Como en los cuentos de hadas

Era hace una vez… abuso

La fiesta comenzó a las siete en punto, la casa de la productora Swan era enorme y sumamente minimalista. Con todas las celebridades que había, cualquier reportero se habría vuelto loco: actores, modelos, cantantes, compositores, magnates de la industria de la moda. Todas aquellas celebridades frívolas y seguras de sí mismas, estaban haciendo cosas que, de ser captadas por la cámara, serían noticias jugosas.

Derek asistió solo a la fiesta ya que Amy había enfermado de gripe y cancelado de último momento, por lo que al principio se sentía apabullado y fuera de lugar, siempre había tenido el apoyo y soporte de Amy. La productora Swan salió en su auxilio y comenzó a presentarlo con sus amigos y conocidos. Todos parecieron mirarlo con otros ojos en cuanto ella lo respaldó, por lo que Derek comenzó a sentirse menos tenso y nervioso… se sintió agradecido y solo un poco más cómodo en compañía de la mujer.

—¿Y tu representante? —preguntó la productora Swan mientras le ofrecía a Derek un vaso con un líquido transparente de aroma muy penetrante; él tomó la copa entre sus manos, con la duda claramente reflejada en su rostro.

—Está enferma… así que vine solo —respondió mientras le daba un sorbo pequeño; sintió de inmediato cómo el brebaje rasgaba su garganta, por lo que tosió mientras luchaba con el ardor. La productora Swan rio por lo bajo y colocó su mano en el ante brazo de Derek y le dio un leve apretón.

—Eres muy atractivo. Supongo que te lo han dicho mucho.

Derek sonrió apenado y trató de desviar la atención de la mujer, preguntándole sobre la decoración de su casa. La mujer notó que él parecía sentirse incómodo por lo que cambió su táctica.

Christina Swan era conocida en el medio artístico como la creadora de las gallinas de oro, si ella le echaba el ojo a algún modelo, actor, cantante o director siempre lograba que ese hombre se convirtiera en el más exitoso de su medio en muy poco tiempo. Sus tácticas de promoción eran tan exactas que era capaz de promover una marca o a una persona con una facilidad envidiable. Su lista de éxitos era casi tan larga como su lista de amantes. Siendo una rubia exuberante de solo veintinueve años, los artistas que ella elegía no se sentían asqueados de pagar su apoyo con favores, comúnmente de índole sexual. Después de todo, no se puede recibir sin dar nada a cambio. Para fortuna o infortunio de Derek, Christina se había sentido atraída por esa belleza masculina juvenil que lo caracterizaba, su rebelde cabello bronce y sus grandes y profundos ojos grises. Ella sabía que a comparación de ella, Derek era solo un niño, pero no podía evitar querer tenerlo, no solo era guapo, su inocencia y caballerosidad lo hacían aún más irresistible para ella, pues de vez en vez puede ser muy divertido enseñar en lugar de aprender.

—Y… dime, Derek, ¿quieres ser un modelo internacional o solo quieres dedicarte al modelaje por un tiempo y después saltar a otra carrera?

Derek pensó con cuidado su respuesta.

—No lo he pensado —dijo en tono bajo—. Por el momento, solo quiero aprender todo lo que pueda y trabajar, ya pensaré en ello más adelante —terminó con tono confiado y haciendo que la mujer sonriera y colocara la mano sobre su hombro.

La noche continuó con Christina presentando a Derek a todos los invitados y procurando que bebiera una copa tras otra. Para las diez de la noche, Derek se sentía extraño… cansado y mareado. Sin nadie de confianza ahí para auxiliarle, se tambaleó hasta lograr sentarse en el sillón pequeño de la gran sala de la casa.

—Derek… Derek —escuchó una voz femenina que lo llamaba, entreabrió los ojos y observó los ojos avellana de la productora—. Creo que se te pasó la mano con los tragos, ven… te llevaré a la habitación para invitados, necesitas dormir.

La mujer pasó el brazo de Derek alrededor de sus hombros y lo ayudó a caminar hasta las escaleras, subieron poco a poco hasta llegar al pasillo principal del segundo piso. Derek sentía que sus brazos y piernas hormigueaban. La productora Swan abrió la puerta que se encontraba casi enseguida de las escaleras, encendió la luz y ayudó a Derek a sentarse en la orilla de la cama.

Cualquiera pensaría que solo lo dejaría ahí y ella saldría de la habitación, pero no fue así… la mujer cerró la puerta con llave y observó al chico que intentaba mantenerse erguido en la cama. Sin que nadie pudiera decir nada al respecto, la mujer se acercó a él como un felino a punto de abalanzarse sobre su presa, se sentó ahorcajadas en su regazo y besó sus labios con delicadeza.

Derek se sintió aturdido enseguida, no sabía por qué, pero la parte baja de su cuerpo reaccionó ante el contacto húmedo de los labios de la productora sobre los suyos. Aferró las manos a las sábanas, buscando un punto fijo del cual sostenerse. La productora Swan se rio al ver su reacción y tomó sus manos para colocarlas sobre sus pechos.

—No te preocupes, puedes tocar lo que quieras —le susurró al oído y después lo besó de nuevo, esta vez el chico respondió a su beso con efusividad. “Es inexperto, pero bien entrenado sería un excelente besador”, pensó la mujer mientras hacía que Derek apretara sus pechos con las manos. Era solo un jovencito pero sus manos eran lo suficientemente grandes como para ser llenadas a la perfección por sus pechos.

—No… no, no creo que deba hacer esto —dijo Derek haciendo el intento por soltar a la productora.

Ella solo rio y lo empujó levemente para que la espalda de Derek quedara contra el colchón.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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