Como en los cuentos de hadas

La modelo

Llegar al juzgado tomó mucho más tiempo de lo que preví, a buena hora se les ocurre ponerse a hacer trabajos de repavimentado en las calles principales de la ciudad.

Bajé del auto aún más irritada al ver que por los trabajos habían cambiado la entrada al edificio y ahora debía caminar callejón adentro para poder entrar por la puerta lateral, al menos aún estaba a tiempo para dejar la solicitud. Caminé por el callejón y entré al edificio, me quité las gafas de sol. Dentro, como siempre, la gente iba y venía, corriendo de aquí para allá. Me dirigí al juzgado de lo familiar sin siquiera detenerme para saludar a los colegas conocidos, solo saludaba en voz alta conforme caminaba. Al llegar al mostrador, la mujer que estaba al otro lado me observó.

—Buenos días, Ethel —saludé, ella sonrió y se acercó hacia la mesa de madera.

—Buenos días, Elaine, vienes algo temprano para la comparecencia de tu cliente.

Sonreí mientras sacaba la carpeta con los documentos de mi maletín.

—En realidad estoy aquí para hacer una solicitud de revisión de expediente, un cliente nuevo —expliqué mientras le mostraba la hoja impresa con el escrito de solicitud.

Ethel leyó rápidamente el escrito y sonrió.

—Así que tú eres el nuevo abogado defensor, niña, debo decirte que este es un caso complicado… quizá hasta para ti sea demasiado difícil ganar.

Sonreí con suficiencia antes de hablar.

—¿Por qué crees eso? Nos conocemos desde hace cinco años y jamás me has visto perder… dime, querida Ethel, ¿qué tiene este caso de especial?

La mujer se acomodó las gafas en la nariz y sonrió. Ethel era una mujer sencilla y ya lo suficientemente mayor como para saber cómo contar un rumor; el punto de conversar con ella era saber cómo hacer las preguntas adecuadas para que no tomara mucho tiempo enterarse de todo.

—Porque la mujer que está demandando entregó pruebas muy fidedignas sobre el maltrato que demanda. Y… tú y yo sabemos que en los casos de divorcio eso puede significar mucho.

Por supuesto que lo sabía, por eso precisamente quería ver el expediente, de esa forma podría ver con mis propios ojos el peso de la evidencia.

—Sinceramente no creo que mi cliente tenga esa clase de carácter. Maltratar a un cónyuge y a un hijo requiere cierto tipo de temperamento, he defendido casos de maltrato antes y el maltratador tenía claros problemas de control de ira.

—Supongo que será mejor que veas las fotografías por ti misma, lo que ese hombre le hizo a ese pobre niño es algo cruel.

Mi mente razonó a una velocidad tan rápida que sentí como si estuviera a punto de comenzar a salirme humo por las orejas.

—¿Niño? —pregunté sorprendida y comencé a buscar el informe de la entrevista preliminar. Efectivamente, el señor Evans dijo que la lucha de custodia era por su hija… y esa era la razón por la que contar con los rumores de Ethel era sumamente necesario.

—Ahora entiendes por qué creo que no te será fácil ganar… —hizo una pausa y miró detrás de mí fijamente—. Hablando del diablo —dijo en un susurro. Giré un poco mi cabeza y la vi, una mujer alta y esbelta, de facciones finas y porte elegante que aunque solo llevaba unos jeans desgastados y una blusa de mezclilla amarrada a la cintura, debía reconocer que lucía despampanante. Llevaba unas gafas de sol de la misma marca que las mías y su largo cabello enroscado caía sobre sus hombros. Su piel era blanca, tan blanca que daba la impresión de ser traslúcida y sus impresionantes ojos verdes estaban delineados por un poco de máscara para pestañas y delineador. Estaba acompañada por un hombre más bajo que ella, que se acercó caminando rápidamente hacia el mostrador.

—Soy el abogado de la señorita Jones y estoy aquí para solicitar el estatus de nuestra demanda de divorcio y custodia.

El cielo me sonreía, podía pedirle al pequeño hombre regordete y calvo que estaba de pie junto a mí, el expediente. Carraspeé antes de hablar.

—Abogado, buenos días —saludé con mi mejor tono de voz y mi más bella sonrisa. El hombre me miró con desdén y luego sonrió con orgullo.

—Jovencita, no me gusta hablar con pasantes mientras estoy en servicio, pero si quieres dame la tarjeta del despacho que asistes y con gusto me tomaré el tiempo para ir por una cerveza contigo.

Lo miré como si frente a mí hubiera una cucaracha y no un hombre, al menos me había llamado “jovencita” y había pensado que era pasante. A mis treinta años eso se toma como un cumplido enorme así que le permitiría vivir un poco más.

—Gracias por su amabilidad, aquí tiene la tarjeta —dije ofreciéndole mi tarjeta y pestañeando como una chica inocente.

Escuché claramente cuando Ethel estaba a punto de soltar una carcajada por mi comportamiento. El hombre miró la tarjeta y su semblante cambió por completo y me miró.

—No sabía que hubiera pasantes femeninas en esta firma —dijo mirándome como si intentara ver a través de mí.

—Efectivamente no las hay, como puede leer en la tarjeta: Leng-Tullor y asociados, es la firma en la que yo, Elaine Tullor, soy socia —Ethel soltó una risita discreta antes de ir por el expediente de la demanda—. En verdad que la fortuna me sonríe el día de hoy, abogado, justamente estaba aquí para hacer una solicitud al juez para leer el expediente de la demanda que su cliente entabló contra mi cliente. Pero ya que ustedes se encuentran aquí, puedo hacer la solicitud directamente.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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