Como encontrar la ciudad pérdida: Crasthiang

009|Atenas

 

Atenas es encantador, una ciudad llena de historia y cultura se puede pasear por la Plaka, un barrio lleno de restaurantes que se disfrutan sin importar la hora, además de que se puede caminar tranquilamente en las estrechas calles adoquinadas mientras se contemplan las tiendas a su al rededor además los lugares que rodean, disfrutando de actividades mundanas como cenar en los restaurantes o hacer compras, siendo así una zona agradable y llena de vida mezclada de bohemio y romanticismo.

La vista nocturna al Partenón iluminado fue simplemente gloriosa mientras se caminaba con la esencia del clasismo, además de dar un paseo por la plaza de Sintagma, aun lado del parlamento, y bien, resulta imposible ir a Atenas y no conocer aquellos lugares. Realmente una ciudad cautivadora, siendo la cuna de la filosofía occidental.

—✈✈✈—

Supongo que a una parte de mí no le sorprenden los sucesos pasados, es decir, ha sido un extraño grito a esta parte del encuentro con Adler, pero con certeza afirmo que no me sorprendió, porque Lorette me lo anticipó, y porque supongo, parecía demasiado obvio.

No hago más que dar media vuelta e ir a la cafetería sin decir nada a nadie, seguro están bastante ocupados en su reencuentro familiar como para recordar si estuve en aquel momento significante de su vida o no.

Cuando llego a la cafetería tomo asiento en una de las mesas que están junto a los ventanales, recordándome a cuando iba a Lail´s coffee junto con Emilie, quienes nos sentábamos aún lado del ventanal de cristal observando a las personas y a los autos pasar además del tiempo, mirando a la gente con vida acelerada, a turistas fascinados por la ciudad y también mirando nuestro reflejo sobre los cristales y sobre las personas.

Alissa atiende mi orden, después de unos segundos trae mi almuerzo, algo ligero, así que le agradezco sonriendo, mientras disfruto de mi alimento, Adler, su familia y Mathilda aparecen sentándose en una mesa en la esquina muy distanciada de la mía. No me importa entonces continúo comiendo, hasta que únicamente queda mi café caliente con el cual disfruto de pasar mucho tiempo bebiéndolo y observando mi alrededor, pero entre ese tiempo, la mujer de cabello rizado se acerca frente a mi mesa acompañada de Mathilda, después ambas toma n asiento frente a mí.

Ay no.

—Hola—sonríe de oreja a oreja la rizada dejando ver dientes casi perfectos, excepto por el diastema de milímetros entre sus dientes, por mi parte no hago más que dar un trago a mí bebida aun con el rostro serio y sin dejar de verla—. Vuelvo a disculparme porque casi te atropello... en serio pido mil disculpas—no digo nada otra vez, solo asiento, no me importa siendo honesta—, también le he pedido disculpas a él.

—¿A él?

—¡Sí! —musita señalando con su pulgar a Adler—a él. Es muy amable, después de que tome su auto, aunque sospecho que solo ha sido porque lleve a los chicos, me ha invitado a comer, no tengo mucho dinero exactamente, pero dice él que eso no es importante aquí ¿puede creerlo? y es guapo, además—añade sin dudar de sus palabras, me hace reír un poco, aquello no se lo podía negar, él era un hombre muy guapo—. Ay, Dios... discúlpame, espero no haber sido muy directa... es tu pareja, veo cómo te mira desde allá y me disculpo, no me gusta ser una rompe hogares... y ah, por cierto, ¿por qué no te sientas con ellos?

Parpadeo un par de veces, esa chica estaba descabellada, me pregunto de donde le surgió la idea de pensar aquello, hasta para mí fue absurdo, tengo días de conocerlo, y no sé siquiera su apellido, Mathilda sonríe con vergüenza haciendo callar a la chica.

—Él no es nada mío—Aclaro, tomando el comentario a la ligera, y bebiendo otra vez del café.

— ¿Ah no? pensé que...

Gruño levemente mientras poso mi mano sobre mi frente, no quiero sonar grosera con alguien recién llegada, pero para mis oídos es patético lo que me está diciendo, es incluso mucho peor que Emilie y aunque adoro a mi prima, odio esos comentarios.

—Estoy bebiendo mi café. Y no me gusta que me hablen mientras… si no he terminado mi café.

—Claro, claro—agrega sonriendo y disculpándose con la mirada—. Primero debería presentarme, creo que es lo justo—vuelve a sonreír, esta vez con un poco de decepción—mi nombre es Claire Davis... y no se en que parte de Estados unidos me encuentro, de hecho, no sé si sigue siendo estados unidos—ríe, para después quitar sus rizos de su rostro— ¿Y tú eres?

—Meredith Shipman.

Ignoro el resto de sus palabras, solo presto atención a mi café mientras asiento indiferente a sus comentarios junto con los de Mathilda. La actitud de la chica hasta cierto punto me recuerda mucho a Emilie, su fallido intento de querer hacer amigos y agradarle a todo el mundo, su forma divertida de hablar y sus sonrisas descabelladas, pero me recuerdo algo: Ella-No-Es-Emilie. Ni Claire, ni Mathilda son Emilie.

—Está claro que quieres que nos vayamos—dice Claire, yo solo la observo sin detenerlas, debido a que es justo lo que deseo—. Que disfrutes de tu café.

Termino mi bebida y Alissa se acerca para preguntarme si deseo algo más, le contesto que es todo, entonces le pido mi cuenta, ella la entrega agradeciéndome y deseándome buen día, por lo que yo pago y salgo de la cafetería rodando los ojos ante sus buenos deseos. Mi caminata se limita a la posada Rother, por lo que al entrar entiendo que la mirada de Lorette se fija en mi y segundos después se detiene en medio de mi camino, cruzando los brazos. Yo sonrío con ironía al tiempo que ruedo los ojos.



Daniela Sheathes

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En el texto hay: pueblo misterioso, ciudad perdida, aventura

Editado: 08.01.2021

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