Como en los cuentos de hadas

Preparándome para la guerra

Mi teléfono sonó justo a tiempo para salvar la vida de Anne.

—Elaine Tullor —respondí aún con aquel tono mordaz que tenía a mis escuchas anteriores impresionados. Del otro lado Alex tartamudeó un saludo antes de informarme—: Ya tengo en mis manos la demanda original y debo decirte que esa mujer, la parte demandante, está loca. Se puso histérica cuando su abogado le dijo que no había nada que pudiera hacer para impedir que leyéramos la demanda original si el juez había ordenado que se nos entregara la documentación. Seguridad tuvo que intervenir, me arañó la cara e intentó arrebatarme los papeles, su abogado trató de hacerla entrar en razón, pero al ver que no escuchaba razones, los guardias la sacaron a arrastras de los juzgados.

Guardé silencio, mis ojos se posaron en Derek, quien aún parecía sorprendido por la reacción de hace unos momentos, apreté los ojos y respiré para terminar de calmar el incesante y fuerte latido que aún palpitaba en mis oídos.

—¿Te lastimó mucho? —pregunté. Alex guardó silencio por un momento y suspiró.

—Me duele admitirlo, pero… sí. Esa mujer está loca, es muy violenta, tenía deseos de defenderme, pero… tú sabes bien que yo jamás me atrevería a tocar a una mujer, sin importar lo mucho que se lo merezca…

Sonreí por su comentario; era cierto, Alex tenía la apariencia de un hombre capaz de hacer cualquier cosa, pero, en realidad, en ocasiones era comparable con el toro Ferdinando: apariencia intimidante y fuerte, pero más interesado en observar las flores en primavera. Recuerdo que cuando recién llegué a la firma, él era pasante, y casi me muero del susto cuando me dijeron que debía trabajar a su lado en un caso de violencia doméstica. Su corta cabellera oscura, sus ojos castaños, su estatura y corpulencia… eran intimidantes, no fue hasta que converse con él que me di cuenta de que era no solo muy amable, sino que también era atento y noble, su personalidad era diametralmente opuesta a su apariencia dura.

—Espera un momento —miré a Derek—. Tenemos la demanda original —informé con seriedad—. La señora Evans estaba en el juzgado al momento en que Alex, mi colega, fue a recoger los documentos y armó un escándalo, de hecho lo atacó —dije mirando a Anne—. Quizá sea un poco precipitado, pero comenzaré con el contraataque —Derek se acercó a donde estaba de pie y colocó su mano en mi hombro.

—Haz lo que sea necesario —dijo en tono serio.

—Anne, necesito que le envíes a Stephen los resultados de las entrevistas y tus comentarios, le pediré que los transcriba en hojas de la firma y los lleve al juzgado, Derek, ¿el señor Collins puede quedarse con los niños por un rato?

—Supongo que sí. ¿Por qué? Dime cuál es tu estrategia —preguntó. Ignoré su pregunta en primera instancia y continué dando órdenes.

—Anne, llama a Eason y dile que tu consultorio será una guardería por un par de horas —Anne asintió—. Derek, mi primer movimiento será no permitir que se lleve a los niños después de esta visita, sinceramente, lo había estado cavilando desde antes de realizar las entrevistas, pero ahora que ella misma se ha puesto la soga al cuello con su reacción en los juzgados, tengo la pauta perfecta para solicitar que la demanda de violencia sea desestimada… ahora eres tú quién exigirá el divorcio y solicitará que ella no tenga contacto con los niños —Anne sonrió al ver que hablaba muy en serio.

Comúnmente mis tácticas se basan en el ataque y la defensa por igual, no suelo atacar sin cesar, pero, desde que acepté el caso, y tras darle muchas vueltas al asunto, no había encontrado el modo de cambiar el rumbo, pero ahora tenía la oportunidad perfecta… Atacar en un caso de divorcio siendo la parte demandada comúnmente no es buena idea, pero ahora que veía el final del túnel, tenía la esperanza siempre de que al usar los resultados de las entrevistas podría probar causa probable y revirar la violencia que ella alegaba, y así, poder dedicarme a luchar por la custodia. Demostrar que es ella quien tiene problemas con su control de emociones debía ser mi prioridad, poner al juez en su contra era mi meta y con la ayuda de Alex… ambas debían ser pan comido, solo debía ser calculadora y no dejarla escapar, golpear directo a su yugular y acabar con ella de un solo golpe.

—Alex, estaré en el juzgado en una hora, quiero que llames a la policía y les digas lo que ocurrió, que te lleven al hospital y un perito médico te revise, necesitaremos el parte médico y fotografías… levanta la denuncia del ataque, coloca mi nombre como abogado defensor. Dile a Stephen que te transcriba la carta de presentación y la firme de forma electrónica, que envié la original para firma física a mi correo electrónico —podía sentir la mirada inquisitiva de Anne y Derek en mi rostro—. Asegúrate de que todo esté listo para cuando llegue al juzgado y prepárate… voy a solicitarle al juez que ordene que la señora Evans sea entrevistada por un psicólogo de la corte, buscando algún tipo de desorden, como problemas de control de ira; una vez que solicite la moción, esa mujer y su abogado tendrán tres días hábiles como máximo para presentarse para la entrevista o para ampararse de la orden del juez, eso nos dará tiempo para la siguiente moción… solicitaré como método de prevención que los niños no vuelvan con su madre hasta que los resultados estén listos o reciban el amparo.

—Pero… Elaine, si le solicitamos eso al juez, ¿no temes que pida que los niños entren al sistema o que alguien se haga cargo de cuidarlos mientras las pruebas se desahogan? Aunque la señora Evans haya demostrado su inestabilidad, no olvides que ella demandó por violencia y presentó pruebas contundentes contra su esposo, el juez no permitirá que los niños se queden con su padre tampoco, no hasta que se asegure de que estarán a salvo con él.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar