. Sabes que lo detesto —digo sin dejar de ver al frente.
El mar y en lo alto del cielo el sol.
—Solo quiero saber si en verdad ya no sientes nada por mí.
—Siento muchas cosas por ti, vivimos momentos increíbles, pero ya no podemos estar juntos —volteo y la miro a los ojos—, te quiero porque formaste parte importante de mí, por eso quiero que salgas y busques a alguien que pueda darte lo que yo no puedo. Eres una mujer maravillosa, mereces lo mejor.
—Yo te quiero a ti, Evan, ¿Por qué no puedes ponerte en mis zapatos? Te di mi vida, imaginaba mi futuro a tu lado, amo a tu familia.
La agarro de las mejillas y ella cierra los ojos, después empieza a llorar y me siento tan mierda porque le sigo haciendo daño, a pesar de haberme jurado que no lo volvería a hacer.
—Perdóname —murmuro y le doy un beso en la frente, me abraza y llora en mi hombro.
Así como ella me conoce muy bien, yo también la conozco perfecto y sé que está así porque sabe que estoy con alguien más, sé que es difícil de entenderlo, ni siquiera yo sé cómo pasó. Pero Ada está dentro de mi piel y no lo puedo superar.  
—Por lo menos déjame permanecer a tu lado como una amiga.
No sé si sea buena idea que siga estando en mi vida, pero acepto. Solo espero que esto no me traiga consecuencias después



Jacqueline Pereyra

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#3158 en Novela romántica

En el texto hay: mafia, romance, celos

Editado: 16.11.2020

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