Casados por obligación

Capítulo 13: Te elijo a ti

Después del susto con Emanuel, pasaron algunos días tranquilos.

Pero tanto Tania como Jesús seguían pensando en la conversación interrumpida.

Ninguno había olvidado lo que estaba a punto de suceder junto a la fuente.

Una tarde, Jesús llamó a Tania.

—¿Tienes tiempo?

—Sí.

—Necesito verte.

—Suenas nervioso.

—Porque lo estoy.

Eso hizo que el corazón de Tania comenzara a latir más rápido.

Esa misma tarde se encontraron en un parque tranquilo.

El lugar estaba casi vacío.

Solo se escuchaba el viento moviendo las hojas de los árboles.

Por primera vez, ninguno sabía cómo comenzar la conversación.

—Tania...

—Jesús...

Los dos hablaron al mismo tiempo y luego soltaron una pequeña risa.

—Tú primero —dijo ella.

Jesús respiró profundamente.

—La última vez intenté decirte algo.

—Lo sé.

—Y creo que ya no quiero seguir guardándolo.

Tania sintió que las manos le temblaban un poco.

Jesús dio un paso hacia ella.

—Cuando me dijeron que debía casarme contigo, pensé que sería el peor momento de mi vida.

Tania sonrió.

—Yo también.

—Pero después te conocí.

—Jesús...

—Y descubrí que eres fuerte, inteligente, divertida y mucho más valiente de lo que imaginas.

Los ojos de Tania brillaron.

—Lo que intento decir es que...

Por un segundo guardó silencio.

—Me enamoré de ti.

El mundo pareció detenerse.

Tania sintió que su corazón latía tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa.

—¿De verdad?

—Sí.

Jesús sonrió.

—Y aunque todo empezó por obligación... ahora te elegiría a ti incluso si pudiera decidir desde el principio.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de Tania.

No de tristeza.

De felicidad.

—Qué bueno.

—¿Por qué?

Ella dio un pequeño paso hacia él.

—Porque yo también me enamoré de ti.

Jesús abrió los ojos sorprendido.

—¿En serio?

—Sí.

Y antes de que pudiera decir algo más, Tania lo abrazó.

Jesús la abrazó de vuelta con fuerza.

Por fin.

Después de tantos malentendidos, discusiones, risas y momentos compartidos, ambos habían dicho la verdad.

A varios metros de distancia, escondidos detrás de unos arbustos, estaban Fernanda, Diego, Camila, Ani, Jatziry y Emanuel.

—¡LO HICIERON! —susurró Diego emocionado.

—¡AL FIN! —dijo Fernanda.

—Ya era hora —añadió Camila.

Mientras todos celebraban en silencio, Tania y Jesús seguían abrazados.

Sin darse cuenta de que acababan de comenzar oficialmente su historia de amor.

Continuará...




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