Caso Adams

Capítulo II

Me costaba mantenerme consciente para intentar responder a las preguntas, pero, tanto el dolor del hombro como la rodilla, que terminaron pisando con fuerza cuando me desmayé, no ayudaban a quedarme despierta. Dolía como mil demonios, pero no podía responder porque no había nada que decir, y, aunque se lo repetí por enésima vez a Gregori. Él, como siempre, hizo caso omiso al no tener una oración que él pudiera considerar lógica.

 

- Querida, como sigas así será Dimitri el que se encargue de ti - podía oír cómo se regodeaba de mi indefenso estado -. Y créeme, si Dominic era considerado brillante, él siempre será peor en intimidación.

 

Mi cuerpo se encuentra tirado en el suelo, acostado de lado, con el hombro que sangra hacia arriba para evitar que el dolor aumentase al estar en contacto con el piso. Siento los pasos de Dimitri acercarse y tengo la sensación que mi cabeza va a explotar de la presión a la que se encuentra la situación en el momento. Cierro los ojos para no tener que ver nada de lo que estuviera preparando para su próximo movimiento. Como se suele decir: ``Ojos que no ven, corazón que no siente´´

 

Necesitaba un milagro para salir de esta situación y sabía que ese prodigio tenía nombre y apellidos. También sabía, lamentablemente, que esa persona jugaba en otra cancha. No iba a ayudarme, y de hacerlo, tendría que pagar un caro precio por ello.

 

- ¿Qué piensas querida?

 

La voz de Dimitri sonó más cerca de lo que quería y con más tranquilidad de la que hubiera imaginado. Su suave voz se mezclaba con el leve ruido de las ramas de los árboles chocando contra las paredes, consiguiendo que yo también me calmara.

 

Justo entonces caí en la cuenta de cuál era la gran habilidad de Dimitri, de la cual Gregori alardeaba. Lograba que sus víctimas sintieran lo que él quisiera y en el momento en el que le pareciera correcto, ya que su forma de ser y de hablar, lograba mostrar el afecto correspondiente a la situación. Conseguía que, literalmente, sus víctimas rogaran por su muerte. Él captaba el afloramiento de cualquier sentimiento y lo utilizaba en su propio bien.

 

Manipulaba a través de los sentimientos.

 

- Abre los ojos querida - se había agachado hasta quedar a mi altura ya que su aliento a café inundaba mi alrededor al pronunciar cada palabra dicha .- No te haré tanto daño como crees.

 

La leve risa de Gregori que retumbó entre las paredes quedó amortiguada por el sonido de unos disparos en las plantas inferiores, y la tensión volvió a estar presente en la habitación, sintiendo las penetrantes miradas en mi de los dos hombres.

 

- Merda! - la voz del mayor Genovese hizo eco en mis oídos -. Questo non pùo essere succedendo. Cazzo!

 

Me puse boca arriba cuidadosamente. No podía ni ponerme recta ya que mi cuerpo no respondía a las órdenes que le daba. Mantuve los ojos abiertos mientras miraba al techo, echando pequeñas miradas a los rápidos, pero ágiles movimientos, de padre e hijo recogiendo y ordenando todo. No fue hasta ese momento en el que me dí cuenta de que Dimitri en todo momento había utilizado guantes para evitar dejar huellas. Sorprendentemente, haber cambiado de una vida criminal a una legal, había conseguido que me olvidara de las cosas más claras a observar.

 

Los sonidos de los golpes y los pasos sonaban cada vez más cerca. Mi milagro se acercaba. Gregori fue el primero en abandonar la habitación, no sin antes mandarme una mirada de asco que daba a entender que esto no había terminado, y sin susurrarle unas palabras a su hijo que hicieron que sonriera con nerviosismo y se tensara casi de forma imperceptible.

 

- Me entristece no haber pasado más tiempo juntos - se encontraba a punto de salir, apoyado en el marco de la puerta, mirándome con aire de superioridad -. Me he divertido contigo. Espero que se vuelva a repetir.

 

Mi garganta emitió un leve gruñido por sus palabras y una risa con un deje de maldad salió de su boca al momento de salir corriendo dejándome sola, tirada en el suelo, desangrándome, junto con el ruido de unos rápidos pasos acercarse a mi posición.

 

Cerré los ojos al notar una respiración superficial debido a la carrera que había dado y un suspiro que llevaba mi nombre.



Marta Ferrera

Editado: 05.04.2019

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