Como en los cuentos de hadas

El pasado se deja atrás (Elaine)

Buscando recuperar un poco el aliento, despegué mis labios de los de Derek y suspiré, sentí cómo el rozó su frente con la mía.

—¿Sabes algo? Creo que eso fue… —comenzó a decir, pero lo interrumpí abrazando su cuello con mis brazos, su calor me reconfortó, él me envolvió con los suyos y se rio por lo bajo—. Dime algo, ¿quién era ese tipo? Tengo la sensación de que su aparición te afectó más de lo que quieres aceptar.

Despegué mi cuerpo del suyo y lo miré a los ojos, había preocupación reflejándose en ellos.

—Es… mi ex novio —susurré—. ¿Recuerdas… recuerdas aquel día en tu casa? —pregunté.

Derek asintió con seriedad. Estaba a punto de compartir algo que solo Clara sabía, así que mi corazón latía tan fuerte que podía escuchar el golpeteo en mis oídos. Me estaba tomando más de lo que pensé poder sincerarme; sin embargo, Derek solo tomó mi mano y besó el dorso con delicadeza.

—No necesitas decirme si no te sientes preparada… solo me preocupa que lo que acaba de ocurrir sea a causa de que te sientes triste, porque, si fue así, entonces acabo de aprovecharme de un momento de debilidad.

Me reí y me acerqué de nuevo a su rostro, besé sus labios con lentitud.

—No, no es así… yo te besé… y lo hice porque es algo que quería hacer —musité junto a sus labios y los observé cuando se curvaron hacia arriba en una sonrisa tan tierna que me hizo sonreír a mí también—. No puedo mentirte, obviamente que él se apareciera aquí de pronto me sorprendió, pero solo ayudó a darme valor para dar el paso. Escucha, cuando te conocí pensé que serías un cliente más, cuando supe sobre tu situación me propuse ayudarte para poner a tus hijos a salvo, sin importar lo difícil que pareciera, pero cuando los conocí me derrumbé… ellos me hicieron recordar lo que había perdido y mientras me revolcaba en mi dolor de nueva cuenta, fuiste tú quien me dio aliento, me reconfortaste y eso me hizo pensar: lo que voy a contarte es algo que solo mi hermana Clara sabe y que me gustaría que tú supieras porque no quiero que haya secretos entre nosotros.

Derek me miró y acarició mi mejilla con la punta de sus dedos.

—Puedes decirme lo que sea.

Me senté recta en la silla y miré hacia la sala, tía Anneth realmente parecía disfrutar de su fiesta, así que no había peligro de que saliera al balcón para huir de los invitados.

—Tal y como escuchaste que Anne dijo aquel día, yo tuve un hijo, pero murió a los pocos días de haber nacido, nadie sabía que estaba embarazada, ni siquiera yo, y Steve era el padre… para ser franca, mi hijo no fue concebido de una forma ortodoxa, y en seguida de esa amarga y traumática experiencia me enteré de que él estaba comprometido e iba a casarse, por lo que decidí que no dejaría que esa situación me venciera y me dediqué a estudiar, me sumergí en mis metas para evitar mi dolor y estaba tan ocupada ocultándolo y tratando de superar mi corazón roto, que ni siquiera me percaté de que estaba embarazada… ¿A quién demonios le pasa eso? Sin cuidado prenatal, y con una madre obsesionada con ser la mejor abogada del país, mi hijo nació prematuro.

—Elaine, ¿él te forzó? —preguntó en tono grave. Tragué saliva antes de negar con la cabeza.

—No es forzar a alguien cuando esa persona acepta tener sexo contigo y va a tu departamento para ello —dije sonriendo avergonzada.

—Por supuesto que sí, es forzar a alguien desde el momento en que le haces daño y ella te pide que te detengas y tú no lo haces —escucharlo decir aquello me hizo admirarlo mucho más—. Elaine, no puedes culparte, en serio, todo lo que te pasó es más común de lo que imaginas —dijo en tono seguro, lo miré sorprendida por sus palabras, no parecía estar diciéndolo solo para hacerme sentir mejor—. Es verdad, no solo hablo de tu experiencia con ese imbécil, me refiero también a tu embarazo. Créeme, mi hermana es médico y te puedo decir que hay cientos de casos en el mundo, no fuiste la primera.

—¿Y eso cambia el hecho de que mi hijo murió? —mi pregunta lo hizo parpadear, era obvio que no podía responder a esa pregunta; su expresión me hizo sentir terrible por haberle preguntado aquello—. Lo lamento, me dejé llevar —susurré y me acomodé en la silla.

Maldición… definitivamente esa no era la forma adecuada de iniciar una conversación sincera después del primer beso.

