"Cambiar por Ti"

Capítulo 20

Narra Safira:

No puedo dejar de sonreír. 
Me gusta Sergio, y esto no es de hace unos días, sino de unos años atrás.

Había cumplido dieciocho años cuando lo vi por primera vez. Venía sólo. 
Nuestras miradas se cruzaron, y desde ese momento sentí algo por él. Creí que fue por primera vista, pero no, su mirada decía una cosa y seguro que la mía igual.

Después todo fue rivalidad, nunca más sucedió como esa vez, a lo mejor porque teníamos diferencias o por lo que implica nuestro papel de jefes de la mafia. No sé.

Cuando llego a la mansión, borro mi sonrisa al ver a Stéfano enojado, muy enojado.

—¿Pasa algo?

—Lo que debería preguntarte.

—No entiendo...

—Así que Sergio y vos... tienen una relación.

¡¿CÓMO SABE?!

Lo miro confundida, trato de no mostrar mucho mi nerviosismo pero es imposible.

—¿De... de qué hablas? —ya me delaté.

—Deja de fingir. Total lo hecho... hecho está —levanta un hombro mostrando su indiferencia y sonríe con burla—. ¿No lo vas a admitir?

—No tengo nada que decirte.

—Si me debes explicaciones.

"Nosotros somos los jefes. No dependemos de nadie porque nosotros ponemos los límites y reglas..."

—¿Cómo? Yo no te debo explicación. 

Ríe y me mira serio. —Safira...

—Espera... yo soy la jefa. Yo soy la que te tengo que pedir explicaciones —su mirada cambia a una alterada—. Por ejemplo, ¿qué hacías siguiéndome?

—No te interesa.

—Claro que me interesa. 

—Mejor olvidemos el tema. Cada uno a trabajar —su tono de voz es frío y calculador. Me hace acordar como era cuando llegué aquí. 

Lo veo subir las escaleras e irse para el lado de su oficina.

¿Por qué ha estado haciendo eso?, ¿no le quedó claro?
 


—Lo nuestro se terminó. No sé por qué ahora se enoja y me trata así. 

—A lo mejor a él no le quedó claro o no quiso aceptarlo. 

—Pero es que debería —soba mi espalda dedicándome una mirada compasiva.

—Pronto se arreglarán, ya verás. 

Suspiro y sonrío de lado. —Capaz...

Estamos en la cocina con Vela hablando. No pude dormir, y ella sigue ordenando todo. Es increíble esta mujer.

Aparece Clear muy cansada. 

—Es mucho para administrar. Aún no termino. 

—Debes acostumbrarte.

Me mira mal y yo me rio. —Sabes que esa palabra no está en mi diccionario. 

—Pues la debes adherir. 

—Ya veremos. 

—No puedo dormir, déjame que termine y vos ve ayudar a Vela —su rostro se ilumina y asiente energética.

—Gracias.

Las veo irse y yo sigo pensando.

¿Por qué debe pasar esto?

Al día siguiente me levanto frustrada, apenas dormí y mi humor no cambia. 
Así que decido liberarme yendo a la sala de entrenamientos.

Disparo dos veces y fallo en mi puntería, lo hago nuevamente pero igual.

—Así no resuelves nada.

—Eso no es de tu incumbencia, Sebastián.

—Y bueno.

—No te metas.

—Estás apuntando mal. 

—Lo sé. 

—¿Entonces?

—¡No te metas! —apunto y disparo mal. Esta cosa ya no sirve casi.

—Así no —pone una mano sobre mi hombro derecho y la otra sobre mi mano sosteniendo el arma—. Tienes que relajarte, estás muy tensa, no tan alto ni tan bajo. Debes tener en cuenta en la posición que estás y el espacio entre el objetivo y vos misma.

Se aleja y me concentro. Disparo y doy en el blanco.

—Bien. Ahora más rápido. La agarras y has todo pero rápida. 

Hago lo que dice y lo logro. —Lo hice.

—Excelente. Eres una rápida aprendiz. 

—Si... —carraspeo mirando a otro lado—. ¿Por qué estás acá?

—Dijeron que podía entrenar para por lo menos hacer algo —camina por todo el lugar y agarra un par de pesas.

—Ah... me voy... debo trabajar.

—Nos vemos esta noche. 

Me detengo en la puerta y lo miro. —Esta noche... claro.

No puedo creer que haré tal cosa. Pero es por todos, debo tener en cuenta eso.

—Pase... —cedo la entrada quien estaba golpeando la puerta. 

—Safira, ven a descansar un poco.

—No puedo.

—Quiero que aclaremos de un tema.

Suspiro, dejo todo y miro a Clear. —¿Qué tema?

—Lo de mañana.

—Ah... ese tema...

—Y también debemos aclarar que pasará mientras vos no estés aquí. 

—Tenía todo pensado. Esta noche hablamos —se ve ansiosa.

Se empieza a escuchar disparos por toda la mansión.

Nos miramos preocupadas, cada una agarra su arma y nos dividimos.

¿Y esto?

Llego a las escaleras principales y veo a muchos de los nuestros muertos. En las puertas hay un grupo vestidos de azul, que están mirando a todas partes como si buscaran a alguien... si es...

—¡Cúbrete! —me empujan y disparan para el lado de nosotros.

Si no es Sebastián...

—¿Quiénes son? —aparece Stéfano.

—No lo sé. Pero parece que están buscando a alguien —aparece uno de mis guardaespaldas que está agitado sosteniendo dos armas—. Busca a los demás. Ahora.

Asiente y se va por otro pasillo.

Dejan de disparar y un silencio sepulcral se hace presente en toda la mansión.

—¿Lo encontraron?... sigan buscando.

Nos miramos sorprendidos... Clear está con ellos.

Stéfano nos hace una seña, lo seguimos y entramos a una puerta, luego a otra y bajamos unas escaleras, lo cuál lleva a la parte subterránea.

Reconozco esto, yo estuve aquí. Trato de no mirar mucho ya que he odiado a este lugar siempre. Llegamos a otras escaleras y al lado un ascensor.

—Entra al ascensor. 

—No.

—Nosotros iremos por las escaleras, si nos agarran, será para nosotros la mala —me miran esperando que acepte—. No te harán nada, no te encontrarán. 

—Pero... ¡ash! Apurense.

Suben rápido y yo espero un rato. Parece que fue horas, y a lo mejor pasaron segundos.



María Carrizo

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En el texto hay: decisiones, amor, dolor

Editado: 06.12.2019

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