Cartas para San Valentín

Segunda Respuesta a “la segunda carta”

El amor es el anhelo de salir de uno mismo. 

-Charles Baudelaire

 

Segunda Respuesta a “la segunda carta”

 

Escrito por (Brooklyn Birk)

 

 

Antes de proseguir, necesito pedirte perdón por… por tantas cosas. Por odiarte, por maldecirte y… por abandonarte.

Perdóname por no escribir de la forma más decente y pulcra. Es difícil hacerlo desde un calabozo a la luz tenue de una antorcha del oscuro pasillo.

Ahora, amado mío, no deseo dejarte con palabras de reproches, pero comprende que aún no salgo de mi asombro y estupefacción al saber que… al conocer la verdad.

No voy a mentirte, cómo podría, tú, que lo sabes todo de mí, que has sido el dueño y compañero de mis ilusiones, sueños, anhelos y secretos; hoy, confieso que te odio. Pero no por todo el dolor y sufrimiento en la carne, si no por no haberme confesado antes que eras tú, mi verdugo.

Y aún así, mientras sentía el látigo arañar mi espalda, los azotes sobre azotes alcanzando mis costillas y las llamas del infierno marcar mi piel, pensaba en ti. En nuestro amor, en nuestra amistad que fue la piedra que fundó lo que ahora llevo en mi vientre.

Entonces lo entendí. Estando ahí, frente a toda esa gente que me vituperaba, escupía y maldecía, que aquello, no era algo para llorar o implorar clemencia. Al contrario, me sentí feliz. Sin importar lo cruel de tus torturas, fui feliz por nuestro amor.

Porque, pude haber terminado con todo antes, decir: Sí. Soy una bruja. Quémenme. Y esperar que el fuego me consumiera. Pude haber clavado una daga en mi vientre y matar a nuestro hijo para evitarle el dolor de perder primero a su madre. Y pude incluso, jamás decirte que estaba en cinta. Beber una pócima y hacer como si nunca hubiera existido.

Pero decidí sufrir por nosotros.

Te odiaba al pensar que yo estaba cargando con todo el peso de nuestro pecado. Porque eso fuimos. Pecadores que se entregaron al amor.

¿Cómo puede ser eso, un pecado?

Creí que habías huido. Intimidado por todo el revuelo.

Cada vez que me sacabas al patio para entregarme mis correspondientes latigazos, te buscaba entre la multitud. Esperando ver tu rostro entre el barullo eufórico por verme inconsciente en el cepo antes de que terminaras.

Pero jamás te vi.

Ahora que reflexiono en ello. Me siento una completa tonta. Cómo no pude ver que eras tú. Reconocer tus detalles como la poca agua limpia que amanecía en mi celda del calabozo, o el trozo de pan que lograbas esconder seguramente y yo atesorar para que las ratas no me lo arrebataran.

Qué tonta fui. ¿No lo crees?

Por eso me duele el pecho al saber que detrás del látigo, estabas tú, mi amor.

Pero descuida. Enmendaré mi error.

Tomaré esto como lo que es, tu sacrificio y esa manera tan cruel de declarar tu amor.

Ahora debo darte las gracias. Gracias por ser mi guía aquella tarde en el bosque, por ser mi amigo todas esas tardes, por amarme a pesar del miedo que sentí cuando lo supe todo sobre ti.

Por darme el privilegio de llevar el fruto de nuestro amor dentro de mí. Por decirme que sí, cuando te propuse casarte conmigo.

No olvidaré jamás esos momentos. No, gracias a ti. Ahora, cada cicatriz, que permanecerá en mí por el resto de mi vida, será una señal, un símbolo, una manera más en la que podré recordarte y sentirte a mi lado.

Un recuerdo de nuestro amor y dolor.

Así que no te disculpes por haberme maltratado, sé que fue por amor.

Ha llegado el momento de despedirnos amor mío. Perdona mi estropeada letra, pero las lágrimas y el dolor de dejarte no se compara al sufrimiento físico.

Me iré lejos. Lejos de todos los que nos han señalado y acusado de algo que no es pecado.

Buscaré un lugar donde tener a nuestro hijo. Y descuida, le diré la verdad sobre su padre. Qué fue un hombre que le amo hasta en el dolor. Uno que mató, por amor, que fue el verdugo que se llevó el dolor en su espalda para que nosotros pudiéramos ser felices.

Te juro por mi vida que jamás te olvidaré y que llamaré a nuestro hijo como tú. Ceslav. Mi ángel y verdugo. Qué aún bajo la capucha, me amaste.

Y aquella hermosa melodía que me condujo a ti, será su nana antes de dormir.

Debo irme. Antes que el sol comience a teñir el cielo. Debo huir para poder decirle a nuestro hijo cuanto lo amas.

Espero que un día, tengo esa esperanza, podamos vernos. Sin que nos juzguen, sin temor, sin más prenda que nuestro amor.

Te amo, Ceslav. Siempre te amaré.

Tuya, Marie.

 



Aras Atedrielle

Editado: 20.04.2019

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