Casados por obligación

Capítulo 2: Las reglas del trato

Después de aquella discusión, Tania pasó varios días evitando a Jesús.

No respondía sus mensajes.

No contestaba llamadas.

Y cada vez que escuchaba su nombre, se enfadaba.

Una tarde, Juanita entró a su habitación.

—Hija, Jesús vino a verte.

—No quiero verlo.

—Solo escúchalo cinco minutos.

Tania suspiró.

—Está bien.

Minutos después, Jesús entró al patio de la casa.

Llevaba una carpeta en las manos.

—Hola.

—¿Qué quieres?

—Hablar.

—Habla.

Jesús abrió la carpeta.

—Si vamos a casarnos, quiero que al menos tengamos algunas reglas.

Tania arqueó una ceja.

—¿Reglas?

—Sí. Un trato.

Ella cruzó los brazos.

—Te escucho.

Jesús comenzó a leer.

—Primera regla: tú seguirás estudiando.

Tania lo miró sorprendida.

—¿En serio?

—Sí.

—Continúa.

—Segunda regla: nadie te obligará a dejar tus sueños.

—Eso me gusta.

—Tercera regla: tendremos habitaciones separadas.

Ahora sí, Tania quedó completamente sorprendida.

—¿Habitaciones separadas?

—No quiero obligarte a nada.

Por primera vez, ella sintió que Jesús no era tan malo como imaginaba.

—¿Y qué ganas tú?

Jesús sonrió ligeramente.

—Que no intentes asesinarme mientras duermo.

Tania soltó una pequeña carcajada.

La primera desde que todo comenzó.

—No prometo nada.

Los dos sonrieron.

Sin embargo, desde una ventana cercana, alguien observaba la escena.

Era Fernanda.

Y junto a ella estaba Diego.

—Creo que esos dos terminarán enamorados —susurró Fernanda.

—Apuesto que sí.

—¿Cuánto?

—Cien pesos.

—Acepto.

Sin saberlo, toda la familia ya había comenzado a apostar sobre el futuro de los novios.

Mientras tanto, Tania y Jesús seguían hablando.

Y poco a poco, la enorme pared entre ellos comenzaba a romperse.

Continuará...




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