Como en los cuentos de hadas

El primer beso

Regresé a mi camerino para encontrar a Katy jugando pacíficamente con los niños, los tres parecían tan concentrados en el rompecabezas que tenían frente a ellos, que temí que se perdiera la magia si hablaba en voz alta.

—¡Papá! —gritó Adrien y corrió hacia a mí seguido de cerca por su hermana.

Me preparaba para levantarlos a ambos cuando el sonido de mi teléfono captó mi atención, era un mensaje de texto, al mirar el remitente sonreí. Elaine había enviado la dirección de la casa de su tía.

—Debemos irnos o no llegaremos a la fiesta —dije mientras acomodaba el cabello despeinado de Cassie, pareció que les dije que el camerino se quemaba porque ni tarde ni perezosos comenzaron a literalmente arrojar sus juguetes en sus mochilas—. Katy, te agradezco mucho que cuidaras de mis hijos… nos vemos el lunes para el tercer ensayo.

La chica asintió, me entregó el sobre con la sorpresa que le había pedido preparar.

—Las flores que pediste ya están en tu auto —hice una reverencia con la cabeza como agradecimiento y salí junto con mis hijos hacia mi auto. Una vez arriba coloqué la dirección en el GPS, puse música infantil y salí hacia la casa de la tía de Elaine. Al llegar observé que el vecindario parecía tranquilo y silencioso, estacioné el auto en el estacionamiento del edificio y saqué a los niños con cuidado; desde que comenzara a ganar fama, no había asistido a una fiesta de ese tipo, así que necesitaba tener cuidado, no solo por mí, mantener la identidad de mis hijos con un perfil bajo era mi prioridad, pues gracias a ese cuidado ellos han podido vivir, dentro de lo posible, una infancia normal.

 

 

Los tres subimos lentamente hasta el departamento, toqué el timbre, me sentía nervioso por el regalo que había preparado, no quería que ella malinterpretara mis intenciones.

La puerta se abrió y los niños corrieron hacia Elaine, quien lucía realmente hermosa, se veía fresca y juvenil, pero sobre todo sexy, sus ojos brillaban y su rostro se veía relajado, no la había visto sonreír de ese modo desde que la conocí, por lo que me impactó profundamente la bella y encantadora sonrisa con la que nos recibió.

—Elaine —gritaron los niños al unísono y se lanzaron a sus brazos, ella los abrazó a ambos y me miró fijamente, provocándome un escalofrío… carraspeé:.

—Hola… me alegra que hayan venido, pasen —se hizo a un lado para dejarnos pasar, los niños entraron corriendo y se dirigieron en seguida hacia Anne y Lily, mientras que yo entré más lento y le entregué la rosa roja con un listón pequeño en forma de moño que Katy había preparado—. ¡Gracias!… a mi tía le encantan las flores —dijo en tono emocionado.

—De hecho, esa es para ti, a tu tía le compré algo un poco más ostentoso —respondí mientras tomaba el sobre que estaba en la bolsa de mi pantalón.

Ella sonrió, mientras tanto, el departamento entero se quedó en silencio, todos tenían sus ojos fijo en mí, me miraban como si fuera un fantasma o algo peor, una mujer incluso corrió hacia nosotros desde la cocina.

—¡Oh, por Dios! ¡Es Derek Evans! —gritó mientras Elaine hacía el intento de interponerse entre nosotros, yo solo sonreí y la saludé con un movimiento de mi mano.

—Jane, él es mi… mi…

—Soy su amigo, mi nombre es Derek, espero que mi presencia y la de mis hijos no les molesten.

—Por supuesto que no —respondió una dulce anciana a quien identifiqué como la tía Anneth, le entregué el sobre que sostenía entre mis dedos—. Oh… muchas gracias… pero no era necesario —dijo mientras abría el sobre, sus ojos se desorbitaron al ver lo que contenía, sabía que era algo ostentoso, pero, tomando en cuenta que ella había criado a Elaine y sus hermanos sola, realmente creí que era un regalo perfecto. Dos boletos de avión a Hawái. La tía Anneth casi se desmaya.

—Espero que no le moleste, creí que sería agradable que visitaran Hawái en estos días y, ya que estaré grabando ahí, conseguí un precio bastante competitivo.

Todos los presentes estaban boquiabiertos.

—¡Gracias! —susurró Elaine.

La fiesta continuó, literalmente todos los invitados se fueron acercando poco a poco a mí, hacían todo tipo de preguntas, desde las más sencillas y centradas en mi carrera, hasta las más privadas y descabelladas preguntas que había escuchado en mi vida. Buscando huir de ello, comencé a buscar a Elaine con la mirada, pero ella no parecía estar entre el gentío, mis ojos bailaron hasta la puerta abierta del balcón. Caminé lentamente y la observé desde el portal de la puerta.

—¿Escondiéndote de los amigos preguntones? —pregunté sonriendo.

—Algo así… de verdad te agradezco que le hayas dado un regalo tan costoso a mi tía —dijo mientras tiraba de una de las sillas que adornaban el balcón y se sentaba en ella, yo hice lo mismo y me senté junto a ella.

—Fue un placer —respondí mientras colocaba el vaso que sostenía en la mesa—, aunque debo admitir que lo hice con una doble intensión —dije en tono grave—. Le di los dos boletos porque… no tuve el valor de entregarte uno directamente a ti —terminé con un hilo de voz, era mi oportunidad de ver su reacción ante un coqueteo sutil.

Elaine me miró sorprendida.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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