Como en los cuentos de hadas

Amor

Terminamos de cenar y ambos comenzamos a limpiar la mesa y la cocina. Es increíble cómo en ocasiones el no tener citas en el exterior puede ser relajante.

—Por cierto —dijo Derek mientras terminaba de secar los últimos platos—, te traje un obsequio —salió de la cocina y regresó a los pocos minutos con una bolsa de papel finamente adornada con un moño color azul y me la ofreció. Terminé de secar mis manos con la toalla y tomé la bolsa con manos impacientes, la abrí y saqué su contenido, eran dos boletos para la nueva puesta en escena del musical Amor sin barreras. Salté de gusto y lo abracé con efusividad haciéndolo reír.

—No puedo creerlo —dije aún sorprendida mientras acariciaba su rostro—. Recordaste nuestra conversación, eso es… bueno, simplemente no puedo hablar.

—Por supuesto que puse atención, recuerdo cada palabra que me has dicho desde que nos conocimos. Por ejemplo: tu color favorito es el verde; siempre traes una prenda o un accesorio de ese color; eres una romántica empedernida que disfruta de las novelas románticas y los musicales; amas la ópera y el yogurt…

Besé sus labios con ternura, tomándolo desprevenido.

—Si continúas así… en verdad no podré ser ayudada, me enamoraré locamente de ti y ya no podrás deshacerte de mí —dije con voz seductora haciéndolo sonreír, esa sonrisa que podía hacer suspirar a cualquier mujer, era solo para mí… igual que aquel cabello cobrizo rebelde que caía suavemente sobre su frente y sus ojos grises y enigmáticos que me observaban con calidez.

—Esa es mi línea —susurró contra mi oreja—. En algún momento me gustaría escucharte decir que me amas —posó de nuevo sus labios en los míos y profundizó el beso al rodear mi cuerpo con sus brazos.

Después de una nada despreciable sesión de besos y caricias, Derek se dirigió hacia mi dormitorio para llevarse a los niños, lo seguí de cerca y suspiré al verlo intentando cargarlos a ambos sin despertarlos. Tragué saliva y me armé de valor para decir en voz alta lo que pensaba.

—¿Por qué no los dejas dormir aquí? Es decir, los tres pueden quedarse aquí e irse mañana temprano, de hecho, si quieres yo puedo llevarlos al colegio antes de ir a trabajar —dije en tono bajo. Derek se giró hacia a mí después de volver a dejar a Cassie sobre la cama.

—¿Estás segura? —su pregunta me hizo sonrojar.

—Por supuesto que sí, al fondo del pasillo esta la habitación para invitados, mi tía la usa cuando viene de visita —dije en tono seguro y caminé hacia él, coloqué mi mano sobre su pecho y lo miré a los ojos—. Los niños pueden dormir aquí y tú… y yo —hice una pausa intentando calmar mi corazón. Me sentía como una adolescente que estaba a punto de besar al chico que le gusta por primera vez—… podemos dormir en la habitación de invitados.

Decir aquello en voz alta me supuso un esfuerzo inmenso y Derek pareció percatarse, porque en sus ojos podía ver la lucha entre el deseo y la duda. Ya le había dicho durante la cena que yo tomaría la iniciativa… ¿no?, sí, quizá era un poco pronto pero… no estaba diciendo nada que no pensara o quisiera.

—Elaine… eso es… de verdad tentador —susurró mientras tomaba la mano que descansaba en su pecho y besaba el dorso con adoración—. Y… de verdad quisiera decir simplemente que sí, pero…

La pausa que hizo me helo la sangre, ¿acaso era rechazo lo que sentía emanar de él?

—¿Pero? —pregunté en un susurro.

—Tengo fama de Don Juan y conquistador… tú misma lo dijiste, no quiero que creas que eso es lo que intento contigo; seducirte y ya… no, yo lo quiero todo de ti, todos los días, por el resto de mi vida. ¿Me crees?

Sonreí y coloqué su mano en mi pecho, quería que sintiera el palpitar fuerte y desbocado de mi corazón, Derek comenzó a respirar con más fuerza y me miró con oscuridad en sus pupilas.

—Por supuesto que te creo… y yo no te veo como tal cosa —susurré, sin decir nada más, caminé hacia la cómoda para tomar mi pijama y darle la camiseta grande que Peter había dejado la última ocasión que él y Jane se habían quedado en mi casa—. Esta camiseta es de mi hermano, eres un poco más alto que él, pero creo que te quedará bien, puedes cambiarte en el baño, prepararé el sillón —dije mientras buscaba las cobijas de repuesto de mi cama y las abrazaba con fuerza. Derek me miró y me cedió el paso mientras me seguía de cerca, los niños dormían plácidamente, así que solo cerramos la puerta tras de nosotros. Derek se dirigió al cuarto de baño y yo hacia la sala.

Preparé con cuidado el sillón, por fortuna se convertía en cama, de lo contrario él pasaría una noche no tan cómoda. Una vez que terminé, caminé hacia la habitación de invitados y me cambié por el pijama. Cuando escuché que la puerta del baño se abrió tragué saliva y caminé de regreso a la sala. Derek estaba sentado en el sillón doblando su ropa y poniéndola junto a sus zapatos.

—Creo que esa camiseta está un poco pequeña —dije mientras admiraba los músculos de su ancha espalda moverse y estirarse.

—Está bien, me queda bien —dijo en un susurro, después giró su rostro y sonrió, sus ojos me observaron detenidamente de pies a cabeza en varias ocasiones antes de carraspear. Mi pijama no era nada fuera de lo común, pero para él parecía que llevaba puesto un camisón revelador.

—Bueno, estaré en la habitación de invitados, descansa y… mañana el desayuno corre por mi cuenta, después de todo tú preparaste la cena de hoy.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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