"Cambiar por Ti"

Capítulo 27

Narrador Omnisciente:

Cada uno con el tiempo tomó su camino.

Los sentimientos, así cómo dijo Safira, los apartó.

Las mentiras que habían poco a poco se iban revelando, descubriendo las verdades que estaban ocultas. Aunque... no todas.

Las cosas iban mejorando. Los tratos, los negocios, todo seguía normal.

Safira junto a José, se encargaban todo para el próximo integrante de la mafia. El próximo Lombardi. Bueno, la próxima Lombardi.
Sí. Cómo ven, en las últimas ecografías pudieron ver que es una nena. Una, la cuál será parte de esta gran familia. La cuál se llamará Alejandra.

Ellos se seguían viendo a escondidas. Planeando todo para lo que próximamente será un gran golpe para los Fiore, un golpe que los llevará a la caída de su gran poderío.
En algo estaban seguros, los Fiore iban a caer, cueste lo que cueste.

La última vez que se vieron, creyeron que no volverían a verse. Pero para ellos nada es imposible. Cuando se proponen algo, lo cumplen.

No obstante, Stéfano también investigaba y seguía a Safira. Muchas veces la perdía de vista.
Eso le molestaba mucho. Quería saber que tramaba, que hacía cuando se desaparecía tres días cada dos semanas.

Él se propuso que sabría la verdad, sabría lo que Safira oculta y alguien más.

A José le costaba mucho tratar de atrasar todo lo que Sergio quería hacer a Safira. 
Claro que no se dejaría ver tan obvio sus acciones. Debía hacer las cosas con precaución y mucho cuidado, pues, un paso en falso y adiós a todo.

Él era ayudante de la hermana de Fiore, y el futuro "esposo" de Lara Fiore. Y si fuese el caso que por tal y tal motivo, se convirtiera en jefe de la mafia, la última parte se encargaría él. 
 

 

 





                                   ***
A todos muchos recuerdos llegaban cuando hacían cosas que los recordaban a sus pasados. 
Un sentimiento agridulce, que muchas veces ignoraban o se distraían con otras cosas para que no puedan atender ese asunto que los incomodaba mucho.

Un día, Safira estuvo fijándose en los archivos si las personas con las que hacían contratos, cumplían en tiempo y forma todo lo que se les requerían.

Por casualidad, un contrato no se estaba cumpliendo. Debían mucho dinero de hace meses, ellos le dieron un plazo y no lo cumplieron.

Ella se comunica con los encargados de este tema. En la tarde se reunieron y quedaron en que visitarían a esas personas en la noche.

Ya llegado el momento. Ella junto al encargado y otros guardias, fueron a ese lugar. Se quedó en el auto por seguridad, los otros arreglarían las cosas.

Mientras pasaba el tiempo miró que a alguien llevaban al auto de atrás.

"Otro que ha caído"  —pensó ella.

Al llegar a la mansión, observó que el otro auto aún no llegaba.

—¿Por qué no llegan?

Nadie le contestaba nada. Al rato llega el auto, ve que bajan a alguien. Se acerca y ve a una chica, que se ve justo a la edad de cuando llegó ella.

Trata de seguirlos pero la paran.

—Déjenme pasar. Tengo derecho. Soy la jefa —les dedicó una mirada fría y dura.

La dejaron pasar. Cuando llegó al lugar de castigos para las empleadas, escuchó a alguien que lloraba y gritaba.

"Es el daño que le hacen a las nuevas cuando su conducta no es la correcta" , las palabras de Clear hacían eco en su mente. Se repetían una y otra vez.

¿Qué debería hacer?...

Camina hacia el lugar en donde están y ve todo. La golpeaban para que hiciera caso. 
Observó a la chica, estaba toda sucia por la tierra de ese lugar, sangre en sus labios y nariz, un brazo ya no lo podía mover, y el llanto no lo podía controlar.

Algo en ella creció... un sentimiento de rabia y compasión. Una mezcla muy rara, pero fue lo suficiente para poder intervenir en el problema.

Sacó a las personas que la estaban maltratando. El sonido del lugar eran los llantos de la pobre chica.

Safira se inclinó un poco, en una mano tenía un pañuelo, y extendió su brazo, ofreciendo su otra mano para ayudarla a levantarse.

La chica aceptó su pañuelo. Una vez que se limpió el rostro, se quedó mirando a Safira.

Las dos se quedaron viendo una a la otra. Eran muy parecidas.

Safira se veía reflejada en esa chica. Sus ojos grises, su color de cabello castaño, tez blanca. Ella es muy parecida a cuando era chica.

—¿Cómo te llamas? —no contestaba, sólo la miraba—. ¿Cómo es tu nombre?

Volvió a insistir, pero nada.

—Uma —mira a Stéfano que está apoyado en la puerta—. Su nombre es Uma. Eso es lo que me dijeron.

Mira de nuevo a la chica que su mirada ya no es de terror como antes. —Uma, ¿me quieres acompañar?

Ella asiente y la ayuda a levantarse, pero se tambalea y cae.

Stéfano al ver lo que sucedía, toma la chica en brazos y salen de ahí. Sin que los vean, van a la parte de las habitaciones para las empleadas. En el camino se encuentran con Vela, no pierde tiempo y los ayuda.

La deja en la cama y se aleja. —Las dejo para que la ayuden.

Ellas se ocupan de curar sus heridas, traer ropa limpia y un poco de comida. Ya que lo que le había contado Uma, hace mucho tiempo que no comía. Sus padres la castigaban así. Encerrándola y sin comida.

Una cosa muy injusta.

—Pronto te adaptarás y estarás mejor.

—Gracias —les sonríe tímida y asiente.
 

                                 ***

De algo estaba segura, Safira. Un presentimiento raro sentía.

Y recordó su último sueño, lo cuál un escalofrío recorrió su cuerpo.

"Debemos estar preparados"

No sabía con certeza qué clase de situación estaba por pasar, pero que debían estar más atentos, era seguro.

 

 



María Carrizo

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En el texto hay: decisiones, amor, dolor

Editado: 06.12.2019

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