Caso Adams

Capítulo IV

Después de aceptar la oferta, me dan las carpetas que previamente se encontraban en la mesa, las cuales son marrones y que imagino que la información que habrá será más que interesante.

 

Investigo todo lo que hay en ellas: todos los casos resueltos hasta el momento. Ninguno de ellos tienen relación ni guardan un patrón común. Son crímenes que pueden ser considerados normales. De hecho, no veo por qué el MI6 ha guardado sus informes.

 

Según los agentes que llevaron a cabo la investigación, cada uno se cometió por diversas razones, rara vez coincidiendo. Y los asesinos no sólo eran de un estilo. Englobaban todo tipo de mentes. No había nada destacable en las grabaciones del juicio ni las pruebas.

 

Levanto la vista de las ocho carpetas abiertas que se encuentran delante de mí y suspiro. No hay ninguna explicación lógica a la idea de Anderson y de Black. 

 

Miro al frente, al cristal opaco de la habitación. Todos los agentes importantes se encuentran ahí, observándome. 

 

Ya he aceptado, por lo que no tengo otra opción que seguir. Realmente no cambia mucho a como estaba trabajando antes.

 

No es como si pudiera ponerme en pie y salir corriendo. Mi actual estado no me lo permite, pero no dudaría en hacerlo, a pesar de saber cuales son las consecuencias de tal acción.

 

Vuelvo a bajar la vista a las carpetas con todos los nombres de las víctima y sus respectivos asesinos. Ya me encargaré la noche, o en un futuro, de buscar una relación, para dársela a los hombres de traje, pero, mientras tanto, evitaré por todos los medios, que mis antiguos compañeros descubran que me he cambiado, provisionalmente, de bando.

 

Lo mío siempre ha sido vivir en contra de la ley. No soy una niña buena, como mucha gente cree, por ello esa cubierta es bastante agradable cuando te intentan buscar. Mi hermano, por otro lado, es todo lo contrario a mi. Su faceta de niño malo impide que los auténticos criminales le tengan en cuenta. Ambos sabemos que no somos lo que apartamos ser.

 

Jake, en el campo, es un alma pura. Intenta mediar todo a partir de las palabras, aunque no siempre sea posible, lo que le lleva a usar las manos y armas, algo que no le agrada del todo.

 

A diferencia de él, yo tiendo a utilizar mucho el sarcasmos y la ironía, lo que incita a los criminales a buscar formas por las cuales agredirme. Hace tiempo que no siento dolor físico, así que para los que me conocen, saben que hay otros medios por los cuales intentarme hacer hablar.

 

Anderson abre la puerta y entra seguido de Black junto con algunos del personal de MI6 los cuales no conozco. 

 

- Necesitamos tu teléfono y otros objetos personales - exigió uno de los desconocidos.

 

- No los llevo encima - respondo tranquila. Al fin y al cabo, no es mentira: nunca salgo a una misión con ellos.

 

- Danos el teléfono y los objetos personales que puedan tener cualquier información - repite Black. 

 

-  ¿Sabes lo que pasa cuando vas a arriesgar tu vida y suena tu teléfono por un mensaje entrante? - cuestiono.

 

- Podemos hacer esto por las buenas o por las malas, querida - se acerca a mi -. El número y los objetos o la cárcel - sonríe -. Da igual que hayas aceptado la oferta, todavía no se ha redactado el contrato, por lo que prisión es la otra opción, debo recordarte.

 

- Tú mismo te acabas de responder - sonrío con autosuficiencia -. En primer lugar, no hay contrato, por lo que no tengo que daros mis cosas. Segundo, me habéis prestado vuestros servicios hospitalarios por lo que, en caso de la cárcel, tengo que aclarar que lo primero que hay que hacer es entregarme a las autoridades, de lo contrario, seríais considerados cómplices, cosa que habéis hecho. Entonces, ¿en qué quedamos?

 

Veo confusión en todos los rostros de los presentes y mi autoestima no hace otra cosa que no sea subir. Dejar callados a los directivos del MI6 no es algo de lo que muchos puedan alardear. Soy una persona que estudia lo que le intensa, como esta clase de leyes o la historia de la Cámara de Gesell. Son interesantes y, desgraciadamente, no nos lo explican en el instituto.

 



Marta Ferrera

Editado: 05.04.2019

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