Como en los cuentos de hadas

Sorpresa (Elaine)

Una de las principales razones por las que amaba mi trabajo era por la capacidad de ayudar que me brindaba. Desde pequeña, siempre había sido mi sueño convertirme en una abogada famosa que encerrara a los malos y ayudara a traer justicia a los desvalidos. Con el paso de los años y la madurez tuve que entender que ser abogado tiene sus limitantes, que la justicia no siempre es ciega y en ocasiones tampoco es muy justa. Por ejemplo; al día siguiente de la firma del acuerdo entre Derek y su ahora ex esposa, una chica llegó llorando y pidiendo hablar con Alex; como él no se encontraba, Stephen la invitó a sentarse y esperarlo; en ocasiones como esa, cuando hace cosas tan ridículas, tengo ganas de estrangularlo; en fin, cuando entré en el despacho la vi ahí sentada, con la vista clavada en el piso y temblando. Me acerqué a ella y le pregunté si se encontraba bien, la chica me miró y comenzó a llorar, la invité a pasar a mi oficina y le ofrecí una taza de café helado, parecía tan asustada que me preocupaba que hubiera sido agredida recientemente.

—Mi asistente me dijo que estás buscando a Alex —me acerqué a ella con el vaso lleno de café y se lo ofrecí.

—Sí —respondió ella sin mirarme, tomó el vaso que le ofrecía y lo colocó junto a ella.

—Alex está atendiendo algunas diligencias de nuestros casos, pero yo puedo ayudarte, si lo que buscas es un abogado… y escucharte, si lo que necesitas es desahogarte.

La chica me miró de hito en hito, analizando cada parte de mi rostro.

—¿Usted es abogada? —preguntó.

—Disculpa, fui mal educada, mi nombre es Elaine Tullor y soy socia de esta firma de abogados.

La chica pareció de pronto relajarse y finalmente su mirada se iluminó.

—Mi nombre es Christina y quisiera ayuda para… bueno, denunciar una violación.

La miré y me senté junto a ella.

—Por supuesto, ¿podrías contarme que fue lo que ocurrió?

Ella asintió con lágrimas en sus ojos, le ofrecí un pañuelo y me estiré para tomar mi cuaderno de notas. La chica comenzó a narrarme su historia:

—Soy cantante de musicales y el director de Broadway, Cliffor Starlight, me violó.

—¿Presentaste una denuncia formal ante la policía?

—Lo intenté, pero me dijeron que no podían levantar el reporte de mi denuncia porque habían pasado más de veinticuatro horas del supuesto ataque.

Fruncí el ceño al escuchar la estúpida respuesta que la policía le había dado y anoté con vehemencia ese detalle en mis notas.

—También dijeron que si se trataba de un hombre tan poderoso y rico, nadie me iba a creer que no fue consensual, después de todo, podía simplemente haber sido un malentendido. Que quizá yo le di razones para pensar que deseaba que fuera más allá y al momento en que eso ocurrió me asusté y por eso pienso que fui obligada.

Dejé la pluma sobre el cuaderno y me giré para que quedáramos frente a frente.

—Escúchame bien, si ese hombre hizo algo que tú no querías que hiciera, fuiste violada… y tú… no lo pediste… ni lo merecías.

Christina se soltó a llorar tan amargamente frente a mí que sentí deseos de abrazarla y consolar aunque fuera solo un poco su dolor, después de todo, estaba íntimamente familiarizada con aquellos sentimientos.

—¿En verdad?

—Por supuesto que sí, no te preocupes… yo jamás llegaría a pensar que tú tuviste alguna responsabilidad en lo que ocurrió, puedes confiar en mí.

Christina asintió y continuó:

—Vine aquí porque mi hermano mayor es amigo de Alex y no sabía a quién más recurrir. En la comisaria me hicieron sentir como si yo me lo hubiera buscado… y no hicieron nada por ayudarme.

—Comprendo, no te preocupes, si estás de acuerdo… me gustaría tomar el caso en mis manos, con la asistencia de Alex, por supuesto.

Asintió de nueva cuenta y sacó de su bolso un sobre blanco con el membretado de un hospital, me lo entregó con manos temblorosas, yo lo tomé y lo abrí. Me sorprendió ver el contenido, pocas mujeres tendrían la entereza de acudir a un médico después de haber sido ultrajadas, no es sencillo sobreponerse a la humillación y el miedo que despierta el ataque; sin embargo, Christina no solo había sido atendida tan solo unas horas después del ataque, ella había tenido el temple de pedir que le entregaran los resultados.

Leí rápidamente el parte médico y observé las fotos y los resultados de los estudios que le habían practicado, había fotos que el médico que la atendió tomó a petición de la jefa de enfermeras, por lo que no solo me hacía una idea de la dimensión del ataque, sino tenía con qué comprobar la agresión.

—No te preocupes, haremos que ese tal Cliffor desee no haberte tocado nunca. Y obviamente también investigaremos por qué el departamento de policía desechó tu caso con tanta facilidad?

Me levanté de la silla para caminar hacia el comunicador en mi escritorio y llamar a Stephen, el chico entró pocos segundos después.

—Toma fotocopias de estos partes médicos y anexa las fotos, prepara también un acta de demanda a nombre del señor Cliffor Starlight y otra a nombre del Departamento de Policía de Miami.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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