Como encontrar la ciudad pérdida: Crasthiang

004|Buenos aires

Habite en Buenos aires durante un año, por lo tanto, pase una navidad en la ciudad después de irme de México. Las navidades en Latinoamérica terminaban siendo parecidas, aunque con algunas diferencias. En Buenos Aires observaba como siempre era en familia, iban a la iglesia posteriormente a casa para comer, beber y bailar, o simplemente ver los fuegos artificiales.

Por mi parte observé todo a través de la ventana imaginando lo bien que lo estaban pasando algunos dentro de la ciudad.

—✈✈✈—

Es otro día.

Otro día aburrido en el pueblo.

Escucho como tocan varias veces la puerta de la habitación, entonces abro los ojos lentamente con desdén, no quiero levantarme y aquello lo tengo más que claro, odio que me despierten, que es justo lo que está haciendo alguien por detrás de la puerta. Me quejo en silencio al tiempo que observo el reloj colgado sobre la pared que tiene ridículas decoraciones de flores de los años sesenta.

Respiro hondo al notar que son más de las once cincuenta del día, de verdad ¿tanto he dormido?, normalmente me gusta despertarme temprano porque tengo tiempo para mí misma y comienzo a cambiar mi mundo desde temprano, no al medio día, perdiendo la mitad del día en dormir… pero estaba cansada la noche pasada, por lo que supongo que probablemente se deba al clima frío que hace en el condado, por lo que aquello probablemente sea una razón para que quisiera dormir más; sin embargo, dejo de pensar en suposiciones y me levanto de la cama con flojera.

—Un momento—grito en un carraspeo al escuchar que la persona sigue molestando. Maldita sea—. ¡MALDITA SEA, UN MOMENTO!

Me dirijo hacia mi ropa tras maldecir en silencio una vez más. Al ver la maleta suspiro, lo he olvidado, solo había traído poca ropa porque se suponía iba a comprar, además hablando del hecho que no pienso quedarme mucho tiempo. Pero, solo han pasado dos días y al parecer me queda poca ropa para utilizar. Maldigo en silencio una vez más, deseando haber traído más ropa y más dinero.

Entonces decido ignorar el hecho de la ropa tomando mis botas y mi abrigo y me los ponía mientras acomodo mi cabello peinándolo con los dedos de mi mano frente al pequeño espejo. Después me apresuro a abrir la puerta posando una muy falsa sonrisa en mi rostro al ver la persona frente a mí.

—Adler—sonrío nuevamente, aunque esta vez no es tan falsa como la pasada, aunque al instante se vuelve una mueca de molestia, bien podría seguir durmiendo y perdiendo el tiempo en la cama―, ¿qué ocurre? ¿El edificio se incendia? ¿Hay una plaga? No me sorprendería.

—Normalmente esta fuera a esta hora―dice sonriendo, yo solo ruedo los ojos―. Así que me vine a asegurar que estuviera bien y decirle a Mathilda, quien se preocupó, pero le avergonzó subir a preguntarle. Y no, no hay incendios o plagas.

¿Mathilda? ¿Quién es Mathilda y por qué se preocupa por mí? 

— ¡Oh, gracias por preocuparte por mí! —pongo mi mano sobre mi pecho acompañada de una falsa mueca de asombro que va tras de la ironía—. No estoy muerta. Y por si no te has dado cuenta me acabo de levantar…-

—Amable como siempre―añade junto con una sonrisa, yo ruedo los ojos―. Buenos días, Meredith Shipman.

Da media vuelta y se marcha.

El idiota se marcha después de haber interrumpido mi tranquilidad.

Por mi parte vuelvo a cerrar la puerta, dirigiéndome a la ventana, la cual, intento abrir, pero una ráfaga de viento frío hace que me arrepienta a instante, pero, entonces sigo observando a través de la ventana al pueblo. A simple vista el pueblo se mira atrayente, no sé qué sea; si su aspecto de intento gótico o el hecho de que el sol parece que no conoce el poblado, la blancura de la nieve sobre la acera de adoquines, los pocos autos que transitan además del poco movimiento de personas y… todo en general cubierto del cálido blanco.

Durante toda la noche y probamente en la mañana nevó, por lo que el día está siendo un poco frío, así que me abrigo bien, poniéndome un jersey y uno de mis más cálidos abrigos que amerita el día, además añado mis guantes de piel, incluyendo mi gorra de lana invernal. Tras un intento de arreglarme, salgo de la habitación bajando las escaleras con velocidad, y segundos dirigiéndome a Lorette.

—Buenos tardes—saluda manteniendo su mirada en un libro de pasta oscura, lleva las piernas cruzadas, hay una taza de café sobre el escritorio, entonces observo como el vapor sale del tazón de porcelana.

—Buenos días—corrijo—. Disculpa, ¿Conoces alguna tienda de ropa?

Asiente sin despegar la mirada del libro, quedándose así por segundos. Yo ruedo los ojos, la chica es esa clase de persona que no soporto: lenta, lo que hace que me estrese. Su vida parecer ir lenta, en cambio, mi vida por lo regular avanzaba bastante rápido. Normalmente tengo una agenda bastante ocupada, así que no puedo ir con calmas en la vida como lo hace la pelinegra.

 —Sí—habla por fin, vuelvo a rodar los ojos—. A un lado de la tienda de obsequios, está un poco retirado, pero el pueblo es pequeño por lo que puedes caminar.

Agradezco aun cuando no ha dado especificaciones, pero no hay problema, no necesito de su ayuda, si el pueblo es pequeño puedo llegar sola.

Salgo de prisa de la posada. Mi camino se atraviesa con la glorieta donde está la estatua, continúo caminando en línea paralela, entrando en la primera desviación, entonces llego a unos edificios de color vino con apariencia antigua, y tras dar vuelta después de perderme varias veces llego a una tienda de obsequios y reliquias, la cual desde afuera se mira aterradora, y tal como dijo la encargada de la posada, a un lado, hay una tienda, tiene enormes ventanales que deja a la vista maniquís viejos decorados con ropa de la temporada de invierno. Es más que lógico que es lo único que venden en el pueblo, seguro que a nadie se le cruza la idea de usar ropa de verano.



Daniela Sheathes

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En el texto hay: pueblo misterioso, ciudad perdida, aventura

Editado: 08.01.2021

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