Como en los cuentos de hadas

El momento de la verdad

—Eres una mujer muy hermosa —dijo en tono bajo, deslizó sus deseos sobre la piel de mis hombros, mi clavícula; sus ojos posados en los míos, su mano recorrió mi cabello acomodando mechones rebeldes detrás de mis orejas y dentro del chongo que era mi peinado; debo decir que su tacto era peligrosamente sensual y excitante; el oxígeno en mis pulmones escaseaba rápidamente cada vez que el acariciaba una nueva parte de mi cuerpo. Azorada por el erotismo de la atmósfera, tomé su mano entre las mías, llevé sus dedos a mis labios y besé la punta de cada uno con suavidad, él parecía sorprendido por mi acción, le sonreí y me acerqué aún más a él. Una vez reducida la distancia entre nosotros subí mis brazos hasta los hombros y comencé a bajar los tirantes transparentes de mi sujetador, Derek detuvo mis manos, posando las suyas sobre el dorso de las mías.

—Déjame hacerlo a mí —pidió con voz grave. Asentí, él deslizó sus manos por mis hombros hasta mis omóplatos y con una maestría pasmosa desató las mariposas del sujetador.

Me sentí un poco cohibida al principio, pero al ver el modo en que me miraba, tragué saliva y comencé a desabrochar uno a uno los botones de su camisa. En cuanto su torso quedó a la vista deslicé mis manos entre la prenda y su piel, acariciando sus brazos para quitarle la camisa. Él también era hermoso. Su cuerpo estaba perfectamente esculpido, como una estatua de dios griego… acariciarlo era un deleite.

—Bésame —pedí suavemente y Derek comenzó a besar mis hombros, mientras yo terminaba de deslizar su camisa y observaba su torso hipnotizada. Desde la noche anterior había intentado reprimir mis deseos de acariciar su pecho, por lo que en esta ocasión dejé que mi instinto tomara el control y deslicé ambas manos por su fuerte y musculoso pecho. Los besos que el repartía por mis hombros y la base de mi cuello se detuvieron. Cerró los ojos, parecía disfrutar el modo en que mis dedos dibujan el contorno de los músculos de pecho y vientre. Sus reacciones me ayudaron a tomar valor, acerqué mi rostro a su pecho con lentitud y besé primero un pectoral, regándolos por en medio y después terminando de besar el otro. Derek enterró sus dedos en mi cabello, pegándome más a su cuerpo y respirando pesadamente antes mis caricias y besos.

Bajé mis manos lentamente y las coloqué en la hebilla de su cinturón, levanté el rostro y me perdí en la profundidad de su mirada mientras habría la hebilla y tiraba lentamente de su cinturón. Soltó un gruñido bajo cuando lo abracé, dejando que nuestra piel se tocara y sintiendo el calor que emanaba de él. Derek me besó y tras inclinarse un poco y colocar sus manos en mis muslos me levantó del suelo, enrollé las piernas en su cadera, mientras le rodeaba el cuello con los brazos. Me colocó suavemente sobre la cama y continuó besándome con pasión.

—Derek —susurré mientras él comenzaba a acariciar mis piernas con sus dedos y a besar mi clavícula—. Estoy un… poco asustada —acepté en tono bajo. Él levantó el rostro y me miró, una sonrisa lo iluminó, trepó por completo sobre mí, sosteniéndose con ambos brazos y acarició mi nariz con la punta de la suya antes de susurrar:

—No tenemos que hacer nada más, si no quieres —dijo en tono seguro—. Podemos llevar las cosas con calma, no hay prisa. Podría pasar la noche entera adorando tu cuerpo con mis manos y labios.

Me mordí el labio inferior. Acababa de decir algo sumamente tierno.

—No tengo miedo de ti, tengo miedo de que estar conmigo no sea placentero para ti.

Mi trauma había salido a flote en el peor momento, no había tenido que enfrentarlo antes porque después de Steve mi vida amorosa se redujo a “inexistente”, y pues en cuanto a mi vida sexual… creo que aquella primera terrible experiencia no podía denominarse como un inicio para ella, así que en aquel momento, embriagada por las sensaciones, aquel viejo miedo salió a amargarme el momento, había intentado controlarlo, había tratado de dejar que la pasión y el deseo se apoderaran de mí para que lo ocurrido con Steve no viniera a mi memoria y se convirtiera en un fantasma aterrador, pero había fallado.

—Elaine, mírame —pidió, tomó mi mano derecha, la colocó en su pecho, sentí de inmediato el golpeteo de su corazón en mi palma y dedos, latía tan rápido como el mío—. Aunque no hiciéramos nada esta noche, el solo poder tenerte entre mis brazos es sumamente placentero para mí.

Empujé levemente mi cuerpo hacia él, haciendo que fuera su espalda la que descansara en el colchón, me senté ahorcajadas en su regazo y lo besé.

—Lo quiero. Te quiero a ti —bajé besando su pecho y abdomen hasta llegar a la pretina de su pantalón, abrí el botón y bajé el cierre con dedos temblorosos. Me preparaba para comenzar a descender un poco más siguiendo la línea de finos vellos que se perdía en la cintura de su pantalón y que hacía lucir su cuerpo tan sexy, pero Derek gruñó, parecía que su autocontrol se había roto, me detuvo, tiró de mi para que lo besara y volvimos a cambiar de lugar, besó mi mandíbula y después mi cuello, sus manos acariciaron todo a su paso hasta llegar al inicio de mis pantaletas, las deslizó suavemente hasta que tras incorporarse un poco terminó de sacarlas por mis piernas, ahora que estaba de pie se quitó el pantalón deslizándolo por sus piernas.

Intenté no ser demasiado morbosa al observar su cuerpo desnudo, pero era impresionante, y no lo digo en el sentido vulgar, Derek en verdad era casi perfecto. Subió gateando sobre la cama, hasta quedar justo encima de mí. Instintivamente rodé su cadera con mi pierna y abracé su cintura pegando su cuerpo hacia mí. Comenzamos a besarnos con más pasión y desesperación. Derek aprovechó que mi pierna lo abrazaba para acomodarse entre mis piernas y se detuvo por un momento, fue tan repentino que me hizo mirarlo.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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