Casiopea

Capitulo 3

Llevaba unas pocas horas en aquel lugar y ya sentia como mi libertad iba decayendo por momentos.

Como la secretaria me indicó, con mi tarjeta de estudiante me dirigí a la biblioteca y busqué entre las multiples estanterias de libros hasta porfin encontrar a un hombre de avanzada edad, cabello canoso, andar encorbado y peculiar nariz aguileña sobre la cual descansaban unas gafas algo anticuadas.

Con mucha amabilidad aquel hombre tan curioso me proporcionó todo lo que necesitaria para los proximos meses. Tras un agradecimiento por mi parte y una sonrisa timida por la suya, salí con todo entre manos, literalmente, y me encaminé a mi dormitorio sin mucho animo.

Una vez llegué a mi destino me quedé de pié, mirando al infinito, sin creerme la situación en la que estaba... Y recordé algo, era Casiopea Natasha Brown, aquel lugar no cortaría mis alas.

-A la mierda...- susurré antes de tirarlo todo encima de la cama y salir de ahí como alma que lleva el diablo.

Corrí por el pasillo hasta llegar a las escaleras y descendí por éstas con la misma velocidad. Mis padres creían que estar en un internado calmaría mis impulos para meterme en problemas... Creian mal.

Busqué mentalmente en el repertorio de todas las bromas que gastamos los chicos y yo en mi antiguo instituto... Lo tenía. Solo me hacia falta esperar a que la noche cayese, y de mientras buscaría todos los materiales que me hacian falta... Y sabía perfectamente que en el laboratorio de ciencias los encontraria. 

Aún así no detuve mi marcha apresurada, ya que me tenía que informar sobre donde se encontraba el laboratorio. Me crucé con varios estudiantes que disfrutaban de sus últimas horas de libertad antes de volver empezar las clases al dia siguiente.

Llegué al jardín que presidia la fachada principal de St. Anthony. Caminé apresurada pasando por delante de un area de descanso para estudiantes. Era un sitio bastante tranquilo, con bancos de piedra y algunas mesas distribuidas sin seguir un orden bajo un pinar de grandes dimensiones que proporcionaba sombra y un clima agradable.

Entonces le vi... Acompañado de algunos chicos más, Elián se encontraba sentado en uno de aquellos bancos, y a partir de su figura se distribuían las de sus amigos.

Sus ojos enseguida viajaron a mi, como si hubiese intuido mi presencia mucho antes de que yo apareciera. El lugar se quedó en silencio y cinco pares de ojos ahora se encontraban sobre mi persona.

Me detuve en seco, no viendome capaz de ignorar aquello, y siguiendo mis instintos más primitivos reaccioné ante la situación.

-¿Qué? ¿Acaso tengo monos en la cara?- pregunté retando con la mirada a todos y cada uno de los chicos que acompañaban a Elián. 

Todos seguían un mismo patron, altos, intimidantes, con más bíceps que cerebro... Pero un aura llena de peligro les rodeaba... Y yo acababa de entrar de lleno en ella. 

Vi las miradas sorprendidas de los chicos, y por lo que deduje supe que no estaban acostumbrados a que nadie se metiera con ellos como yo acababa de hacer.

Elián fue el primero en hablar, y por su gesto supe que no estaba sorprendido por mi actitud, como si ya me conociese... Como si supiese al detalle cada una de mis reacciones ante diferentes situaciones.

-Sí, querida...- respondió a mi pregunta- No solo tienes a los monos, tienes al zoologico entero- dijo dejando asomar una sonrisa divertida.

Reí, claro que me reí, su respuesta fue ingeniosa y aún que no quisiese admitirlo, aquello era lo que más me atraía de las personas, su ingenio y su atrevimiento. Él poseia ambas cosas.

-Acabas de firmar tu sentencia- sonreí entrecerrando los ojos. 

Mi estancia no sería tan aburrida como pensaba, aquello sería divertido, muy divertido...



Cass Longobardi

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En el texto hay: amor, brujos, problemas

Editado: 30.05.2018

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