Como en los cuentos de hadas

Familia

Observé a Elaine y Jocey compartir anécdotas de sus respectivos trabajos animadamente, era como si hubieran sido amigas toda la vida. Me sentí completo y tranquilo, al menos sabía que mi familia no sería un impedimento para nuestro matrimonio.

—Creo que es hora de que regrese a casa, ayer tuve guardia y sinceramente estoy muy cansada —dijo Jocey, mientras se ponía de pie, la observamos volver a ataviarse con su bolsa, su chaqueta y caminar con lentitud hacia la puerta—. No olvides decirle.

La miré con molestia, al demonio eso de que mi hermana es la mejor, Jocelyn acaba de meter la pata… intenté pensar cómo sacar la situación adelante cuando Elaine colocó su mano en mi antebrazo captando mi atención de inmediato.

—Decirme que… —preguntó con voz aguda. Sacudí la cabeza y me giré hacia ella.

—Oh… en serio no le has mencionado nada —dijo Jocelyn con voz apenada—. Derek nos contó a papá y a mí sobre ti, por lo que nuestro padre le hizo prometer que te llevaría a cenar a casa.

Me encogí de hombros y le sonreí en forma de disculpa.

—Será un placer ir… quizá podríamos planearlo después de nuestro regreso —dijo mirando a Jocelyn, quien respondió con una sonrisa alegre.

—Muy bien, entonces es una promesa… cuñada —no pude evitar toser intentando hacerla callar de una vez, si continuaba por ahí, iba a terminar cometiendo una indiscreción.

Después de despedir a Jocelyn, Elaine y yo subimos a la habitación de los niños, tenía que desearles las buenas noches de forma adecuada y tranquilizar un poco mi necesidad de decirle todo de una vez por todas. Decirle que este pequeño tierno y frágil era el bebé que ella creía muerto desde hace años, que su hermana sabía que su hijo continuaba con vida… y que estaba irremediablemente enamorado de ella y deseaba pasar el resto de mi vida con ella.

Me acerqué a ella con paso lento y puse mi mano en su cabello.

—Vamos, te mostraré la habitación para invitados.

Quería decirle, prácticamente suplicarle que durmiera conmigo, confesarle que la noche anterior había sido la mejor noche de mi vida, pero no podía hacerlo, no debía, Elaine había sufrido y pasado un día terriblemente estresante, lo que menos necesitaba en ese momento eran mis peticiones egoístas. Me detuve frente a la puerta de mi habitación de pronto, tenía que darle un pijama o algo para que ella pudiera descansar.

—Esta es mi habitación —informé con voz grave y abrí la puerta de par en par, permitiéndole entrar primero, encendí la luz y observé el modo en que ella admiraba cada centímetro de la habitación, parecía una niña pequeña que admiraba un castillo enorme por primera vez—. Elaine —susurré mientras rodeaba su cintura con mis brazos, lenta y delicadamente, me incliné y recargué mi cabeza en su hombro, olía delicioso, y su piel era suave y tersa. Tomé un poco de valor para ser sincero con ella—. No quiero que te sientas presionada, pero… ¿Dormirías conmigo? —musité.

Ella sonrió y se giró hacia mí, entrelazó sus brazos en mi cuello y suspiró, su semblante me dio a atender que había estado esperando esas palabras.

—Esperaba que lo pidieras —dijo en un susurro y me dio un beso en la comisura de los labios.

Sonreí y caminé hacia la cajonera del clóset, saqué una playera de hockey enorme y se la entregué.

—Mañana iremos de compras… mientras tanto, creo que será mejor que te pongas esto —dije mientras observaba su cuerpo con picardía… no podía esperar por verla vistiendo solo eso.

—Te dejaré cambiarte con calma, estaré en el sanitario —entré en sanitario y comencé a quitarme la ropa, había tenido la cajita con el anillo guardada en el bolsillo de la chaqueta durante todo el día, la coloqué en el lavamanos y comencé a pensar el modo adecuado de esconderla al salir del baño, por lo que una vez que me puse el pantalón del pijama envolvía la cajita entre la ropa y salí, coloqué mi ropa cuidadosamente en el cesto y observé a Elaine, quien estaba cómodamente recostada en la cama. Sus ojos se pasearon por mi cuerpo, eso me hizo reír, caminé hacia ella y me acomodó a su lado en la cama, ella se giró hacia mí y me sonrió, se acurrucó junto a mí y suspiró.

—Gracias por venir a mi rescate —susurró.

Besé su frente y suspiré.

—Siempre estaré para ti… ahora duerme, tuviste un largo día y mañana será ajetreado partir —dije en tono grave, asintió como respuesta y cerró los ojos—. Elaine… No quiero sonar repetitivo, pero… ¿en verdad estás de acuerdo en irnos a Hawái antes de lo planeado? No quiero que pienses que estoy obligándote.

—Por supuesto que sí… de hecho, creo que debería pedirte disculpas por arrastrarte a todo esto. No… quisiera que algo te pasara a ti o a los niños por mi trabajo.

Sacudí la cabeza y besé sus labios con delicadeza, ella profundizó el beso tirando levemente de mi nuca hacia ella, mis manos comenzaron a recorrer con lentitud, deleitándome en la estructura de su cuerpo, hasta llegar a su cintura. Al pasar mi palma por su costado ella se encogió por el dolor haciéndome regresar a mis cabales.

—Lo siento —susurré sobre sus labios y me retiré.

—No hay problema, estoy bien —dijo intentando volver a tomar mis labios pero yo simplemente besé su frente.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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