Camino a la realeza

Capítulo 12

La reina America me miraba asombrada. Yo no sabía dónde meterme. Era una situación realmente incómoda. Despertándome de mi estado de shock, me levanté y ejecuté una reverencia.

—Majestad —musité.

—Lady Madison, no esperaba verla aquí —dijo ella recomponiéndose.

—Maddie y yo estábamos jugando a tomar el té.

—¿Así que tomando el té? —dijo ella mirando a su hija con ternura— ¿Puedo jugar yo también?

¡No me lo podía creer! Definitivamente estaba soñando. Mientras su hija colocaba una silla para su madre, yo me pellizqué disimuladamente el brazo. Mierda. No estaba soñando.

La reina se sentó y continuamos jugando. Al principio me resultó una situación un tanto incómoda, pero enseguida me relajé. Resultó que la reina era muy divertida; hacia algunas cosas que me hacían reír, al igual que a Nayra.

—Mami, ¿sabes qué? ¡A Maddie le gusta bailar! —dijo la pequeña con ilusión.

Ella estaba sonriendo a la niña, para después girarse y sonreírme a mí. Parecía que esta feliz de ver que su hija sonriera.

—¿A si? —preguntó fingiendo sorpresa.

—Sí —afirmó ella—. ¿Podrías bailar para mí algún día antes del nacional? —me pidió con dulzura. Definitivamente, iba a secuestrar a esta preciosidad para comerla a besos.

No sabía qué contestar. Por mí, sí lo haría. Miré a la reina en busca de ayuda. Creo que ella se dio cuenta de la situación, porque dijo:

—Eso, Lady Madison. ¿Podríamos (Nayra y yo) verte bailar antes de los nacionales?

—Pues claro —contesté con una sonrisa dibujada en el rostro. Bailar me encantaba, pero bailar delante de personas me gustaba todavía más—. ¿Cuándo os vendría bien?

—Mejor dinos cuándo puedes tú.

—Normalmente, bailo cinco horas diarias, quitando hoy que solo he hecho tres. Así que…

—¿Haces cinco horas diarias de baile? —preguntó sorprendida Nayra. No pude evitar soltar una pequeña risita al ver la sorpresa dibujada en su rostro.

—¡Nayra! —dijo a su vez su madre—. No la interrumpas. Es de mala educación.

—Lo siento, Maddie —se disculpó ella con cara de no haber roto nunca un plato—. Puedes continuar.

—Como decía, tengo cinco horas de ensayo. Normalmente, bailo tras salir del instituto. No obstante, los fines de semana reparto las horas. Hago dos horas por la mañana y tres horas por la tarde. Aquí lo hago igual: dos por la mañana y tres por la tarde.

—¿Podríamos ir a verte el miércoles por la tarde?

Ni me lo pensé.

—Claro. Ensayo desde las cuatro hasta las siete.

—Muy bien. ¿Qué te parece si vamos sobre las cinco? —me preguntó la reina.

—Por mi bien.

Miré la hora en mi reloj de pulsera. ¡Eran casi las nueve! Mis doncellas me iban a matar. Se suponía que la cena era en media hora. Me tendría que ir.

—Será mejor que me vaya —dije mientras me levantaba.

Les hice una reverencia y me fui hacia la puerta. Un poco después de atravesarla, alguien me llamó:

—Lady Madison, ¿podemos hablar un momento?

Me giré para mirar a la reina America.

—Sí, claro —respondí.

Fuimos hasta el final del pasillo, donde había unos sillones. Allí nos sentamos y se instaló un pequeño silencio. No sabía lo que quería decirme. Estaba nerviosa, mucho; tanto que mis manos temblaban un poco. “Tranquilízate, Madison. Solo es una persona”, pensé.

—Gracias por entretener a mi hija, Lady Madison.

—Oh —¿así que era eso? —, no ha sido nada. Me encantan los niños.

Ella sonrió, algo aliviada.

—¿Tienes hermanos pequeños? —preguntó. Me sorprendí. ¿No sabía nada sobre mi orfandad?

—En el Moonlight —dije vacilante— hay cuatro niños más o menos de su misma edad. Normalmente, Lea y yo somos las encargadas de entretenerlos.



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En el texto hay: fanfic, romance, la seleccion

Editado: 01.11.2018

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