Aunque Tania y Jesús seguían sin llevarse perfectamente, ya podían conversar sin discutir.
Una mañana, Tania llegó a la universidad como siempre.
Pero algo era diferente.
Todos la observaban.
—¿Qué pasa? —preguntó confundida.
Su amiga se acercó corriendo.
—¡Tania! ¿Es cierto?
—¿Qué cosa?
—¡Que te vas a casar!
Tania casi deja caer sus libros.
—¿Quién te dijo eso?
—Todo el mundo lo sabe.
—¿¡Qué!?
Al parecer, el rumor se había extendido por toda la universidad.
Tania quería desaparecer.
Mientras tanto, en la escuela donde trabajaba Jesús, ocurría algo parecido.
—Maestro Jesús, ¿es verdad que se casa? —preguntó un compañero.
—Sí.
—¿Está enamorado?
Jesús casi se atragantó con el café.
—No.
—Entonces va a ser interesante.
Cuando llegó la tarde, Tania recibió un mensaje.
Jesús: "Necesitamos hablar."
Tania: "¿También te persiguen los rumores?"
Jesús: "Peor."
Tania: "¿Qué pasó?"
Jesús: "Mi madre ya está planeando tener nietos."
Tania: "¡¡¡¿QUÉ?!!!"
Jesús respondió con una foto.
Había una lista enorme titulada:
"Planes para mis futuros nietos."
Tania no pudo evitar reírse.
Por primera vez en semanas, sintió que compartían el mismo problema.
Esa noche se reunieron en una cafetería para hablar.
—Tu familia está loca.
—La tuya también.
—Buen punto.
Ambos comenzaron a reír.
Y sin darse cuenta, la conversación duró más de tres horas.
Hablaron de sus gustos.
De sus sueños.
De sus miedos.
Y de lo mucho que odiaban la idea del matrimonio arreglado.
Cuando llegó el momento de despedirse, hubo un extraño silencio.
—Bueno... nos vemos mañana —dijo Jesús.
—Sí.
Por primera vez, ninguno quería irse.
Pero ninguno estaba listo para admitirlo.
A varios metros de distancia, Fernanda, Diego, Camila y Ani observaban escondidos.
—Definitivamente ya les gusta pasar tiempo juntos —susurró Camila.
—Y esto apenas comienza —respondió Fernanda sonriendo.
Continuará...
Editado: 20.06.2026