Cicatrices del Pasado

Capítulo 5: Tras las rejas

Neya

El sonido del mazo del juez resonó en la sala como un disparo de artillería pesada, dictando el fin de mi libertad, de mis sueños y de mi vida pulcra.

—Se condena a la acusada Neya Ricci a la pena de siete años de prisión por el delito de homicidio culposo en accidente de tránsito, bajo los efectos del alcohol... —la voz del magistrado se escuchaba distante, distorsionada por el eco de mi propia desesperación.

Sentí que el cuerpo se me ponía rígido. Mis hermanos, sentados en las bancas de atrás, ahogaron un grito de dolor. Ellos sabían la verdad, habían luchado conmigo varios días para demostrar que Tomás conducía, pero la escena alterada por Sienna y los informes médicos manipulados eran un muro rústico e indestructible.

Giré la cabeza lentamente hacia el pasillo central de la corte. Harry estaba allí, de pie, impecable con un traje oscuro que resaltaba sus 1.85 de altura. Su presencia derrochaba una suficiencia gélida. Me clavó sus ojos oscuros, cargados de una furia crónica y un desprecio absoluto. A su lado, pegada a su cuerpo fornido como una hiedra venenosa, estaba Sienna. Llevaba un vestido oscuro de diseñador, fingiendo una gracia de luto, pero me dedicó una mirada de prepotencia y picardía que nadie más notó. Ella sabía lo que había hecho.

—Soy inocente, Harry... —le susurré en un hilo de voz, con el rostro empapado de lágrimas, mientras los guardias me ponían las esposas de metal. El frío del acero me caló hondo, pero la indiferencia de mi prometido dolió más.

Harry no se inmutó; simplemente desvió la mirada con una rústica amargura, dándome la espalda por completo. Con la frente en alto, tragándome la tremenda timidez espiritual y el dolor de la traición, caminé hacia la salida trasera. Me arrebataban mis veintes, mi carrera y al amor de mi vida por un crimen que jamás cometió mi alma, pero juré en mi fuero interno que el mundo real sabría la verdad tarde o temprano.

Harry

Ver cómo se llevaban a Neya hacia el camión de traslado de la prisión me provocó un vuelco salvaje en el corazón. Una parte de mí, esa maraña sentimental que todavía recordaba las famosas cosquillas en la barriga cuando la besaba en el campus universitario, quería gritar y detener el juicio. Pero el dolor por la muerte de Tomás era un fuego devastador que anulaba toda cordura.

—Ya pasó, Harry... se ha hecho justicia por tu hermanito —murmuró Sienna a mi lado, deslizando su mano suave por mi brazo, derrochando una timidez verídica que me pareció reconfortante en medio de mi desgracia.

—Nada va a revivir a Tomás, Sienna —le siseé con mi voz ronca, sintiendo una debilidad crónica en el pecho—. Pero al menos esa mujer pagará por su imprudencia rústica.

—Ella no se arrepiente, mírale los ojos, sigue manteniendo esa suficiencia arrogante —continuó Sienna, alimentando el veneno de mi mente con total sutileza—. Tienes que ser fuerte, Harry. Tu familia te necesita. Yo voy a estar aquí para cuidarte, siempre.

Miré a Sienna. Su apoyo incondicional durante estos meses de pesadilla había sido lo único que me impidió volverme loco en las noches salvajes de Los Ángeles. Aunque sentía un vacío mortal y mi alma seguía amando con locura el fantasma de lo que Neya fue, el desprecio hacia la "asesina" de mi hermano terminó por sellar mi destino.

Neya Ricci entraba a prisión esa tarde, y yo me quedaba afuera, atrapado en una red de despecho y mentiras que Sienna comenzaba a tejer a mi alrededor con una paciencia letal.



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En el texto hay: carcel, venganza, romance odio

Editado: 20.06.2026

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