Cartas para San Valentín

Primera respuesta a “Enredos del pasado”

“Solía creer que lo que teníamos duraría para siempre, pero no contaba con que siempre hay que tomar decisiones. Lo único que quiero es que seas feliz”

-Anónimo??

Primera respuesta a “Enredos del pasado”

(Escrito por: YashCastle)

 

Isla de Margarita, 1 de mayo, 1950

 

Querida Avril,

 

Mi abuelo era un hombre sabio, lo recuerdo muy bien a pesar de que murió desde hace muchos años. Siempre me decía frases que perduraban en mi mente, que me dejaban horas reflexionando y que constantemente terminaba dándole la razón. Mi abuelo, en sus innumerables frases célebres, una vez me contó: “sólo podemos aprender a amar amando”, tomado de una de sus escritoras favoritas, Iris Murdoch.

No entendí, pero traté.

Cuando mi abuelo murió, fue como si mis cimientos se fueran abajo. Él dijo que, si una persona te ama, nunca te iba a dejar ir, pero él lo hizo, mintió y entonces ¿por qué he de creerle?

Era lo único que tenía en mi vida, y me abandonó. Todas sus lecciones se fueron al caño, todos sus abrazos y pláticas en el anochecer fueron inexistentes cuando falleció. Y desde ese momento: odio las mentiras.

Siempre te he sido honesto, Avril, he sido claro contigo, no trato de ser alguien que no soy. No te gusta como te hablo, como te trato, bueno, querida, es que yo no te quise. ¿Por qué te iba a tratar como una novia si no te consideré como tal? Eras un desahogo, porque todos tenemos problemas y ese siempre ha sido tu defecto: considerarte como la única que sufre. No, Avril, todos sufrimos, a todos nos atormentan nuestros demonios y debes de comprender, que no siempre el mundo se trata de ti.

No te quise cuando éramos jóvenes, es cierto, no lo hice. Pero ahora, te amo.

Nunca quise un niño, es cierto, pero ahora ansío ser padre.

Te hice daño, es cierto, pero ahora es lo último que deseo hacer.

Hay tantas cosas, cariño, tantas cosas que espero que comprendas.

No estoy furioso, ¿quién soy yo para juzgarte? He pasado por tantos lechos que he perdido la cuenta, sin embargo, odio las mentiras. Me mentiste, tal y como lo hizo mi abuelo.

Pero necesito que sepas algo: esas veces que me volví más atento contigo, que comencé a verte con otros ojos, todas esas veces esperaba hacer que me amaras de nuevo. No se sabe lo que tienes hasta que lo pierdes, ¿cierto? Te perdí, dejaste de buscarme y el sentimiento semejante a cuando mi abuelo murió renació del polvo.

He cometido tantos errores, centenares de ellos; he herido otros miles de corazones y he roto otras billones de veces, y lo estoy afrontando, estoy tratando de vivir con ello. Hazlo tú también, Avril, vive con tu error, porque estoy seguro de algo: ese bebé no es mío. No puedo tener hijos, tomé la decisión cuando quedaste embarazada por primera vez y el miedo a decepcionar a quien pensaba que sería mi hijo me caló los huesos, me turbó el alma. Cuando lo perdiste, supe que no quería a alguien que dependiera de mí y que pudiera herir; ahora veo mi error y lo estoy afrontando, porque el deseo de ser padre ha incrementado y encontraré la manera de cumplirlo.

Mi abuelo fue un hombre sabio, pero todo sabio es un simple hombre al final del día, y todo hombre se equívoca. Mi abuelo se equivocó, a una persona que amas sí la puedes dejar ir. A pesar de lo incrédulo que se puede escuchar, te amo y te dejo ir.

Sé feliz, Avril, vive por tu hijo, equivócate y vuelve a equivocarte. Eres una buena persona, una de las mejores que he conocido, y sé que serás una buena madre.

 

Todos mis buenos deseos, Álvaro.

 

 

 

 



Aras Atedrielle

Editado: 20.04.2019

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