—Elaine, no necesitas disculparte conmigo por nada, de hecho, quisiera corresponder la confianza que acabas de tenerme y quisiera contarte algo que solo Carter sabe.

—Por supuesto —dije en tono seguro y lo observé fijamente, estaba tan nervioso como yo lo había estado antes de resumir la desgracia de mis veintes…

—Todos hemos tomado decisiones, elecciones que en su momento nos parecían la mejor opción para salvaguardar nuestro dolor o nuestra frustración —dijo en tono triste; desde que lo conocí, lo había visto enojado, furioso, alegre, paternal, incluso unos minutos atrás, lo había visto en su fase de hombre sexi… pero hasta el momento jamás había visto tal tristeza en su mirada. Me rompió el corazón ver aquel hermoso rostro deformarse por el dolor—. Mi familia se rompió cuando mi madre murió de cáncer, mi padre intentó sacarnos adelante; en parte creo que fue el verlo ser padre ante todo lo que me hizo a mí querer ser tan buen padre como él, aunque… era un hombre ejemplar, también era humano y sus errores humanos en ocasiones costaban caro… a veces quizá demasiado. Mi hermana mayor, Kate, quería ser arquitecto, mi hermana Jocey, médico, y yo solo quería poder trabajar pronto para ayudarlos con los gastos de la casa, quería crecer pronto y a como diera lugar, deseaba poder ayudar y quitarles a los tres el peso que llevaban sobre sus hombros, pero nada, nunca es como se desea… Cuando cumplí catorce, el jefe del restaurante donde mi hermana Kate trabajaba como mesera de medio tiempo me ofreció empleo a mí también, necesitaban un repartidor, la paga era buena y no tenía que sacrificar horas de estudio. Le rogué a mi padre que me enseñara a conducir, pero él se negó, era estricto y opinaba que catorce años no era la edad adecuada para que alguien aprendiera a conducir; sin embargo, Kate me apoyó y comenzó a enseñarme a espaldas de mi padre. Para añadir más al numerito, comencé a trabajar sin que él se enterara, fingíamos que mi paga era el pago de las horas extras de mis hermanas y poco a poco las cosas comenzaron a mejorar. Hasta que una tarde tenía que hacer entregas y volver rápido a casa para que él no se enterara, mentir tiene sus consecuencias y aprendí sobre el tema de un modo bastante cruel. Aquel día corrí tanto que me olvidé que debía pasar a recoger a mi hermana a la biblioteca, era su auto el que usaba para hacer las entregas, así que, si no pasaba por ella, Kate tendría que regresar en autobús. Cuando llegué a casa… encendí el televisor y mientras sacaba la cena del congelador escuché en el noticiero de la tarde que un conductor ebrio había arrollado a los transeúntes que esperaban el autobús, en la parada que estaba cerca de la biblioteca. Mi mente se quedó en blanco al escuchar aquello, corrí hacia el auto y me apresuré a ir al hospital, rogando que mi hermana no estuviera entre los heridos, por desgracia… mi súplica no fue escuchada… Kate quedó paralizada de la cadera hacia abajo debido al accidente. Y yo me sentí tan culpable que no pude hacer más que buscar el modo de retribuirle a ella, a mi padre y a Jocey… el daño que mi necedad había causado, así que decidí irme de casa e iniciar mi carrera en el espectáculo, siendo tan joven comencé como modelo masculino, enviar dinero a casa era mi principal motivación y para aquel entonces, con solo dieciséis años, aprendí de forma igual de cruel que el mundo del modelaje no era para nada como yo esperaba, los modelos masculinos tardan más tiempo en ganar fama y dinero, son las modelos quienes reciben la prioridad de las agencias, así que poco a poco comencé a obsesionarme con ganar más dinero y tener acceso a los mejores recursos. Comencé a trabajar más mi imagen, mi habilidad y gracias a un cambio de representante, a los dieciocho… obtuve mi primer contrato pequeño para un catálogo de ropa para jóvenes atletas, no fue gran cosa, pero el pago era mucho más dinero del que jamás había visto, por lo que ganar esa cantidad lejos de hacerme sentir satisfecho me hizo obsesionarme con ganar más… quería más. Muchos de los chicos que eran mayores que yo, comenzaron a sincerarse conmigo, me decían que si realmente quería ser tomado en serio, había un precio que pagar, algunos de ellos sobornaban a los representantes de las marcas para ganar contratos, pero yo, al venir de una familia de bajos recursos, no tenía esa capacidad, así que mi representante utilizó lo único que era de valor en mí: mi cuerpo. Recuerdo que tras ese primer trabajo la productora de la marca me echó el ojo y no en el buen sentido.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar