Camino a la realeza

Meses después

Mayo

Volví a respirar hondo.

Estaba temblando de puro nervio. Sentía que mi estómago tenía vida propia.

La muchedumbre vitoreaba y aplaudía con ganas, recordándome dónde estaba, a dónde había llegado gracias a mi duro trabajo y esfuerzo.

A mi lado se encontraban Sarah y las otras tres chicas junto a las que representaría al país en los internacionales: Kiara Snyder, Josefina Gómez y María Peck. Las cincos estábamos de los nervios, aunque a unas se les notaba más que a otras.

Todavía estaban bailando los bailarines que representaban a Francia. La verdad era que eran muy buenos; todos los representantes de cada país eran buenos, pero estos eran una pasada. Illéa tenía el número veinte, y todavía estábamos con el número diez. Esta espera sería una tortura; sin contar con que yo saldría la última de mi grupo. En total competían veinticinco países.

—Maddie, ¿cómo te encuentras? —quiso saber Sarah, mientras se alisaba el vestido azul que llevaba. El primer número que Sarah iba a ejecutar era el de simular ser una chica dulce. Para ello, iba vestida con un vestido azul, unas medias de color carne y los zapatos de baile. El cabello lo llevaba medio suelto con tirabuzones y un lazo azul celeste recogiendo unos cuantos tirabuzones, haciendo que su rostro pareciese el de una buena chica.

—Nerviosa, muy nerviosa.

Me miré en el espejo de cuerpo entero que había en la pequeña habitación que los italianos, el país en el que se celebraban los internacionales era Italia, nos habían proporcionado. Llevaba un vestido rojo y negro corto. La falda tenía mucho vuelo y parecía que llevaba un tutú. Al igual que mi compañera, llevaba medias de color carne para no morirme del frío que hacía y zapatos de baile. Mi cabello estaba recogido en un moño alto. Si hablábamos de mi maquillaje, era algo que nunca antes había llevado. Me había delineado los ojos de negro, había aplicado rímel, había dado forma a mis cejas y los labios los llevaba pintados de rojo sangre. Así mi rostro parecía más maduro y salvaje.

Sarah apareció reflejada también en el espejo.

—Estás… distinta —comentó ella.

—No me reconozco.

—Es que pareces salida del mismísimo infierno.

—Parezco una villana de cuento —bromeé.

Un pitido agudo nos sobresaltó a ambas. Se suponía que cuando los representantes de cada país terminaran, sonaría un pitido.

—Solo quedan nueve países —comentó ella.

—¡Cállate! No me pongas más nerviosa de lo que estoy —exclamé.

Fui hacia la otra parte de la habitación y empecé a hacer mis ejercicios de estiramiento, así me entretendría un poco. Y sí que me entretuve porque cuando terminé habían pasado dos números. ¡Dos números! ¿Cómo era eso posible?

Las chicas no se habían movido del enorme televisor. Todas charlaban con sus respectivas profesoras de baile animadamente, comentando los trajes de la competencia o sus movimientos y coreografías.

Volví a mis ejercicios. Necesitaba distraerme, hacer lo que sea para olvidar por un instante que en poco tiempo ejecutaría mis solos.

 —Alteza, deberías descansar un poco —oí que decía Hannah.

Seguí haciendo ejercicios. Cuando estaba haciendo el spagat, Hannah volvió a hablar, poniéndose delante de mí:

—Maddie, ¿estás sorda o qué?

—¿Me hablabas a mí? —pregunté yo, desconcertada.

—¿Quién de aquí es princesa de Illéa? —preguntó ella, sarcástica—. Que yo sepa solo tú.

—Lo siento, Hannah, pero todavía no me he acostumbrado a que me llamen así.

Todavía no había pasado ni un solo mes desde que Eric y yo contrajimos matrimonio, y todavía me costaba responder cuando me llamaban "Alteza", ya que no estaba acostumbrada a que me llamaran así.

—Pues vas a tener que acostumbrarte, ya que así es cómo te van a llamar a partir de ahora.

—Lo sé.

Sonó otro pitido agudo, retumbando en mis oídos.

—¿Cuántos países quedan para que nos toque? —pregunté.

—Dos, Italia y España.



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En el texto hay: fanfic, romance, la seleccion

Editado: 01.11.2018

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