—Entonces sí la conociste — murmuró Cleo, más para sí mismo que para Ash. —¿Cómo era ella? —preguntó con un toque de incertidumbre. —Era… una persona interesante —respondió Ash, intentando poner en palabras como había sido conocer a Jade.
—No éramos muy cercanos, siempre tuve un mal presentimiento sobre ella, pero se ganó la confianza del salón entero en poco tiempo —continuó Ash con cuidado. «¿Cómo le digo que me cae mal sin decirle que me cae mal?», se preguntó a sí mismo; su incomodidad se habia movido a ese pasado... interesante.
Cleo no hablaba, tampoco veía a Ash directamente, sin saber si lo hacía por no presionar a Ash o por no descubrir algo que no quería sobre Jade. —Hm, suena mucho como ella —comentó Cleo en voz baja.
—T-también anduvo con varios del salón… Y con algunos de otro grado —agregó Ash, volteando a ver a Cleo, intentando sacar la más mínima reacción que pudiera, pero el rostro de Cleo no mostró ninguna.
Ash no pudo leer su expresión, pero sí su aire; aunque parecía ocultarlo bien, Ash había crecido en un lugar donde no saber qué piensa el otro era peligroso, así que pudo sentir cómo su comentario había hecho que Cleo se tensara.
«¡Mierda! ¿¿¿Qué me pasa??? ¿Por qué dije eso? ¡Lo arruiné todo!» pensó Ash mientras su propia respiración se aceleraba de nuevo.
—Ah… ¡Perdón! ¡No, no debí haber dicho eso! —empezó Ash, pero Cleo lo detuvo con una sonrisa que lo desconcertó aún más. —Está bien, ya lo suponía. —La voz de Cleo era suave, pero incierta. —¿En serio? Realmente no debí… —murmuró Ash de nuevo. «No me creo que esté bien…», pensó Ash, pero algo en la forma en la que Cleo lo dijo le pareció… tranquilizador.
—Si tú lo dices… —murmuró Ash, aún inseguro de lo que había pasado. «Buena esa… arruinaste todo», pensó para sí mismo Ash. «Lo sabías, no merecías encontrar a alguien». Su mente empezó a correr: «Eres un insensible». «¿Cómo pudiste?» «Mejor vete». «Eres una desgracia». Cada vez Ash caminaba más alejado de Cleo.
Cleo pareció notarlo. «Se está yendo», reflexionó Cleo. —No te quedes muy atrás, Ash… —murmuró Cleo, volteando a ver a Ash ligeramente, sus ojos cruzándose con los de Ash.
Ash levantó la cabeza; se había sumergido tanto en su propio pensar que, por casi nada, pierde lo que Cleo dijo. —Ah… ah… sí, perdona… —murmuró en voz baja mientras tomaba un par de pasos largos para alcanzar a Cleo. Ash notó un tipo de alivio en la mirada de Cleo al acercarse. «Quizás… él sí es diferente…», pensó Ash, caminando al lado de Cleo.