Casados por obligación

Capítulo 11: Un cumpleaños especial

Los días siguieron pasando y la boda estaba cada vez más cerca.

Tania y Jesús ya no podían negar que disfrutaban pasar tiempo juntos.

Aunque ninguno había confesado sus sentimientos, ambos sabían que algo estaba cambiando.

Una tarde, Jesús recibió una llamada de Gabriela.

—Necesitamos tu ayuda.

—¿Para qué?

—El cumpleaños de Tania.

Jesús sonrió.

—Entendido.

Durante toda la semana, la familia organizó una sorpresa en secreto.

Fernanda, Diego, Camila, Ani, Jatziry e incluso el pequeño Emanuel participaron.

Todos tenían una misión.

Lo difícil era mantener a Tania distraída.

Y eso resultó casi imposible.

—¿Por qué todos actúan raro? —preguntó ella.

—¿Raro? —respondió Fernanda.

—Sí.

—Debe ser tu imaginación.

—Fernanda, eres pésima mintiendo.

Finalmente llegó el día.

Juanita convenció a Tania de acompañarla a casa de los abuelos.

Cuando entró al jardín...

—¡¡¡SORPRESA!!!

Toda la familia apareció de repente.

Tania dio un pequeño salto del susto.

—¡Casi me da un infarto!

Todos comenzaron a reír.

Había globos, comida, música y una enorme mesa decorada especialmente para ella.

—¿Ustedes hicieron todo esto?

—Bueno... no exactamente.

—¿Qué significa eso?

Entonces Gabriela señaló hacia un lado.

Jesús estaba de pie junto a un hermoso pastel.

—Él organizó la mayor parte.

Tania se quedó sorprendida.

—¿En serio?

Jesús se encogió de hombros.

—Quería que fuera un día especial.

Por un momento, Tania no supo qué decir.

Nadie había hecho algo así por ella antes.

La fiesta continuó entre risas, fotografías y juegos familiares.

Más tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse, Jesús le entregó una pequeña caja.

—Feliz cumpleaños.

Tania la abrió lentamente.

Dentro había un delicado collar con un pequeño corazón plateado.

—Jesús...

—No tienes que decir nada.

—Me encanta.

Los dos sonrieron.

Y por primera vez, el resto del mundo pareció desaparecer.

A unos metros de distancia, Fernanda observó la escena.

—Miren eso.

Diego sonrió.

—Ya están perdidos.

—Completamente enamorados.

—Solo falta que lo admitan.

Mientras tanto, Tania sostenía el regalo entre sus manos.

Y en el fondo de su corazón comenzaba a aceptar una verdad que ya no podía ignorar.

Quizá aquel matrimonio no era el final de sus sueños.

Quizá era el comienzo de algo mucho más hermoso.

Continuará...




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