Como en los cuentos de hadas

El asalto

—Elaine, ¿tú siempre cocinas para ti en las mañanas? —preguntó Adrien mientras observaba con ojos soñadores el plato con huevos y tocino que acababa de poner frente a él.

Asentí.

—¿Te gusta? —pregunté emocionada mientras observaba como se llevaba la cuchara a la boca. Rápidamente el asintió y comenzó a saborear con mayor rapidez la comida, miré por el rabillo del ojo a Cassie, quien también comía y disfrutaba la comida.

—Mi mamá nunca nos cocinó —dijo en voz baja, sentí un nudo en el estómago y me incliné hacia él, acaricié su cabello con delicadeza y sonreí.

—Algunas mamás no saben cómo hacerlo… pero, si les gusta tanto la comida que cocino, estaría encantada de cocinar para ustedes cuando quieran.

Lo había dicho sin pensar y sin antes consultar con Derek sobre ello, así que me giré levemente para mirarlo y sondear su reacción ante mi ofrecimiento; su rostro era una máscara, no había molestia o felicidad, parecía estar analizando lo que acababa de escuchar. Los niños, por el contrario, tomaron mi ofrecimiento con tal alegría que Adrien se puso de pie y me abrazó. Sentí cómo el calor que emanaba de su pequeño cuerpecito derretía poco a poco mi corazón, lo acurruqué junto a mi cuerpo y sonreí. Derek pareció por fin salir de su análisis y sonrió de oreja a oreja al ver la escena, mientras yo miraba a Cassie, quien parecía estar intentando reprimir su necesidad de abrazarme también, así que estiré mi mano, invitándola a venir a donde estaba, Cassie se puso de pie y me abrazó también. Me sentí feliz y completa al tener a los dos pequeños aferrados a mí con esa fuerza.

—También… a partir de hoy, yo los llevaré a la escuela cuando su papá no pueda y pasaré a recogerlos —informé con la voz suave y sinceramente un poco nerviosa. Los niños levantaron el rostro y miraron primero a su padre y después a mí—. Solo si ustedes quieren, claro… —dije intentando romper con el silencio que de pronto se apoderó de la habitación. Ambos niños sonrieron y asintieron casi al mismo tiempo, sabía que su necesidad de una figura materna era alta, y después de comenzar a salir con su papá me había prometido no entrometerme en esa parte de la vida de Derek, pero Anne había tenido mucha razón al decirme que ellos buscaban una madre y yo añoraba un hijo, por lo que después de pensarlo con detenimiento había decidido proponer mi ayuda; además, claro, de la preocupación de que Abigaíl intentara algo en contra de los niños para hacer sufrir a Derek.

—Papá… ¿Elaine se mudará con nosotros? —preguntó Cassie, Derek casi se atragantó y me miró de inmediato, me dio la impresión de que buscaba que yo respondiera a esa pregunta.

—No, cariño… yo solo estaré con ustedes después de la escuela un rato, hasta que su papá venga por ustedes, y solo será mientras esté trabajando en su nueva película —la decepción apareció en los ojos de ambos niños, me sentí culpable de inmediato por ser tan directa en mi respuesta—. Pero verán que nos divertiremos mucho y… ustedes continuarán visitándome como ayer o yo iré a visitarlos como el fin de semana pasado.

Al escuchar mi aclaración, ambos niños parecieron tranquilizarse y tras darme un beso en cada mejilla, ambos regresaron a sus respectivos asientos y continuaron desayunando. Mientras tanto, Derek y yo intercambiamos miradas y guiños y seguimos desayunando.

Una vez que terminamos, Derek se encargó de ayudar a vestir a los niños mientras yo tomaba una ducha. Después, mientras él se duchaba, yo me encargué de poner sus almuerzos y de peinar a Cassie; por fortuna, había practicado mucho con Lily, por lo que las coletas bajas quedaron primorosas.

Listos los cuatro para salir, Derek extendió su mano hacia mí mientras yo cerraba la puerta con llave.

—Había olvidado devolverte esto —dijo en tono apenado, miré su mano y vi que tenía mi cepillo, creí que lo había perdido—. Lo dejaste en mi casa el día de la entrevista —terminó con un encogimiento de hombros, supongo que los recuerdos habían venido a su mente también.

—Gracias, creí que lo había dejado en el baño de los juzgados —dije sonriendo y tomé el cepillo, sin siquiera mirarlo lo metí en mi bolsa y caminé con los niños tomados de mis manos hacia el elevador. Derek se puso su acostumbrada gorra y sus lentes oscuros antes de subir al elevador.

Los cuatros bajamos riendo y caminamos hacia el estacionamiento. El guardia hizo un asentamiento y continuó mirando las pantallas de las cámaras. Al llegar a los autos que estaban estacionados uno junto al otro, Derek me ayudó a acomodar a los niños en el asiento trasero y después a acomodar sus mochilas en la cajuela, una vez que terminamos de acomodar todo, aprovechamos que la tapa de la cajuela estaba abierta para darnos un beso rápido.

—Avísame cuando llegues a la escuela —pidió mientras acariciaba mi mejilla con delicadeza.

Asentí y volvía juntar mis labios con los suyos.

—Te llamaré cuando llegue a la oficina también —prometí, adelantándome a su siguiente petición. Él sonrió con suficiencia y tras besar mi frente caminó hacia la puerta trasera de mi auto, les dio un beso a los niños y les susurró instrucciones, ambos pequeños asintieron sonriendo. Esperó a que me acomodara en el asiento del conductor, cerró la portezuela y me observó meter la reversa, tantos los niños como yo nos despedimos agitando la mano en su dirección y aceleré.

Mientras conducía puse un poco de música y observaba a los niños cantar las canciones y mover sus cabezas al mismo ritmo. Llegar a la escuela no fue difícil, ayudarlos a bajar y cargar sus mochilas tampoco representó gran problema. Lo único que jamás esperé fue que la mujer de la puerta cuestionara la razón por la que era yo quien llevaba a los niños a la escuela, eso me cogió con la guardia baja.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar