Código X 77

11-. Titán

9:59 pm 3 de Enero 2013 Autopista camino al puerto, Carabobo, Venezuela


José estaba del lado del copiloto, cubriéndome con su AK-103, e Itay vigilaba desde la esquina izquierda del asiento trasero. La lluvia había empañado los vidrios, y de no ser por los faros del auto, seguramente nos habríamos estampado contra un árbol.

—¡Mira eso! —JDM señaló unas siluetas que se tambaleaban en el medio de la calle.

—Son demasiados como para no atropellar a ninguno —dije, aferrando el volante con fuerza.

—Déjamelo a mí —Itay bajó la ventanilla, sacó el cañón de su arma y empezó a abatir los infectados que entraran en su rango de visión.

—Buena idea —José hizo lo propio, y gracias a ello pudimos mantener a los infectados a una distancia prudencial.

Sin embargo, un zombi apareció de la nada, no pude esquivarlo a tiempo, y aterrizó en el parabrisas, haciendo que se agrietara un poco. Seguí conduciendo, y vi cómo el caminante caía varios metros atrás del auto, para luego tratar de reincorporarse.

Finalmente, los dejamos atrás. Un sueño muy pesado invadió mi cuerpo, y sentí cómo todo se movía en cámara lenta. Intenté mantenerme despierto, recordando que el puerto estaba a unos pocos kilómetros. Sin embargo, ya era de noche y había sido un día muy duro. Poco a poco fui cerrando los ojos mientras que varias ideas asaltaban mi mente, pero lo que más me llamaba la atención por los momentos, era una cosa en específico: ¿Por qué el clon no me secuestró cuando tuvo la oportunidad? Se lo preguntaría a JDM cuando tuviéramos tiempo para conversar.

Otra cosa que me preocupaba bastante era Titán. Posiblemente aquella herida se la hizo infectado durante el tiroteo en la morgue, y no tenía la menor idea del efecto de ese virus en los animales. Sin embargo, aún guardaba esperanzas de que no le pasara nada. Si se convertía en una de esas cosas, era probable que me tocara matarlo, pero aun así, no sería capaz de hacerle daño.

Decidí calmarme y tomar una simple decisión: Por los momentos lo tendría vigilado, y si no pasaba nada, actuaría con normalidad; aunque si se convertía, no sabría qué hacer con él.

A lo lejos, distinguí un almacén del puerto, y se me ocurrió podríamos descansar allí. Les propuse la idea a los demás, y tras una breve discusión, acordamos pasar la noche en aquel sitio. Al llegar, estacioné el auto cerca de la entrada y todos nos bajamos. Le presté mi Desert Eagle a Vanessa y un par de cargadores a Victoria, que no soltaba su AK-103 para nada. Ambas se quedaron en la puerta cuidando a Keeper, mientras que nosotros nos encargábamos de registrar el sitio.

Entramos apuntando en todas las direcciones con la potente linterna de Itay, al mismo tiempo que Titán olfateaba el aire y ladraba. Me agaché junto a él para calmarlo, con mucha preocupación, noté que se le estaba cayendo el pelo de la cola; y también gruñía muy a menudo, un comportamiento bastante inusual en él.

Itay encontró el interruptor de las luces, e inmediatamente lo pulsó. Cuando estas terminaron de encenderse, observamos que habían montones de cajas apiladas una sobre otra, dividiendo el depósito en tres extensos pasillos. Nos separamos para terminar más rápido, y aproveché ese momento para hacerle una breve revisión a Titán.

Me preocupé al ver que su piel y lengua estaban muy pálidas, y sus ojos habían adoptado un tono rojizo. Súbitamente, el perro pegó el hocico en el suelo y empezó a gruñir con ferocidad. Logré calmarlo sin muchos problemas, pero ahora sí que temía por él.

—¡Despejado! —la voz de Itay resonó desde el pasillo de al lado.

—¡Aquí también! —siguió JDM.

—¡Todo en orden! —grité, deseando creerlo. Sin embargo, sabía que Titán era una bomba de tiempo muy peligrosa.

En seguida, le avisamos a las chicas que ya podían entrar, y al cabo de unos minutos, ya estaban instaladas. Amarré a Titán lejos de todos, especialmente de Keeper, e improvisamos varias camas con trozos de tela que encontramos a lo largo del lugar. Nos acostamos en nuestras camas improvisadas, y no tardamos en caer rendidos.

 

12:48 am 4 de Enero 2013 Almacén de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela


Escuché los gritos desgarrados de mis compañeros, y me reincorporé con rapidez. ¡Nos estaban masacrando! Tomé mi AK-103 con nerviosismo y corrí a ayudar, aunque ya era demasiado tarde.

Alguien había despedazado por completo a Victoria, y le había arrancado el brazo derecho a Itay, que no paraba de sufrir espasmos. Me di media vuelta, y observé que José tenía el estómago abierto de par en par, sus intestinos estaban regados por el suelo, y un charco de sangre se estaba formando debajo de él. Keeper yacía partido por la mitad, y más allá, Titán despedazaba la carne de Vanessa con brutalidad.



Freider Korff

Editado: 01.04.2018

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