Ciudades de plata

Capítulo 3.

Capítulo 3.

Alexa.

 

Miró fijamente las calles de la ciudad, la fría luna iluminaba más que los focos esta madrugada. Para ser las 04:30am está más claro de lo normal ya que, a las ocho comienza a salir el sol.

 

Las ganas de llorar no se me iban, por más que me digan que todo estará bien ese inmenso peso que siento encima se mantiene y cada vez aumenta, por eso no quería que mi familia esté despierta cuando me vaya. Odio las despedidas, nunca me han gustado, y ahora el rostro de mi padre se mantiene intacto en mi mente junto con el mojado rostro de mi abuela, me siento una pésima hija y nieta.

 

El coche se detiene frente a una casa demasiado grande, lujosa e iluminada. Han pasado a recoger a Ethan, quien rápido abre la puerta y entra al coche.

 

—Hola —susurra Ethan, sentándose al frente mío.

 

—Hola —murmuró sin ganas.

 

— ¿Cómo lo tomó tu familia? –pregunta sacando su casaca y dejándola a un lado.

 

—Nada bien...

 

— ¿Te sucede algo? —Pregunta y niego con la cabeza—. ¿Está segura?

 

— ¿Tu familia no dijo cosas extrañas? —Pregunto y Ethan se tensa.

 

—¿Cómo que cosas? —Pregunta ahora él.

 

—Como que nunca ibas a volver. —Ethan me mira extrañado—. Olvidalo.

 

Miró a Ethan quien estaba recostado en el asiento. El coche en el que estamos, si mal no recuerdo, antiguamente tenía el nombre de limusina. Ahora los coches no poseen nombre como antes, ahora no importa cómo sea su apariencia física o cuantas personas quepan dentro, todos se llaman coches o autos, hay cosas más importantes en las que preocuparse como para pensar en el verdadero nombre del auto.

 

—No me he despedido —musito como puedo. Ethan me mira sin comprender—. Soy una pésima hija y nieta. Me he despertado más temprano de lo habitual para dejar una nota de despedida en el puto taco de la mesa y no tener que encarar a mi familia. Solo me he despedido de mi abuelo que me ha pillado. Y... y lo peor es que mientras esperaba fuera de mi casa que me pasasen a buscar mi abuelo se ha encargado de despertar a todos, fue horrible.

 

—¿Por qué no has querido despedirse? —pregunta Ethan acercándose a mí y entrelaza sus dedos.

 

—Soy... soy mala con las despedidas. El primero en despedirse fue mi abuelo paterno, seguido de mi tía, para después continuar con mis primos y amigos cercanos —suspiro—. Todos se despedían y jamás volvían. Temo que si yo me despido, no vuelva.

 

—Volverás —Susurra él—. No siempre el despedirse significa no volver jamás. Algunas despedidas duran más que otras ¿Sabes? Y tu despedida, aunque haya sido solo con tu abuelo, es una despedida corta, porque volverás… No pienses en que no volveras, tu volveras, todos volveremos, solo son tres meses.

 

Asiento, ahora que hemos pasado nuevamente bajo un foco me he podido dar cuenta que sus ojos brillan con intensidad, ese color café verdoso brilla de una manera hermosa. La larga cabellera de Ethan que casi le llega a los hombros, sus labios finos y sensuales, su nariz perfilada. Joder, es lindo.

 

— ¿Cómo lo tomaron tus padres? —pregunto agachando la cabeza, yo no puedo encontrar lindo a Ethan.

 

—Normal —suelta una sonrisa amarga—. Es más, estaban completamente felices de que sea un rostro —con sus dedos toma mi mentón y hace que lo mire a los ojos—. ¿Cómo lo tomó tu abuelo?

 

Sonrió y niego con la cabeza.

 

Gran pregunta, Ethan. Pienso.

 

—Digamos que no muy bien, es más, empezó a decir que no sabía muchas cosas sobre los rostros... creo que tenía fiebre —susurro algo preocupada.

 

— ¿Qué ha dicho? —pregunta Ethan alzando una ceja. Niego con la cabeza perdiéndome una vez más en su brillante mirada, puede que sus ojos por la falta de luz se vean de un color marrón, pero joder ese brillo no se va con nada.

 

El coche se detiene y vuelvo a la realidad. 

 

Miro por la ventana como un hombre calvo y con lentes se acerca a la ventana del copito. Bajo el vidrio para poder escuchar lo que le va a decir al chofer:

 

— ¡Váyase!... mi hija no será un rostro, ella no puede irse de mi lado, ¡Largo de aquí, no lo quiero ver! —grita el hombre que ahora puedo identificar como padre de Aya.

 

Miró con los ojos bien abiertos al hombre, este al parecer lo noto ya que se da media vuelta.

 

—No sabes en lo que te has metido, jovencita. No tienes ni la menor idea de...

 

No puedo escuchar más debido a que el vidrio comienza subirse solo pero, este vidrio no era normal, este vidrio ahora era negro. Desesperada comienzo a apretar todos los botones que aparecen en mi campo de visión, quiero saber lo que tenía que decirme el hombre.

 

Ahora tengo el presentimiento de que quizás debí haber escuchado lo que mi abuelo me tenía que decir, pero una gran pregunta se instala en mi mente, ¿Qué es aquello que no se? ¿Qué sucede con los rostros? ¿Hice bien? o ¿Hice mal?



JJ ARS

Editado: 18.01.2021

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